Aunque solo tomes una cerveza, tu cerebro ya lo nota

Aunque cada vez somos más conscientes de los peligros del alcohol, tendemos a minusvalorar sus efectos, especialmente cuando solo tomamos una copa. El clásico “no os preocupeis, que solo he tomado una cervecita: ya llevo yo el coche”, esconde un riesgo mayor del que creemos. Un estudio de la Universidad de San Diego, en California, acaba de concluir que una única bebida alcohólica ya tiene la capacidad de enturbiar nuestros procesos cerebrales. Es decir, que no hace falta beberse una botella de vino para tener dificultades al realizar determinadas acciones: con una copa bastaría.

Un solo cóctel puede enturbiar con nuestros procesos cerebrales.

El estudio se llevó a cabo con 18 bebedores sociales en buen estado de salud. Es decir, no se partía de grandes bebedores ni de personas con problemas de alcoholismo. Se les dividió en dos grupos: a los sujetos de uno de ellos se les dio un cóctel, con alcohol mientras que a los del otro grupo se les dio un zumo de naranja, que actuaba como placebo.

Tras ello, tuvieron que completar una tarea en un ordenador, en la que debían presionar un botón para relacionar colores en la pantalla mientras se enfrentaban a distracciones como figuras falsas, por ejemplo. Los investigadores midieron su tiempo de reacción y su precisión y ahí fue donde surgieron conclusiones interesantes.

Mientras completaban la tarea, se escanearon las ondas cerebrales de los participantes con un magnetoencefalógrafo que era capaz de evaluar sus ondas beta y sus ondas theta. Las ondas beta juegan un papel importante en el control de nuestros movimietos, mientras que las theta influyen en las decisiones que tomamos.

Con una sola cerveza…. sí pasa algo.

El estudio demostró que una única bebida es incapaz de afectar las ondas beta, pero sí las ondas theta. Los que habían tomado el cóctel vieron reducida la frecuencia de las ondas theta a casi la mitad respecto a los que habían tomado el zumo de naranja. Esto derivó en que se redujera en un 5% su precisión en la tarea. La velocidad de reacción seguía siendo la misma, pero se veía reducido el nivel de acierto.

Según estos resultados, los investigadores concluyeron que, aunque solo tomemos una bebida alcohólica, esto influye en nuestra habilidad para tomar decisiones sin que nos demos cuenta. La ilusión de que seguimos estando completamente sobrios viene dada porque nuestras acciones físicas no se ven afectadas por el alcohol, con lo que creemos que estamos tomando las decisiones adecuadas.

Al pensar en posibles acciones cotidianas que se puedan ver afectadas, un ejemplo puesto por los investigadores fue el de la conducción. Aunque muchas de las acciones que llevamos a cabo mientras conducimos son automáticas, la parte cognitiva juega un papel importante cuando surgen imprevistos como un coche que nos sale al paso o un peatón que nos obliga a frenar bruscamente. En ese caso, nuestra capacidad de reacción, aunque solo hayamos tomado una bebida, se ve reducida y nos pone en peligro. La próxima vez que digamos aquello de “si solo me he tomado una”, habrá que pensárselo dos veces antes de ponernos al volante.