La fórmula sencilla del éxito de la película española de moda en Netflix

Valeria Martínez
·5 min de lectura

En ocasiones, una película puede conseguir que la sencillez sea su mejor baza. Hablo de historias que logran ser efectivas porque van directamente al grano y se centran en explotar las mejores cualidades de la trama y su equipo, y ese es el secreto del último éxito de Netflix, el thriller español Bajocero que actualmente lidera la lista de lo más visto en la plataforma.

Protagonizada por Javier Gutiérrez, quien vuelve a desatar todo ese talento nato que tiene para personajes que transmiten una lucha dramática interna, Bajocero es uno de esos estrenos que merecen estar en el número uno del Top10 de Netflix.

Cartel de Bajocero (cortesía de Netflix)
Cartel de Bajocero (cortesía de Netflix)

Confieso que no siempre estoy de acuerdo con las series o películas que ocupan la lista de los diez productos más vistos del gigante streaming. Que Cobra Kai o Gambito de dama lideraran el ranking hace unas semanas me parecía justo, pero que lo hagan The Bridgerton o Destino: la saga Winx pues no tanto. Pero esa es mi opinión, tan válida como la de quien opine lo contrario. Después de todo, a diferencia de la experiencia cinematográfica tradicional que se vive junto a un grupo de extraños en una misma sala, el mundo de las series y películas online se ha convertido en algo muy personal. En este universo rige la predilección y el gusto propio con perfiles individualizados diseñados con algoritmos para sugerirnos y mostrarnos las historias que se ajustan a cada uno de nosotros.

Por eso, arrancar este lunes viendo que Bajocero había logrado calar hondo entre los usuarios de Netflix fue una grata sorpresa. Sobre todo cuando había otras apuestas haciéndole competencia como La excavación (otra película muy recomendable basada en la historia real de un descubrimiento arqueológico en Inglaterra al inicio de la Segunda Guerra Mundial) o éxitos recientes que siguen entre lo más visto como Lupin, Los Bridgerton, Destino: la saga Winx o Gambito de dama. Pero Bajocero lo consiguió con una historia sencilla pero eficaz, siguiendo una fórmula que suele ser infalible en el género del thriller y el terror: menos es más.

Bajocero (Quim Vives, cortesía de Netflix)
Bajocero (Quim Vives, cortesía de Netflix)

Dirigida por el catalán Lluís Quílez, Bajocero iba a estrenarse en cines el pasado 9 de octubre pero la crisis sanitaria obligó su retraso y consecuente lanzamiento en el streaming el 29 de enero. La cinta transcurre a lo largo de una sola noche cuando un policía recibe la tarea de conducir un furgón blindado trasladando presos de una prisión a otra. Él se muestra tranquilo, atento a las miradas y movimientos de cada recluso y de su compañero (del que no se fía del todo), pero dispuesto a cumplir su labor a rajatabla. Sin embargo, a mitad de camino en una carretera despoblada sufren un violento asalto. Alguien está fuera, quiere algo de alguno de ellos pero no saben de quién ni por qué, dando pie a una historia de tintes dramáticos e intensos pero sin perder nunca su base en el thriller.

La historia es sencilla, el escenario y la línea temporal también. Los personajes están marcados, con pocos extras y apenas un puñado de actores que toman las riendas de la trama. Y funciona porque lo que hace Bajocero es seguir una fórmula infalible en este género en donde lo importante es contar una historia eficaz que se sostenga por sí sola acompañada de actuaciones comprometidas, sin sostenerse en grandes efectos especiales o en el mero espectáculo visual constante (aunque algunas escenas juegan en esas ligas).

Esta fórmula le funcionó a El hoyo en 2020 -aunque su trama era mucho más profunda en cuanto a análisis y critica social se refiere- pero también a muchas otras que hoy recordamos como éxitos recientes. Fue el caso de El regalo, el debut como director de Joel Edgerton que contaba una historia que vimos muchas veces -la de un vecino obsesionado- pero aportando una originalidad que precisamente recaía en mantener un desarrollo simple en cada acto de la trama.

O lo que consiguió Rodrigo Cortés con la magnifica Buried (Enterrado) sosteniendo sus 95 minutos en la actuación de Ryan Reynolds metido en un ataúd, o Keanu Reeves con John Wick con otra trama de venganza sangrienta que vimos decenas de veces pero que al centrarse en el elemento que mejor conocía su equipo, las escenas de acción rápidas y letales, lograron crear un taquillazo de lo más acertado. Eso mismo hizo también Liam Neeson con Venganza, pero hablo de la primera, no de las secuelas que fueron perdiendo la gracia de la original. En dicha producción la trama se centró en explotar las cualidades del personaje como exagente de la CIA, lo demás era un relleno visto hasta la saciedad. Y también funcionó.

La autopsia de Jane Doe con un cadáver y un demonio; La bruja de Blair con una bruja acechando en el bosque, It follows con un monstruo acechando a cada paso o Eden Lake con unos adolescentes asesinos haciendo lo mismo; son ejemplos de la misma fórmula. Películas que se centran en lo mejor que expone su idea, sin irse por las ramas, sin pretender más de lo que pueden, confiando en las herramientas que tienen a su alcance y dando como resultado historias eficaces.

Bajocero entra en este perfil. Si bien por momentos tantea la posibilidad de expandirse más lejos, Lluís Quílez logra mantener el curso y, en consecuencia, nuestra atención sin movernos del sofá de casa. A pesar de que la revelación final pueda ser un tanto previsible, la cinta consigue mantener una atmósfera siniestra durante todo su metraje.

Por todo esto, Bajocero demuestra que una buena película no necesita obligatoriamente de grandes tramas o efectos rebuscados. Sencilla y eficaz, una apuesta que merece su triunfo en Netflix.

Más historias que te pueden interesar: