Unas audaces esculturas urbanas convierten la City en un centro cultural

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Londres, 22 jun (EFE).- Un sandwich gigante de cemento, casitas para pájaros en forma de frutas tropicales que cuelgan de los árboles o caracoles con extremidades humanas son algunas de las ingeniosas esculturas callejeras que desde este miércoles transforman la City de Londres en un centro cultural.

El distrito de las finanzas, situado en el este de la ciudad, acoge durante los próximos doce meses la 11ª edición de "Esculturas en la City", veinte obras de arte público, doce de ellas nuevas, de artistas británicos y extranjeros conocidos y emergentes y que se ubican en los puntos más emblemáticos del antiguo Londinium.

"Es un proyecto artístico alegre y divertido, un parque escultórico siempre en evolución y cambiante en una parte de Londres única", dijo hoy en la presentación a la prensa la directora de la iniciativa, Stella Ioannou.

"Somos privilegiados y afortunados de trabajar en una zona con una identidad tan fuerte", añadió.

OPTIMISMO EN UN MUNDO CONVULSO

Ioannou destacó que, tras la pandemia, se ha buscado que las piezas expresen optimismo, además de ajustarse a la variada arquitectura del barrio, que combina los rascacielos de bancos y aseguradoras con viejas iglesias y monumentos.

Para disfrutar de la colección, se puede reservar un paseo guiado y consultar una aplicación gratuita, en un intento por atraer a más turistas y londinenses a la "milla cuadrada", que ha quedado algo vacía después de la crisis sanitaria.

James Goldsmith, directivo de la gestora de fondos Axa, confiesa durante el acto que cada mediodía baja a comerse su bocadillo en el "Sandwich" de Sarah Lucas, en un ejemplo, dice Ioannou con buen humor, de cómo la elite y el proletariado se mezclan gracias a una obra de arte que es un homenaje al más humilde de los almuerzos.

A pocos metros de esta escultura, cerca de la capilla de Santa Helena, se erige "Summer Moon", de Ugo Rondinone, un olivo sin hojas de aluminio esmaltado en blanco, que alude simultáneamante "a la vida y la muerte".

Mientras, en el mercado de Leadenhall, Emma Smith proclama en un mismo neón que "Todos somos uno" y "Todos estamos solos", lo que llama la atención de un limpiabotas que espera paciente a que le llegue algún cliente.

Unos pasos más adelante aparece el colorido "Bloom paradise" de la taiwanesa Jun T. Lai, unas flores enormes que recuerdan a un parque infantil y que, según la creadora, simbolizan "esperanza y amor" en un mundo convulso.

LA CITY SE SACA EL CORSÉ

Una de las esculturas más impactantes, que contrasta con el gris utilitario de las fachadas colindantes, es "The Granary", de Jesse Pollock, que reproduce en brillante acero teñido de color caramelo, uno de los graneros aún existentes en su pueblo en el condado inglés de Kent.

"Cosmos", de Eva Rothschild, y "Miss", de la irlandesa Emma Louise Moore, son otras dos obras que amenizan el tránsito por las calles de la City, esta última ofreciendo un juego de luces y sombras a medida que el sol hace su recorrido.

En declaraciones a Efe, Simon Glynn, responsable de urbanismo de la Corporación de la City de Londres, el ayuntamiento del distrito, reconoce que el barrio de las finanzas debe ampliar su atractivo para mantener su poderío.

"Aspiramos a convertirnos en un centro cultural, que atraiga no solo a los empresarios y directivos de las grandes multinacionales sino también a personas de otros vecindarios", dice. Admite que, para ello, "es importante crear un ambiente que no intimide".

A causa del teletrabajo, la City solo ha recuperado en torno al 65 % de sus antiguos inquilinos, y muchos empleados solo van a la oficina sobre todo entre martes y jueves, lo que significa que hay que buscar reclamos "para todos los días de la semana", explica.

Además de su singular ruta escultórica, el Londres romano alberga otras joyas culturales, como el centro Barbican de exposiciones y conciertos, el Museo de Londres o la catedral de San Pablo.

Glynn explica que el consistorio se da de cinco a diez años para comprobar si la apuesta por la cultura consigue asegurar el estatus mundial de la "milla cuadrada". "Una década no es mucho tiempo, nosotros contamos en siglos", afirma.

Judith Mora

(c) Agencia EFE

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