Bajar del avión para montar a caballo

Walter Mitty

La historia de cómo se compagina una pasión con una obligación”. Así sintetiza su vida Cándido, alto directivo de Air France durante 40 años, padre de familia y ahora propietario de un pequeño hotel en la provincia de Ávila. Todo un ejercicio vital de equilibrio.


La necesidad de compatibilizar le viene de joven como miembro de una generación obligada a estudiar y trabajar simultáneamente: “Los tiempos cambian. Antes empezábamos a trabajar demasiado pronto. Ahora muchos están deseando tener un primer empleo”.

También muy pronto descubrió su pasión por los caballos. Sin tener tradición familiar adora al animal y todo lo relacionado con él: películas, libros... El caballo es su “tótem”. Durante muchos años alimentó la idea de dedicarle todo su tiempo, no sólo los ratos libres o los fines de semana: “Te encantaría pero no puedes llevarlo a la práctica porque tienes una familia, un trabajo, una responsabilidad”.

Relacionado: Cuando la aventura gana a la rutina


Sin embargo, una vez más, trató de armonizar y con 30 años descubrió que podía tener un caballo propio sin ser “aristócrata, militar ni gitano”. Creó entonces un centro ecuestre pero sin abandonar su carrera en Air France: “Profesionalmente estaba satisfecho, mi trabajo me gustaba mucho y tenía un desarrollo interesante”. Durante 20 años Cándido siguió compaginando ambas actividades.

El riesgo de la libertad


El mundo de las compañías aéreas atravesaba tiempos de cambio y para Cándido la fusión de su compañía con otra fue el detonante del suyo. “Empiezan a proponernos cosas que no me convencen y entonces pienso que es el momento”, explica. Sus hijos ya se habían hecho mayores. Ellos habían podido elegir y se habían quedado con los caballos.

Cándido llega en esa época a un acuerdo con la multinacional y renuncia a su empleo para encarar el desafío de dejar de compaginar sus dos ocupaciones después de tantos años.
No está sólo en esta transición. Es un cambio en familia porque su mujer, también con un puesto importante en un organismo oficial francés, se suma a la apuesta. 

Relacionado: De Madrid a Kenia, un viaje al optimismo


Sin embargo, Cándido asegura que no fue una decisión difícil sino muy calculada y meditada: “Todos teníamos claro que queríamos hacer las cosas como nos gustaba, sin estar pensando si al señor del departamento X le gustaría o no. También queríamos independizarnos, hacer nuestra vida diferente, con menos estrés y más tiempo libre. Aunque luego eso último no lo he conseguido aún”, comenta desde su hotel en Navaluenga.

Porque los caballos no daban para todo así que montaron un hotel: El hotelito. Su nacimiento coincidió con el de esa crisis que nadie esperaba que durase tanto
pero con “las naves quemadas había que seguir adelante”. E innovar constantemente y no dejar de ser creativos. ¿Otra obligación? “No, porque el hecho de hacer algo que realmente te gusta y te llena se transmite a tu entorno. En el hotel organizamos actividades que nos gustan y cocinamos lo que nos gusta, por ejemplo. Y eso los clientes lo notan”, explica Cándido.

Con 60 años recién cumplidos Cándido espera ver, antes de su merecida jubilación, cómo su criatura se desarrolla y aspira a tener cada vez más tiempo para disfrutar de un sueño cumplido. Nunca se ha arrepentido de su decisión pero a veces recuerda lo bien que venía un sueldo fijo todos los meses. “La libertad es riesgo pero bendita libertad”, concluye.