Autoritarismo consultivo o la élite de Podemos como problema

Autoritarismo consultivo o Pablo Iglesias como problema

El resultado, previsible en función de pasadas experiencias, de la consulta a las bases promovida por la élite de Podemos ha sido el esperado: un 70% a favor. Sin sorpresas. Lo realmente interesante a la hora de recopilar y analizar los datos disponibles es que hay múltiples fuentes de distorsión, por parte de Podemos a la hora de analizar y profundizar en esta nueva consulta. La primera distorsión es que Podemos sólo ofrece el dato de los votantes (138.488), reduciendo el censo (que según Podemos tiene 519.750 inscritos) a esos votantes efectivos. Es la forma de ocultar el porcentaje de abstención, lo que no sería aceptable en ninguna votación democrática.

La segunda distorsión es la táctica de diferenciar entre “inscritos” en Podemos y los votantes o “inscritos activos”. ¿Acaso no todos los inscritos tienen derecho a voto? Lo que hace Podemos sería como si en unas elecciones generales el censo se restringiese a los que habían votado en las últimas elecciones. Así, es como se reduce el censo y se anula la abstención para incrementar el porcentaje de apoyo de manera artificial. Para ahondar en la confusión el perfil oficial de Podemos en Twitter, de forma intencional y errónea, iguala a los votantes con las “personas inscritas” (ver al final del artículo el tweet). En resumen: se confunde o redefine el censo, se altera el porcentaje de abstención, se iguala a los votantes con los inscritos, o sea, el censo y, así, se manipula al alza el porcentaje de asentimiento con las preguntas .

La tercera distorsión radica en la desconfianza con las consultas debido a la falta de controles y auditorias externas, al menos desde 2017, algo reconocido desde el propio Podemos. En síntesis, todo lo que debe hacer fiable los resultados de una votación: comprobación, control antifraude, auditoría y contabilización de votos se realiza solamente por personas de Podemos. Serios problemas de fiabilidad que se han repetido en otras votaciones como En Marea o en Castilla la Mancha y otros casos.

La reconstrucción de los datos de las tres últimas consultas a las bases en Podemos ofrece estos resultados.

Fuente: medios de comunicación, Podemos y elaboración propia

La razón por la que Podemos no facilita a la opinión pública el número de esa singularidad de votantes que denomina “inscritos activos” (una forma de reducir en un 63% el censo) se desconoce auqneu sea sospechoso, como poco. No obstante, hay un dato seguro: el número de personas que votan en las consultas de Podemos está en mínimos históricos. En 2019 han votado un -35% que en la consulta de 2018 y un -8% que en la de 2016. Y otra evidencia objetiva es que, sobre el censo de inscritos, las decisiones de la élite de Podemos se toman cada vez con menor porcentaje de apoyo de las bases un 63,8% en 2016, un 26,3% en 2018 y solo un 18,7% en 2019.

Hay un hecho, quizás desatendido, sobre esta consulta a las bases de Podemos para la toma de decisiones en el grupo parlamentario de Unidas Podemos: ¿por qué no se ha preguntado también a las bases de Izquierda Unida? ¿Tanto ha fagocitado Podemos a Izquierda Unida en la coalición que las decisiones se toman en Podemos?

Hoy los titulares de los medios profesionales se centran de forma generalizada en el dato más simple, el 70% ¿Quién no entiende un porcentaje así? La razón para que se centren en el porcentaje, mientras Podemos oculta datos relevantes, es muy simple: la iniciativa de la consulta a las bases promovida por la élite de Podemos solo la han apoyado el 18,7% de los inscritos.

Con ese dato de participación real el PSOE tiene el argumento clave para reenmarcar y acusar a Podemos y a Pablo Iglesias de irresponsabilidad política. Veremos pronto el siguiente movimiento de Pedro Sánchez, especialista duro en supervivencia y en partir en dos a los adversarios internos y externos. Aunque la entrevista que Pedro Sánchez concedió ayer a La Sexta redefinió, con astucia y contundencia, el campo de discusión debido al más que previsible 70%, haciéndolo irrelevante la consulta. En definitiva, solo se trata de una serie de intercambios tácticos sucesivos. Fuera de juego Iglesias, se sacrifica y ahora el debate se centrará en la capacitación de Irene Montero, que continua el bucle de reasignación de responsabilidades frente a una futura repetición de elecciones en noviembre.

Por último, es innegable la desmovilización de las bases de Podemos a la hora de apoyar el autoritarismo consultivo de la élite de Podemos. Un recurso bastante obstuso que sirve, como en el caso de la consulta del chalet para imponer su liderazgo y socializar las decisiones de la élite. Esa consulta sobre el estilo de vida burgués de Iglesias y Montero fue un punto de inflexión en el agotamiento del discurso de autogestión, transversalidad, horizontalidad y democracia asamblearia. Una consulta a las bases que fue, en la práctica, un plebiscito personalista para blindarse contra la crítica.

Los datos, incluso los ocultados, hacen tan irrelevante como evidente el creciente escepticismo y perdida de confianza en la élite de Podemos y el rechazo al autoritarismo consultivo por sus bases, sea cual sea el censo.

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