El Barcelona está mucho peor de lo que pensábamos: riesgo real de concurso de acreedores

Luis Tejo
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Piqué, durante un partido del Barcelona, lamentándose agachado y llevándose las manos a la cabeza
Piqué se lamenta durante un partido del Barça. Foto: David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images.

La semana pasada el último presidente del Fútbol Club Barcelona, Josep Maria Bartomeu, protagonizó una salida de lo más abrupta y repentina. Cierto es que estaba cantado y que era una cuestión de tiempo, puesto que se preparaba una moción de censura en su contra con bastantes probabilidades de prosperar. Pero el mandatario no quiso esperar a que le echaran y optó él mismo por presentar su renuncia.

¿Un arrebato repentino de dignidad y orgullo? ¿Hartazgo por las críticas furibundas que venía recibiendo en los últimos tiempos? ¿Puro agotamiento tras las múltiples polémicas de todo tipo y color en las que tanto el club como él personalmente se han visto envueltos? Todo puede influir. Pero hay otro factor que probablemente haya tenido su peso en la decisión: la situación financiera del club. Que ya se sabía que no era buena, pero los indicios apuntan a que puede ser mucho más catastrófica de lo que creíamos.

Según indica la periodista Marta Ramon en la emisora de radio RAC1, la cosa es tan grave que la entidad corre riesgo grave de caer en concurso de acreedores a partir del mes de enero. Para evitarlo necesita reducir urgentemente sus gastos. Concretamente es preciso lograr una rebaja salarial del 30 %, es decir, 190 millones de euros, antes del este jueves 5 de noviembre. Ese es el día en el que, según el Estatuto de los Trabajadores, debe haber acabado la negociación si las partes (particularmente el club, que tiene las de perder) no quieren que el asunto acabe en los tribunales.

Si no se logra esa rebaja salarial, el club literalmente se quedará sin dinero de aquí a dos o tres meses. Fuentes consultadas por Goal apuntan a que, debido a la pandemia, la reducción de ingresos este año ha sido brutal. Carles Tusquets, presidente de la gestora que gobierna el club mientras se convocan las nuevas elecciones, dejó claro el motivo: “El club depende del turismo y ahora no hay”.

¿Cómo que el Barcelona, un equipo de fútbol, depende del turismo? Parece anómalo, pero parándose a pensar al respecto tiene todo el sentido del mundo. Más allá de los ingresos por televisión, que aunque se sigue compitiendo han menguado sensiblemente a consecuencia de la pandemia del coronavirus, las principales fuentes de dinero del club son la taquilla, las tiendas oficiales y los museos.

Las políticas orientadas en los últimos años se han enfocado no tanto en el público local, sino en el foráneo, como atestigua la política de precios tanto de las entradas como de los productos oficiales. Se basaba en venderle al visitante la “experiencia Barcelona” completa, aprovechando que este quizás iba a hacerlo una sola vez en la vida y no reparaba en gastos. En el fondo tenía sentido, toda vez que Barcelona era uno de los destinos vacacionales más importantes del mundo.

Pero en cuanto ha llegado un agente externo que ha cortado esta pata del banco, la afición tradicional, tan maltratada últimamente, no basta para sostener el modelo. Las cuentas que presentó el club a primeros de octubre reflejan, una vez contados los impuestos, unas pérdidas de 97 millones de euros para la temporada pasada, cuando se había previsto llegar a obtener 2 millones de beneficios. El club ganó un 14 % menos que en la campaña 2018/19; en concepto de taquilla se dejaron de cobrar 47 millones, otros 35 en las tiendas oficiales y 18 más en las Camp Nou Experience, las visitas guiadas al estadio... cuyo precio ahora mismo está rebajadísimo: ha pasado de 149 a 59 euros (39 para los residentes en Cataluña).

Ahora no queda más remedio, si es que se puede, que encontrar soluciones de emergencia para evitar el hundimiento. Descartada a corto plazo cualquier posibilidad de subir los ingresos, es imprescindible reducir gastos. Y la propia contabilidad del club reconoce que casi tres cuartas partes son nóminas de los deportistas profesionales. Por eso se pretende que los futbolistas, tanto del primer equipo como del filial, renuncien a parte de su salario. Pero ellos, claro, no están muy por la labor (entre otras cosas porque ya aceptaron una rebaja muy drástica en los primeros meses de la epidemia), y sus contratos firmados les dan la razón.

Las negociaciones, no obstante, siguen en marcha. De hecho, ahora que Bartomeu ya no está parecen más dispuestos a hablar. En los últimos días se han producido reuniones en las que estaban presentes hasta cuatro abogados en representación de los jugadores. Llama la atención que, de ellos, uno fuera el de Leo Messi a título particular.

El argentino, actual capitán de la plantilla, es también, con diferencia, el que más cobra, y por tanto el que más perdería con la reducción. La situación del número 10 es crítica se resuelva como se resuelva, porque incluso si se opta por no renovarle el contrato y dejarle marchar, está estipulado que habría que pagarle un bonus en concepto de salida. También hay que tener en cuenta que, según los datos de RAC1, gracias a su popularidad a nivel mundial este futbolista, él solo, genera unos 300 millones de ganancias para el club en condiciones normales.

En caso de que finalmente el acuerdo no se alcanzara, el Barcelona podría aplicar la reducción de forma unilateral, con todas las consecuencias que esto tendría. No solo en lo deportivo, que también, sino en lo legal: los jugadores consideran que el margen de acción de Tusquets es limitado por su condición de presidente interino. Llegados a ese punto la batalla en los tribunales se prevé intensa, de consecuencias imprevisibles y potencialmente destructivas.

En cualquier caso, las conversaciones continúan, e incluso puede haber un rayo de luz gracias a la que, literalmente, fue la primera medida que adoptó la nueva directiva en cuanto se hizo con el poder: fulminar a Jaume Masferrer, el polémico asesor del expresidente a quien se considera, entre otras cosas, el ideólogo del Barçagate. Por este motivo no era nada popular entre los empleados del club, jugadores incluidos. Su salida, además de ser importante en lo simbólico, supondrá una reducción de gastos insuficiente por sí misma, pero notable: cobraba unos 300.000 euros anuales más primas.

Los futbolistas del Barcelona, en general, cobran una cantidad relativamente pequeña cada mes y el grueso de su salario les llega en dos pagos grandes dos veces al año. Es sobre todo en estos últimos pagos donde se pretende meter la tijera. En última instancia habrá que negociar cada caso de forma individualizada, ya que existen diferentes escalas salariales en la plantilla y no todos reciben lo mismo ni de la misma manera.

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