Aversión a la pérdida: ¿Cómo el miedo a perder te hace perder aún más?

La aversión a la pérdida nos confina en una zona de confort cada vez más pequeña/Getty
La aversión a la pérdida nos confina en una zona de confort cada vez más pequeña/Getty

Imbuidos en la cultura del ganar, la pérdida nos aterra. Tenemos miedo a perder oportunidades. Perder relaciones. Perder cosas que nos ha costado conseguir. Perder nuestro estatus social o nuestro estilo de vida. Incluso tememos perdernos a nosotros mismos.

El fantasma de la pérdida es una constante en nuestra vida que puede sumirnos en un estado de ansiedad y zozobra, conduciéndonos a tomar decisiones poco – o nada - racionales. A esa conclusión llegaron los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman en el año 1979 cuando le plantearon dos preguntas aparentemente muy sencillas a un grupo de personas:

¿Prefieres recibir 5 euros inmediatamente o tener un 50 % de probabilidades de recibir 10 euros? El 84 % de las personas eligió el dinero seguro.

Luego cambió la pregunta.

¿Prefieres perder 5 euros inmediatamente o tener un 50% de probabilidades de perder 10 euros? El 69 % de las personas eligió la segunda opción.

Este experimento clásico nos demuestra que nuestra aversión a la pérdida es mucho más intensa que nuestro deseo de ganar. Exactamente dos veces más intensa, como descubrieron esos mismos psicólogos en un estudio posterior. En otras palabras, preferimos no perder 10 euros que ganar esa misma cantidad. Parece descabellado. Ilógico. Y lo es.

De hecho, esa aversión a la pérdida puede convertirse en un obstáculo para tomar decisiones inteligentes. Como resultado, el miedo a perder puede hacer que perdamos aún más.

Todo lo que perdemos por el miedo a perder

Cuanto más nos aferramos al pasado, más limitaremos el futuro/Getty
Cuanto más nos aferramos al pasado, más limitaremos el futuro/Getty

El 22 de agosto de 2005, el entonces presidente George W. Bush dio un discurso en el cual brindó diferentes razones para seguir adelante con la guerra en Irak. Una de ellas fueron los 1 864 soldados estadounidenses que habían caído en el campo de batalla. “Se lo debemos”, afirmó, “Terminaremos la tarea por la que dieron sus vidas. Honraremos su sacrificio permaneciendo a la ofensiva contra los terroristas”. Esas palabras también significaban que se perderían más vidas en una guerra que se prolongó otros seis años.

La aversión a la pérdida, sobre todo cuando hemos invertido tiempo, recursos y/o esfuerzo es tan intensa que puede llevarnos a tomar decisiones que acrecienten esas pérdidas. Es lo que le sucede al jugador que pierde en el casino, pero sigue jugando con la esperanza de recuperar lo perdido. También es lo que nos sucede cuando seguimos apostando por una relación de pareja que carece de sentido. O cuando nos negamos a abandonar un proyecto importante porque no queremos reconocer que hemos “fracasado”.

El miedo a perder puede volverse omnipresente, amenazando con colarse en cada resquicio de nuestra vida para arrastrarnos en una espiral de decisiones autodestructivas. Si no le ponemos coto, la aversión a la pérdida nos conducirá a un estado de obcecación.

Nuestra mente racional se nubla y las emociones toman el mando para “obligarnos” a hacer todo lo posible - y hasta lo imposible – por evitar la pérdida. Ello puede llevarnos a gastar inútilmente más energía, recursos y tiempo de nuestra vida, dejándonos atrapados en una situación o relación que ha perdido su razón de ser.

La aversión a la pérdida también limita nuestro potencial de crecimiento. Este sesgo cognitivo genera una especie de “ceguera psicológica” que nos impide detectar y aprovechar las nuevas oportunidades que se presentan en nuestra vida, manteniéndonos en una zona de confort malsana. Cuando estamos demasiado preocupados por aferrar el pasado para evitar la pérdida, no podremos aprovechar el presente ni vislumbrar el futuro.

Asumir que la pérdida forma parte de la vida, al contrario, nos brinda la posibilidad de madurar y fortalecernos psicológicamente.

¿Cómo superar la aversión a la pérdida?

Que tus decisiones estén marcadas por tus esperanzas, no por tus miedos/Getty
Que tus decisiones estén marcadas por tus esperanzas, no por tus miedos/Getty

La aversión a la pérdida no siempre es negativa. Un estudio realizado en la Universidad de Bath reveló que en algunas ocasiones nos permite asumir una actitud más prudente. Estos investigadores afirman que “la aversión a la pérdida compensa la tendencia a las decisiones precipitadas que induce el optimismo”.

Sin embargo, aferrarnos a una situación que nos causa daño o nos impide progresar, seguir atados a una relación de pareja que ya no funciona o continuar invirtiendo en un proyecto ruinoso a todas vistas, no es una decisión inteligente. ¿Cómo salir de ese bucle?

1. Las emociones que no gestionamos, nos controlan

Las emociones que solemos catalogar como “negativas” suelen ser más intensas y duraderas que las emociones “positivas”. Una investigación desarrollada en el Instituto Tecnológico de Israel comprobó que, efectivamente, tras experimentar una pérdida experimentamos una mayor activación a nivel de sistema nervioso autónomo y aumenta nuestra frecuencia cardíaca, en comparación con una ganancia equivalente.

Sin embargo, si permitimos que las emociones tomen el mando, entraremos en un estado de lucha-huida en el cual nuestras opciones se restringen, como si lleváramos anteojeras. Por eso el primer paso para lidiar con la aversión a la pérdida consiste en tomar nota de las emociones que esta genera. Detectar las señales de miedo, ansiedad, angustia o frustración antes de llegar al “punto de no retorno” nos ayudará a calmarnos y asumir una distancia psicológica que nos permita decidir de manera más racional.

2. Romper el patrón automático, decidir conscientemente

Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Pavía reveló que la aversión a la pérdida no es una simple reacción de miedo temporal sino que desata una respuesta a nivel cerebral que indica un patrón estable en la toma de decisiones. Pero eso no significa que tengamos que resignarnos a la tiranía del miedo. Podemos romper ese patrón.

Ser conscientes de la existencia de ese patrón automático ya nos conduce un paso fuera, facilitándonos una perspectiva más objetiva desde la cual analizar la situación. El segundo paso consiste en centrarse en el presente. Investigadores de la INSEAD revelaron que el mindfulness es el mejor antídoto contra la aversión a la pérdida. No solo nos ayuda a desprendernos del pasado, sino que nos permite conectar con lo que realmente queremos en el presente.

3. Aceptar la pérdida como parte de la vida

Despojar la pérdida de su halo negativo y aceptarla como parte de la vida es un arduo ejercicio intelectual y emocional, pero puede ser extremadamente liberador. Debemos recordar que cada ganancia siempre implica una pérdida o renuncia. Son dos caras de una misma moneda, por lo que no existe una sin la otra. Y cuanto antes lo aceptemos, mejor.

Es cierto que la perspectiva de la pérdida puede generar temor e incertidumbre, sobre todo cuando hemos invertido mucho en un proyecto o relación, pero debemos tener presente que para que algunas cosas lleguen, debemos dejar ir otras. La auténtica madurez consiste en aceptar ese flujo, desprenderse del pasado cuando se convierte en un fardo que nos impide avanzar. Al fin y al cabo, se necesita más fuerza interior para soltar que para aferrarse.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente