Atacan con excrementos a una periodista que cubría el Barcelona - Real Madrid

La reportera Mireia Germán trabajando para La Sexta. Foto: Twitter @MVTARDE

Tras semanas de incertidumbre y de palabrería, por fin anoche se disputó el partido de liga entre el Barcelona y el Real Madrid que tenía que haberse jugado en octubre pero que se aplazó por la tensión derivada de la sentencia del Procés. En lo puramente futbolístico el encuentro se saldó con un 0-0 que no tendrá un lugar muy destacado en los libros de historia. Y aunque hubo disturbios, quedaron muy lejos del escenario apocalíptico que más de uno había planteado (y casi había deseado) en los días previos.

Pero sí que hubo episodios inaceptables, impropios de países civilizados, que dan una imagen lamentable no ya de los propios protagonistas, sino de la sociedad en la que ocurren. Tuvieron como víctimas a los medios de comunicación, encargados simplemente de relatar lo que ven pero maltratados como si fueran los culpables de que hayamos llegado a este punto. En particular, las cámaras de televisión de medios estatales se enfrentaron a un trato vejatorio y humillante.

El ejemplo más claro y vergonzoso de este maltrato es el que sufrió la reportera Mireia Germán, del programa Más Vale Tarde de La Sexta. Mireia estaba preparándose para entrar en directo y contar que los manifestantes se estaban dirigiendo de forma pacífica al Camp Nou cuando un energúmeno la rodeó con excrementos. “De burro”, matizó, como si quedara alguna duda de que él era el responsable.

En pantalla se especifica que los responsables de la acción son Lliris de Foc, un grupo independentista particularmente exaltado que, según Antena 3, considera que la única forma de alcanzar sus objetivos es la acción directa y violenta, sin que haya lugar a las negociaciones. Según cuenta Mireia, los Mossos d’Esquadra se acercaron al poco tiempo para prevenir males mayores, aunque por suerte no fue necesaria su intervención.

Este fue el incidente más desagradable, pero ni mucho menos el único que vivió la prensa que acudió a cubrir los prolegómenos del partido. Televisión Española también se llevó su parte. Y hubo un caso particularmente grave: el equipo del canal 24 Horas que estaba cubriendo la manifestación tuvo que retirarse de la zona después de que, según denuncian, les arrojaran huevos y un independentista les intentara golpear tanto con sus propias manos como con el palo de una bandera.

Cristina Pampín, reportera de La 2 Noticias, y su cámara también tuvieron que hacer frente a los intolerantes que pretendían negarles el derecho a informar. Mientras estaban transmitiendo junto al dispositivo de seguridad de los Mossos, varios individuos se dedicaron a colocar delante de la lente carteles y pancartas con el lema Spain, sit and talk (“España, siéntate y habla”, en inglés), que usa el colectivo independentista Tsunami Democràtic, con intención de tapar el plano y evitar que contara lo que estaba ocurriendo.

Por supuesto, es totalmente legítimo discrepar con la forma que tenemos los periodistas de cubrir este acontecimiento, como cualquier otro. Aunque nos esforzamos por buscar la objetividad, somos conscientes, y el púbico debe serlo también, de que en los hechos hay varios puntos de vista y no hay forma humana de contentar a todos los interesados. Lo que para unos es la verdad incuestionable, otros lo ven como una burda manipulación. Tenemos más que asumido que siempre vamos a ser objeto de críticas, y justo por ese motivo es por el que existen varios medios con sus correspondientes líneas editoriales para que la audiencia escoja.

Lo que no puede ser es que se nos impida informar. No solo porque los periodistas, como cualquier otro trabajador, tenemos derecho a unas condiciones dignas y al respeto mínimo que se le debe a cualquier persona, sino porque si se nos censura y se nos reprime de esta manera lo que en realidad se está haciendo es impedir a la audiencia que reciba este punto de vista. Los que tanto se llenan la boca con las palabras “libertad” y “democracia” no deben olvidar que, con este tipo de actitudes, son los primeros que atentan contra ellas.

El conflicto va para largo, lamentablemente. Los hechos de ayer no fueron más que otro capítulo de una novela que se está haciendo ya pesadísima y a la que nadie encuentra manera de escribir un buen final, sea en el sentido que sea. Así que es previsible que incidentes como los de ayer se repitan. Asumimos que es una misión casi imposible, pero confiamos en que, al menos, no nos pongan trabas para contarlo.

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