El Barça debería creer en su equipo tras San Mamés

Arthur Melo conecta con Leo Messi sobre el césped de la catedral. (Foto Xavier Bonilla/NurPhoto via Getty Images)

El aficionado azulgrana debería ser optimista con el Barça pese a la eliminación vivida a manos del Athletic Club en la catedral del fútbol. Si bien despedirse de la Copa a dos minutos del final es francamente doloroso, el conjunto de Quique Setién realizó su mejor partido desde que llegó al cargo. Así, el equipo dio un paso al frente en lo futbolístico, se acercó a lo que pretende ser y ahora deberá encajar un golpe anímico en una semana caótica.

Los motivos para creer en la nueva versión culé son tan amplios como permite una plantilla con carencias estructurales muy importantes, algo que se escapa del alcance del técnico cántabro. Así, tras una primera parte donde el Barça necesitaba matices ofensivos para asaltar San Mamés, el aficionado pudo vivir un reencuentro con las ideas que deberían elevar el techo de este equipo. Más frescura, ritmo y control como ingredientes para cocinar un segundo tiempo notable.

La circulación del balón aumentó de velocidad. El Barça fue más amplio, directo, reconocible y contundente. Con ello, exhibió una convicción y energía no vistas desde la Supercopa de España. De este modo, se vio a un equipo con una voracidad frenética y casi inédita para recuperar el balón tras perderlo, digna de otras épocas más felices.

En este sentido, la mejora colectiva en el juego vino acompañada de una gran dirección de campo de Quique Setién, en la que a través de agitar el banquillo, logró dotar de más alturas al circuito de pases, profundidad por fuera y con ello, de más llegadas al área defendida por Unai Simón, sin encontrar rematador. Las entradas de Griezmann y Arthur Melo dieron más empuje al Barça, con 20 minutos finales donde los azulgranas produjeron las ocasiones necesarias para llevarse el partido.

A nivel individual, la presencia de Arthur Melo posibilitó que un Frenkie de Jong llegador cargase más el área desde segunda línea. Así mismo, el centrocampista pudo situar su figura más arriba de la línea de interiores para aportar la agresividad que faltaba a espaldas del centro del campo y la defensa rival. De hecho, el de San Mamés fue uno de los partidos donde hemos más suelto hemos visto al neerlandés, en un rol que Ernesto Valverde ya intentó darle, pero no que no pudo conseguir por falta de estructura.

El Barça volvió a recorrer el camino trazado para recuperar su mejor versión. Esto no significa que a partir de ahora la evolución futbolística vaya a ser lineal porque además de la falta de un ‘9’, el reloj y la competición juegan en contra de Quique Setién por la cercanía de los grandes desafíos. Sin embargo, ojalá el resultadismo no tape el gran partido del Barça tras una semana muy convulsa ni la capacidad del equipo para seguir creyendo en el modelo de juego de su técnico.

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