La autora María Lejárraga a Negrín:"He decidido presumir de anciana prodigio"

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Las Palmas de Gran Canaria, 7 jun (EFE).- "Quiero irme a Norteamérica porque ganarse la vida con la literatura en Francia es imposible", "he decidido presumir de anciana prodigio, ¿qué le parece?" Es 1950 y una de las escritoras españolas más brillantes de su generación, María Lejárraga, pide ayuda desde el exilio a Juan Negrín para reinventarse a los 76 años y empezar de nuevo en EEUU.

La Fundación Juan Negrín ha hecho públicas este lunes dos cartas descubiertas en el archivo personal del último presidente de Gobierno de la Segunda República, firmadas por María de la O Lejárraga (1874-1974), diputada republicana, feminista y una de las escritoras españolas de la primera mitad del s. XX de más largo recorrido, aunque muy ignorada por el público, porque sus obras más célebres las firmó a nombre de su marido, Gregorio Martínez Sierra.

Algunos de sus trabajos más relevantes son la obra de teatro "Canción de cuna" (1911) o los libretos de "El amor brujo" y "El sombrero de tres picos", para el compositor Manuel de Falla.

De exiliada a exiliado, la escritora escribe desde Niza (Francia) en mayo de 1950 al político, que entonces reside en Londres, para pedirle que medie en su solicitud de que la Oficina para los Refugiados le pague un pasaje a Estados Unidos, intentando dejar atrás las estrecheces económicas que está sufriendo en ese momento.

"Quiero irme a Norteamérica porque el ganarse la vida con la literatura en Francia es imposible. Yo gano algo de derechos de autor con los cuales podría vivir holgadamente en España, pero usted sabe que no quiero ir para allá", le cuenta a Negrín Lejárraga, que tras la muerte de su marido, ocurrida tres años antes, ha decidido firmar sus trabajos con nombre de mujer, "María Martínez Sierra".

La escritora también le pide al político que le facilite algunos contactos en Estados Unidos que la puedan ayudar a su llegada a en sus planes para publicar la traducción al inglés de su libro de memorias, "España triste", dar salida a una comedia recién terminada y "vender algunos argumentos para películas".

"No sabe usted los deseos que tengo de marcharme: hay quien me dice que, a mi edad, el viaje es una locura. Yo no lo creo así; tengo tantos deseos de trabajar como a los veinte años y la inteligencia aún no se me durmió del todo (...) Lo más que puede sucederme es morir, y me es indiferente dar el último suspiro en el viejo o en el nuevo mundo. Sí me interesaría pasarlo un poco bien los pocos años que me queden de vida", confiesa la autora.

Juan Negrín se compromete a ayudarle con el viaje y los contactos. El borrador de su respuesta está anotado a mano en el margen de una de las cartas de Lejárraga: "La noticia de su viaje a Norteamérica no me sorprende; sin embargo, cuando se nace para ser joven se sigue siendo hasta la muerte, por muchos años que pasen, muchos sinsabores que se experimenten y muchos achaques y averías que la máquina humana acumule en su carrera".

En Estados Unidos no le fue a María Lejárraga como esperaba. Estuvo en conversaciones con Disney para colocarle algunas de sus historias, aunque sin éxito... O peor, la autora pensó que la gran factoría de la animación había plagiado uno de sus trabajos, "Merlín y Viviana", en la película "La dama y el vagabundo".

Finalmente, María Lejárraga se instaló en México y, más tarde, emigró a Buenos Aires, donde murió en 1974.

(c) Agencia EFE

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