'Física o química: El reencuentro' me inunda de nostalgia pese a no ser lo que esperaba

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Por Alberto Cano.- El 4 de febrero de 2008 abría sus puertas el Colegio Zurbarán. Física o química llegaba a nuestras pantallas reuniendo a más de tres millones y medio de espectadores y amasando un 20,9% de share. Antena 3 encontraba uno de sus productos estrella mientras Yoli, Fer, David, Ruth, Gorka, Paula, Cova, Cabano, Julio o Yan entraban en nuestras vidas, conectaban con los problemas que nos asolaban a los que fuimos adolescentes en aquella época y nos ofrecían jugosas tramas de amoríos y enredos que marcaron a toda una generación de espectadores.

Fuente: Instagram/foqelreencuentro
Fuente: Instagram/foqelreencuentro

La nostalgia sobrevuela por nuestros días, y si Atresmedia había decidido recuperar series como El internado, Los hombres de Paco o Los protegidos, pues Física o química no iba a quedarse atrás. De cara a potenciar el servicio de suscripción de pago de Atresmedia Premium, el grupo mediático apostaba por Física o química: El reencuentro, una continuación de la serie original que iba a reunir a los personajes nueve años después de la emisión de última temporada. Esto me planteaba las siguientes cuestiones: ¿Cómo podría funcionar Física o química hoy en día? ¿Volvería todo su reparto? ¿Conectaría con las incertidumbres que en la actualidad sobrellevan los que en antaño fueron espectadores de la serie? ¿O sería simplemente una reunión nostálgica?

En mi mente, el regreso de esta ficción creada por Carlos Montero a final de la década de los 2000 pasaba por abrazarse a un tono maduro, por abordar la vida adulta desde una visión nostálgica de la adolescencia o por reencontrarse con unos personajes que se enfrentan a los desafíos de la madurez en la actualidad. Sin embargo, el enfoque ha estado bastante alejado de estas propuestas, siendo un reencuentro que vira hacia el camino fácil de la añoranza y de recuperar el tono, los conflictos y enredos amorosos de los capítulos originales. Lo cual no es realmente un problema, puesto que, gracias a un manejo excelente de la nostalgia, esta miniserie de dos episodios funciona como un cohete, pero deja una sensación agridulce de que podría haber ido mucho más allá.

En su día, Física o química empezó pareciéndome una serie excesiva en su retrato de la adolescencia, pero, poco a poco, me fui percatando que lo que mostraba en pantalla no estaba nada alejado de la realidad que mi yo adolescente veía a su alrededor. Tal vez esa fuera la razón por la que me enganché de forma tardía gracias a las reposiciones en Neox, pero, de igual forma, me sentí tocado por ver una representación en pantalla de esos problemas por los que decidí alejarme de mi grupo de amigos de aquel entonces, por ver una representación veraz de la homosexualidad en pantalla gracias a los personajes de Fer o David o por obtener ciertas lecciones importantes sobre la sociedad.

Por esta razón, esperaba que este reencuentro diera representación a los problemas que nos asolan a los jóvenes hoy en día a la hora de enfrentarnos a la vida adulta, tales como la inestabilidad laboral, la falta de oportunidades, un bajo poder adquisitivo, inseguridades, arrepentimiento por decisiones pasadas,… Y en cambio, lo que ofrece es una visión demasiado idealizada de las vidas de sus personajes: Yoli es una empresaria de éxito, Cova tiene un puesto importante en el Ministerio de Igualdad, Paula es actriz, Alma es una reconocida influencer, Jan es ilustrador de Marvel y Cabano es un policía que participa en intensas persecuciones y redadas. El único que rompe esta normativa es Gorka, quien trabaja como camarero y a quien la serie le pinta su situación como de fracaso vital.

Es difícil, sino imposible, sentirse identificado con los personajes y sus situaciones como sucedió en la serie de 2008, y es aquí donde se encuentra uno de los puntos más flojos de este reencuentro. No obstante, también cabe preguntarse si Física o química: El reencuentro hubiera podido funcionar dentro de este enfoque más maduro que he echado de menos, puesto que, el espectador que se acerca a ver esta miniserie de dos episodios, lo que busca es el tono desenfadado, los líos y enredos de los episodios originales. Y eso es algo que ha seguido intacto. Y no hay más que ver las reacciones en redes sociales para percatarse que todos los fans han quedado encantados con el resultado. Y es que, pese a mostrar esa visión tan idealizada de la vida adulta, el cariño hacia los personajes y sus historias pasadas consigue imponerse, porque, como bien he comentado, si hay algo con lo que sabe jugar muy bien este nuevo producto televisivo es con la nostalgia.

Y aquí también surge otro problema, que, más que a la serie, es aplicable a todo el consumo audiovisual actual, y es que hoy en día los espectadores estamos estancados en el pasado revisitando encantados una y otra vez los mismos productos. Y, sobre todo cuando se trata de series o películas míticas, como aquí es el caso de Física o química, somos muy reacios a aceptar cualquier mínimo cambio sobre aquello que disfrutamos antaño. Tal vez por esto hubiera sido un gran riesgo desprender al reencuentro de la esencia de la serie original, aunque tal vez también hubiera sido posible encontrar un equilibrio entre esa madurez que me ha faltado en sus tramas y el desenfreno de los capítulos emitidos una década atrás.

Pero voy a dejar de comentar sus defectos para centrarme en sus virtudes, porque, aunque me ponga exquisito, no puedo negar el hecho de haber disfrutado con este regreso de Física o química. Y es que, aparte de su enfoque nostálgico, tiene los suficientes elementos como para encandilar a cualquier amante de la ficción televisiva española gracias a sus numerosas y disfrutables referencias metatelevisivas.

Se recuerdan hechos como el famoso error del bucle de “me quemaría por dentro”, se realizan guiños a series como Compañeros o Élite y se mencionan aspectos de la vida real de sus actrices y actores. Por ejemplo hay referencias a Angy en La llamada o una mención a que el personaje de Úrsula Corberó está en Tokio (por su personaje de La casa de papel), entre muchos otros. Y al final, pese a haberme acercado a Física o química’ el reencuentro buscando algo que no he encontrado, me ha sido imposible no caer rendido ante su propuesta. Sus tramas funcionan como un reloj, sus intérpretes están pletóricos recuperando a sus antiguos personajes y sus situaciones y escenas desprenden cariño y emoción por todos los costados.

Y es que Física o química: El reencuentro es una fiesta. Una celebración que nos invita a recordar el pasado, a abrazarnos a él, a reencontrarnos con viejos amigos y en la que terminas levantándote del sofá pletórico para entonar a pleno pulmón la sintonía de la serie tras dos capítulos que son puras dosis de nostalgia.

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Imagen: Instagram/foqelreencuentro