Un bar de Ourense da la campanada al contar qué le hicieron a un cliente por su actitud racista

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El ticket que dejó de cobrar la cafetería de O Náutico de Castrelo de Miño por un episodio racista. (Photo: Náutico de Castrelo de Miño)
El ticket que dejó de cobrar la cafetería de O Náutico de Castrelo de Miño por un episodio racista. (Photo: Náutico de Castrelo de Miño)

El ticket que dejó de cobrar la cafetería de O Náutico de Castrelo de Miño por un episodio racista. (Photo: Náutico de Castrelo de Miño)

La cafetería de O Náutico de Castrelo de Miño (Ourense) se está llevando todos los aplausos con su reacción al episodio xenófobo que se vivió este sábado en el local.

″¿Echamos a una familia de una terraza por comentarios xenófobos a un compañero? Los echamos. M. -prefiere que no figure su nombre real- merece todo el respeto. ¿Perdemos 13,70 euros? No”, contaron en su perfil de Twitter.

Además, relataron que cuando recogieron las bebidas de la mesa del “impresentable”, las mesas de alrededor aplaudieron la decisión. Dosi Veiga, el encargado de la cafetería, informa que este episodio sucedió el pasado sábado por la tarde, en medio de un ambiente festivo y con el establecimiento lleno.

Según relata el gerente, M., un joven marroquí de 17 años que lleva tres años en España, fue a atender a una mesa cuando se metieron con él por su conocimiento del idioma y por ser extranjero. Al regresar a la barra, le comentó a una camarera más veterana que le habían dicho algo ofensivo y que se sentía insultado.

“Fue ella la que llevó las bebidas. Cuando volvió, me miró como diciendo que hacía falta que fuera yo, que también me encontraba dentro de la barra. Fui con M. para que me dijera quién era de lejos el cliente”, relata Veiga, que en todo momento deja claro que “muchas veces se hacen comentarios estúpidos o babosos que no hay que aguantar”.

“Por eso, en cuanto me contaron que se había sentido insultado porque se habían metido con él por su origen magrebí y por no entender bien el español quise ir y aclararlo”, añade.

Sin embargo, cuando el encargado llegó a la mesa, el cliente no quiso retractarse de sus palabras. Tras decirle que quería que le atendiera alguien que supiera español le dijo que podía llamar a la Guardia Civil si quería.

Veiga le explicó que M. está aprendiendo y que se encarga de llevar las bebidas a las mesas. Pero no consiguió calmarlo. “Tuvo un estilo chulesco y prepotente, yo le dije que bajara el tono que estábamos relajados en una terraza y que no quería montar un espectáculo, pero no lo hizo. Cuando me marche de la mesa, comentó algo por detrás”, continúa relatando el encargado.

Entonces, le amenazó con que si seguía en esa línea se tenía que ir. Tampoco consiguió calmarlo: “Me insistió en que llamara a la Guardia Civil y cuando me volví para la barra hizo otro comentario ofensivo contra él”.

Esa fue la gota que colmó el vaso. Otro cliente que se encontraba en la mesa de al lado fue a Veiga a decirle que seguía protestando y que lo tenía que echar.

“Así que eso hice. Fui a la barra, pregunté si estaba pagada sus consumiciones para devolverle el dinero, vi que no y cogí una bandeja para retirarle las bebidas. Fuimos con un compañero para que estuviera detrás de mí por si había algún problema, le cogí las bebidas de la mesa y se las quité”, describe.

La gente de las mesas de alrededor, tal y como cuenta, comenzó a aplaudir de forma espontánea la actitud del dueño, mientras que los acompañantes del hombre se fueron avergonzados por la actitud racista del cliente.

Además, al día siguiente le dijeron que el varón cuando se iba del local seguía insistiendo en sus quejas y que incluso escupió en el cartel que hay en la entrada.

Veiga, que está pensando si poner el ticket enmarcado, tiene claro que esa es la actitud que hay que tener con este tipo de clientes: “Somos estrictos con la norma y con los trabajadores y estas cosas te quitan clientes pero también te dan”.

“Estamos orgullosos de estas acciones porque demuestran que apoyamos al equipo. No tenemos que tolerar este tipo de comentarios y antes perdemos un cliente que la dignidad”, finaliza.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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