Balaídos: el estadio tan incómodo como un avión 'low cost'

Interior del avión de una compañía low cost. Foto: Nicolas Economou/NurPhoto via Getty Images

Una de las ventajas de la modernidad es que ha democratizado y puesto al alcance de cualquier persona lujos que antes se consideraban exclusivos para las clases más pudientes. Como por ejemplo viajar en avión. Gracias a las compañías low cost y a los precios ridículamente bajos a los que ponen los billetes, ahora cualquiera puede permitirse el lujo de recorrer el planeta. A costa, por supuesto, de algún que otro sacrificio.

El más evidente de ellos es la comodidad. Para poder mantener sus tarifas por los suelos, estas compañías nos transportan apretados cual sardinas en lata, sin un espacio mínimamente digno para que una persona de estatura superior a 1,50 metros meta sus piernas en el hueco entre asientos. A tal nivel de exageración se ha llegado en el afán de meter a cuanta más gente mejor en los aviones que los sillones de cierta compañía de una isla al norte de Europa, que no nombraremos por no darle publicidad gratuita, se han convertido en el nuevo estándar de la falta de confort.

Pero parece que hay un estadio en la Primera División española que quiere competir en este indicador, que no es precisamente algo positivo. Se trata de Balaídos, la casa del Real Club Celta de Vigo. La parte baja de la grada de Río, el lateral enfrente de las tribunas de preferencia llamado así por estar construida junto a un curso de agua que atraviesa la ciudad, ha sufrido este verano una remodelación para sustituir sus asientos. “Sufrido” es la palabra más adecuada, porque el resultado deja mucho que desear.

El espacio que queda ahora entre asientos es ridículamente reducido, hasta el punto de que no es suficiente ni siquiera para que entre un teléfono móvil. Es inevitable clavarle las rodillas a quien se siente delante. Un partido aburrido, de esos que dan pocas oportunidades para levantarse del asiento a celebrar goles o a aplaudir (o increpar) a los futbolistas, se convierte en una tortura doble.

¿Y de quién es la culpa de semejante despropósito? El Celta es el equipo local, pero la propiedad del estadio es del ayuntamiento de Vigo. Y ambas instituciones se acusan mutuamente. El equipo dice que las obras son competencia exclusiva del Concello, hasta el punto de haber emitido un comunicado manifestando su “incredulidad” ante “el perjuicio que causa a abonados y aficionados” y pidiendo que los trabajos se rectifiquen...

...mientras que la administración pública acusa al club de “obstruccionista” y de no estar recibiendo respuesta alguna a las comunicaciones continuas que, asegura, mandó al Celta antes de iniciar las obras. También indican que han hecho revisiones del procedimiento y, efectivamente, hay butacas que no cumplen con un mínimo de comodidad, pero que las afectadas son menos de 400 del total de casi 6.000 instaladas. Además, recuerdan que el modelo instalado es el mismo que ya se puso hace dos años en la grada alta, sin que nadie se hubiera quejado desde entonces.

Los unos por los otros, quienes van a sufrir las consecuencias son los seguidores celtistas que cada dos semanas vayan a ver los partidos de los celestes en Primera División. Este no es más que el último episodio de una batalla casi personal entre Abel Caballero, alcalde 2007, y el presidente del Celta, el empresario Carlos Mouriño. Las discrepancias afectan a todo tipo de asuntos, destacando precisamente las reformas necesarias en Balaídos (financiadas con dinero municipal y, según protesta Mouriño, sin que el club pueda opinar), pero también la intención del Celta de construir una nueva ciudad deportiva en Mos, un municipio vecino, que el ayuntamiento vigués impugnó por considerar que se invadía su territorio. La tensión es tal que el Celta llegó a plantearse salir de la ciudad de Vigo y hacerse su propia casa en alguna otra localidad cercana.

Porque precisamente, el origen de toda la tensión es el hecho de que el lugar donde el Celta juega sus partidos no pertenece al club, sino que es de titularidad pública. En el caso concreto de Balaídos, el acuerdo se remonta a 1943, cuando el equipo compró las instalaciones (anteriormente pertenecientes a una sociedad creada expresamente para sufragar su construcción, que cobraba al club un porcentaje de la taquilla) pero le cedió la propiedad al ayuntamiento a cambio del usufructo y de una subvención anual.

Con sus más y sus menos, no es este el único caso en el que el club de fútbol no es dueño formal del campo donde juega. España está llena de estadios “municipales”, entre los que se puede nombrar Riazor (La Coruña), Zorrilla (Valladolid), La Romareda (Zaragoza), El Molinón (Gijón), Anoeta (San Sebastián), solo por enumerar algunos casos. El fenómeno es habitual también en otros países, como Francia o Italia; en este último país es prácticamente la norma, con excepciones contadísimas como el coliseo que se hizo hace apenas una década la Juventus, y revertir la tendencia es dificilísimo: la Roma lleva casi una década dando vueltas al proyecto de nueva casa sin que salga adelante por los múltiples inconvenientes de todo tipo que se encuentran constantemente.

¿Esta situación es positiva o negativa? Según se quiera mirar. Por un lado, los clubes, aunque habitualmente han de pagar una tarifa en concepto de alquiler, se ahorran gastos enormes como el de la propia construcción o el mantenimiento de las instalaciones. De cara a los aficionados, además, es (más o menos) una garantía de que ningún dirigente desaprensivo va a desahuciarles porque sí y llevárselos a la otra punta de la ciudad. Por otro, los equipos no son propietarios, por lo que es imposible realizar operaciones inmobiliarias lucrativas como las que sí que han hecho otros equipos (la recalificación del Vicente Calderón, con todos sus matices, es el ejemplo más cercano) y para cualquier cambio que deseen realizar hay que lidiar con la burocracia. Lo que, como se está viendo al suroeste de Galicia, a menudo da más inconvenientes que soluciones.

¿Qué modelo te parece mejor? ¿Crees que los clubes deben ser dueños de sus estadios o está bien que edificios tan grandes en medio de las ciudades sean de titularidad pública? ¡Deja tu opinion en los comentarios!

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