'Avatar' y su éxito albergan la consecuencia más chapucera de la historia del cine

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Más allá de convertirse en la película más taquilla de todos los tiempos, Avatar tuvo el honor de ser el título que puso de moda el 3D en los cines. En una época donde muchas salas seguían proyectando en 35 mm y sin contar con proyectores digitales, la película de James Cameron y la alta demanda que generó el viajar a los escenarios de Pandora en tres dimensiones fue clave para que los cines renovaran sus equipos y permitieran exhibir en este formato, que desde ese momento vivió una de sus épocas de mayor esplendor. Sin embargo, este éxito del 3D de Avatar no fue tan positivo como pudiéramos pensar. De hecho, fue también clave en la decadencia que vivió el formato en los años posteriores.

21/08/2009 Reading, PA Un cartel de la película Avatar en el teatro. En el cine multiplex IMAX Reading Movies 11 en Second Street en Reading el viernes por la tarde, donde se mostró un avance de la película Avatar de James Cameron en IMAX 3D. (Foto de Ben Hasty/MediaNews Group/Reading Eagle vía Getty Images)
21/08/2009 Reading, PA Un cartel de la película Avatar en el teatro. En el cine multiplex IMAX Reading Movies 11 en Second Street en Reading el viernes por la tarde, donde se mostró un avance de la película Avatar de James Cameron en IMAX 3D. (Foto de Ben Hasty/MediaNews Group/Reading Eagle vía Getty Images)

Que el 3D tuviera un precio superior al de una proyección en 2D, normalmente uno o dos euros más caro, hizo que los ingresos en taquilla se incrementaran, como bien ejemplificó los más de 2.847 millones que la cinta de James Cameron obtuvo tras su estreno en 2009. Ante este beneficio extra y la buena aceptación que habían tenido las proyecciones tridimensionales con este título de ciencia-ficción, Hollywood vio un filón que no dudó en explotar. Fue entonces cuando los grandes estudios se lanzaron como locos a estrenar películas en 3D con las que aumentar sus beneficios, sin embargo, los requisitos técnicos para rodar en este formato no eran baratos y muchos de los estrenos que siguieron a Avatar eran producciones ya grabadas en 2D.

La solución pasó por una opción sencilla: Convertir las películas a 3D en postproducción para así llevarse el pellizco adicional de dinero sin desembolsar las altas sumas que se pedían para acceder a las cámaras 3D. Y es que hablábamos de equipos más complejos con dos lentes que requerían de mayor espacio de almacenamiento al tener que guardar una doble imagen, la que en los cines se reflejaría en cada uno de los lados de las gafas 3D para generar la sensación de profundidad en pantalla- Pero, evidentemente, el resultado de una conversión no es el mismo que el de grabar de forma nativa la imagen tridimensional. Y terminamos viendo un no parar de estrenos con conversiones chapuceras donde la sensación de profundidad o de inmersión era nula, con los que te quitabas las gafas y ni siquiera notabas la diferencia.

Recuerdo películas de Disney como Toy Story 3 o Cars 2 donde la experiencia era prácticamente idéntica a verla en 2D, cintas de acción como Airbender, el último guerrero de M. Night Shyamalan donde la imagen se veía complemente plana, blockbusters como Prometheus de Ridley Scott donde el formato no hacía más que oscurecer la imagen ante los cristales de las gafas, títulos como Tron Legacy en los que incluso te avisaban en un rótulo que no toda la película estaba convertida en 3D,... Y la consecuencia de tantos estrenos que no aprovechaban el formato fue el sentimiento generalizado de que no merecía la pena pagar de más, porque incluso las películas se veían en peores condiciones.

Las gafas Reald que usan para las proyecciones 3D en los cines  (Foto: Frazer Harrison/Getty Images)
Las gafas Reald que usan para las proyecciones 3D en los cines (Foto: Frazer Harrison/Getty Images)

Es decir, fue el éxito de Avatar el que propició que se abusara del 3D más de lo debido y que el público acabara hartándose más pronto que tarde de él. No hay más que ver que para 2014 se dejó de priorizar las proyecciones tridimensionales, empezando a ver cómo estabas dejaban de ocupar las salas más grandes de los cines e incluso eran relegadas a apenas una o dos sesiones al día. De hecho, es probable que ni el público recuerde que producciones de ese año como The Amazing Spiderman 2, Capitán América: El soldado de invierno, El amanecer del Planeta de los Simios, Maléfica o Guardianes de la Galaxia se vieron en 3D, porque su presencia en salas 3D no tuvo nada que ver con la que en años anteriores dispusieron cintas como Alicia en el país de las maravillas, Piratas del Caribe: En mareas misteriosas, Harry Potter y las reliquias de la muerte - Parte 2, Transformers : El lado oscuro de la luna o cintas de animación como Enredados, Los pitufos, Las aventuras de Tintín o Happy Feet 2, entre muchas otras.

Y es una pena, porque el 3D bien utilizado podía dar mucho de sí y elevar el espectáculo de los blockbusters a otro nivel. Tengo muy buen recuerdo de lo bien que supo jugar Sam Raimi con los efectos tridimensionales en Oz, un mundo de fantasía, de lo inmersiva que fue Ga’Hoole de Zack Snyder, del vértigo que generaba en Gravity, del no parar de cosas volando fuera de la pantalla de Resident Evil: Ultratumba o de sentir poder atravesar la pantalla en muchas de las escenas de La vida de Pi. Pero es que con estas películas hablamos de producciones rodadas íntegramente en 3D que tenían muchas posibilidades de aprovechar el formato, no de las conversiones terribles e innecesarias que impulsó Avatar.

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Es cierto que hay otros motivos que empujaron a su casi desaparición, como el mal cuidado de las proyecciones en los cines, la poca aceptación que tuvo en el mercado doméstico ante las pocas ventas de televisores 3D o la falta de contenidos de las diferentes cadenas o plataformas, que no hizo más que potenciar la visión de que era un formato innecesario. Pero creo que la razón principal se encuentra en su mal uso tras la explosión que generó Avatar.

Al final, Hollywood terminó matando a una gallina de los huevos de oro que podría haber dado mucho más de sí, aunque es probable que con el estreno de Avatar: El sentido del agua el próximo 16 de diciembre, con el uso de nuevas tecnologías como HFR 3D, el público vuelva a caer rendido a querer ponerse las gafas 3D en las salas de cine e introducirse a esta experiencia cinematográfica inmersiva.

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