Bad Bunny y los muchos símbolos de un beso que no todos entendieron

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Bad Bunny besa a uno de sus bailarines en el show en el Yankee Stadium. (Photo by Noam Galai/Getty Images for MTV/Paramount Global)
Bad Bunny besa a uno de sus bailarines en el show en el Yankee Stadium. (Photo by Noam Galai/Getty Images for MTV/Paramount Global)

POR Carlos M. Álvarez-. En el Yankee Stadium, la meca del béisbol ubicada en el Bronx neoyorkino, Bad Bunny besa a un integrante de su cuerpo de baile en medio de 'Tití me preguntó', uno de sus himnos del verano ampliamente coreado en la exitosa gira de conciertos de su último disco.

Minutos después, Carmelo Anthony, estrella de la NBA de padre puertorriqueño, le entrega el premio MVA de MTV al Artista del Año, la primera vez que lo obtiene un cantante de habla no inglesa. El discurso de Benito fue sencillo y poderoso, porque lo sustenta un recorrido: "Siempre creí que yo podía llegar a ser grande sin tener que cambiar mi cultura, mi lengua, mi idioma, mi jerga. Yo soy Benito Antonio Martínez, de Puerto Rico para el mundo entero", dijo.

El beso a otro hombre, que ha causado la típica polémica y las habladurías de turno alrededor de las estrellas pop del momento, hay que entenderlo dentro del contexto de su declaración, es decir, de su lengua, de su idioma y de su jerga. Se trata de un artista eminentemente popular, no por su fama arrolladora, sino porque sus virtudes, que no son pocas, pertenecen al tráfico de virtudes cotidiano, te las encuentras en la calle, son la paráfrasis de un habla viva, el dialecto exuberante del Caribe.

Desde ese lugar subalterno, su gesto ensaya o simboliza la posibilidad de una masculinidad posgénero, o sencillamente menos rígida, casposa y punitiva, donde los hombres heterosexuales, o los hombres, sin más adjetivos, se besan y parecen dispuestos a plegarse como aprendices al cambio de paradigma imprescindible generado por los feminismos y, en general, por las peleas de las minorías sociales que no son tal. Un tipo de contienda esta que define justamente la identidad insurgente de Puerto Rico.

Algunos comentarios estériles se han encargado de cuestionar la veracidad del beso. Si es real o no. No entiendo muy bien qué quiere decir tal cosa. ¿Qué es o qué habría sido real? Si Bad Bunny fuese gay o bisexual, ¿el beso habría sido real? Si Bad Bunny fuese heterosexual, ¿el beso es falso? El beso fue, es, ha sido: un hecho incontrastable llevado a cabo en el corazón de la sociedad del espectáculo, lo que le entrega, desde luego, una condición política y estética específica. El beso no es íntimo, no expresa un deseo, sino que fija una postura deliberada. Es un statement, haya sido o no previamente acordado.

En otro orden, Bad Bunny lanza constantes guiños que le permiten ganar adeptos desde todas partes. Un colega comentaba de manera ingeniosa: "si Bad Bunny no está haciendo 'queerbaiting', que me meta el pito, entonces". Tiene razón, qué duda cabe, lo que nos permite también darnos cuenta que hay un único público que la estrella boricua no intenta ganarse: el poder blanco.

Bad Bunny en el Yankee Stadium. (Photo by Noam Galai/Getty Images for MTV/Paramount Global)
Bad Bunny en el Yankee Stadium. (Photo by Noam Galai/Getty Images for MTV/Paramount Global)

No ha asumido pasivamente el papel del artista latino que triunfa en un mundo gringo y asume el pelaje específico que la industria del entretenimiento guarda para él. Ha hecho que esa industria venga a buscarlo, no ha ido a ella, y ha entendido que semejante cambio de dirección no es algo que se deba a su irrupción divina, sino que su éxito es parte de un orden mayor que lo incluye, un orden compuesto por artistas que lo anteceden, desde Tego Calderón hasta Residente, y también por la gente que lo escucha.

'Un verano sin ti', el disco que rompe récords cada día en medio de la dictadura de las cifras, fue grabado en República Dominicana. No en Los Ángeles, Londres, Nueva York, o la Luna, un lugar al que, a estas alturas, seguramente habría podido grabar de haberlo querido. 'El Apagón', que es ya uno de sus temas fundamentales, es tanto la política de la fiesta como la fiesta de la política, algo que Bad Bunny pudo practicar hace tres agostos, durante las protestas populares en su isla que sacaron del poder al gobernador Ricardo Rosselló y su camarilla de subordinados.

La fruslería, la broma del beso, se inscribe a bote pronto en dos relatos. El primero, menos comentado, lee su gesto como un acto de apoyo y complicidad con Villano Antillano y Tokischa, ambas divas, una trans y la otra cuasi pornográfica, que vienen desmantelando con paso firme el orden de las buenas costumbres y que recibieron hasta amenazas de muerte luego de besarse hace poco en un concierto en Puerto Rico. El segundo lo ubica en la lista de los besos más icónicos de los premios MTV, junto a los que compartieron Britney Spears y Madonna y Michael Jackson y Lise Marie Presley. Pero Bad Bunny —y esta es justamente su marca, la marca de la jerga, algo natural y a veces hasta accidentado— besa a un desconocido, a un actor secundario, poniéndolo en la conversación de los nombres inaccesibles.

El bailarín es cualquiera, todos, porque lo que resulta tan extraño como sorprendente de este fenómeno es que parece, muchas veces, que con Bad Bunny no triunfa un artista, sino un pueblo, una cultura entera. Más que fanes, a veces pudiéramos pensar que a sus conciertos asisten compañeros.