'Atlantis', la joya arriesgada de Disney que pide un remake a gritos

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A pesar de las dificultades que plantea la pandemia, la maquinaria de Disney sigue a la máxima potencia. Con un catálogo de fondo tan inagotable y las propiedades más populares del mundo bajo su techo, el estudio tiene una mina de oro que no está dudando en explorar (y explotar) a fondo, reciclando glorias del pasado para los nostálgicos y las nuevas generaciones.

Los remakes en acción real se han convertido en una de las mayores bazas de la compañía, y tras el éxito de La Bella y la Bestia, El Rey León o Aladdin o las precuelas de Maléfica y Cruella, cualquier clásico animado de la factoría Disney puede transformarse en una taquillera superproducción de carne y hueso. Eso sí, mientras esperamos los remakes de La Sirenita o Hércules (que están en marcha), los fans más acérrimos de Disney tenemos claro cuál es la película de animación que más merece su propio live-action: Atlantis: El imperio perdido.

Cartel de 'Atlantis: El imperio perdido' (Disney)
Cartel de 'Atlantis: El imperio perdido' (Disney)

Este año se cumplen dos décadas de uno de los mejores años para el cine moderno: 2001. Hace poco dediqué un homenaje a la espectacular cosecha fílmica que nos dejó aquel año, pero hay un título en concreto al que le debía un texto aparte, y ese es el clásico animado número 41 de Disney; una película con la que el estudio rompió el molde que había creado para sí misma, saliéndose de la fórmula establecida que la había encumbrado a lo más alto durante los 90 para explorar nuevos terrenos e ideas. El éxito no fue el esperado, pero Atlantis se acabó convirtiendo en un símbolo generacional para muchos espectadores.

Atlantis inauguraba una nueva década después del reinado absoluto de Disney en los 90 y se presentaba con varias novedades que rompían la “línea editorial” del estudio hasta ese momento. Con La Sirenita, La Bella y la Bestia, Aladdin, El Rey León o Hércules, la compañía atravesó lo que se conoce como su Renacimiento, época comprendida entre 1989 y 1999 en la que cada estreno se convertía en un éxito y acontecimiento cultural a nivel global. Y todas estas películas tenían algo en común: eran musicales.

El cambio de siglo no fue muy benevolente con Disney. Ni con la animación tradicional en general. El avance del cine realizado por ordenador tras el estreno de la revolucionaria Toy Story obligó a los estudios a buscar nuevas ideas y formatos para tratar de preservar el arte de la animación 2D. Y de esa búsqueda nacieron películas que se desprendían de las normas que había implantado Disney, conformando una remesa de propuestas originales, diferentes y en muchos casos comercialmente fallidas: El emperador y sus locuras, Lilo & Stitch, El planeta del tesoro y nuestra protagonista de hoy, Atlantis. Y no solo en Disney, sino también en su rival DreamWorks, experimentando con La ruta hacia El Dorado o Simbad: La leyenda de los siete mares, mientras Shrek contribuía a ese salto definitivo al 3D, en Warner Bros. con El gigante de hierro o en Fox con Titán A.E.

Pero centrémonos en Atlantis, que es a lo que hemos venido. Como decía, con ella, Disney tiró por la ventana todas sus reglas. Atlantis no era una aventura musical protagoniza por príncipes y princesas (aunque sí tenía una princesa, pero en ese tema entraré más adelante), sino una cinta de acción y aventura sin canciones y con un estilo de animación completamente distinto a sus predecesoras. Inspirándose en las obras de Julio Verne (principalmente Viaje al centro de la Tierra) y tomando prestadas un par de páginas de la saga Indiana Jones, la película nos llevaba en una peligrosa expedición a comienzos del siglo XX en busca de la ciudad perdida de la Atlántida. Nada de mascotas parlanchinas o baladas románticas, pura acción y ciencia ficción retro.

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Atlantis es una clara representante de ese periodo de transición entre la animación tradicional dibujada a mano y el CGI. De hecho, es la película de Disney que más animación por ordenador había incluido hasta la fecha, reflejo del interés creciente del público en este novedoso estilo. Visualmente contó con los diseños del reputado artista de cómics Mike Mignola (creador de Hellboy), que la desmarcaron del preciosismo amable de las películas anteriores de la compañía, dándole un toque más adulto, y elevó las dosis de acción como nunca antes se había visto en la animación Disney (según cuentan, el equipo en el rodaje llevaba camisetas que decían “Atlantis: menos canciones y más explosiones”). Pero no solo eso, sino que el film también se diferenció con un protagonista alejado del canon masculino (Milo no es el clásico héroe fornido, sino un tipo flaco, tímido, inteligente y con gafas) y un plantel de secundarios a cada cual más pintoresco con los que desafiaba más de un estereotipo.

Atlantis también cuenta con su propia princesa, pero es muy diferente a las que habíamos visto hasta entonces. Kida es una de las mejores representaciones femeninas de Disney hasta ese momento, precursora de heroínas actuales como Vaiana o Raya. Princesa guerrera y futura reina que lidera a su pueblo con valentía e integridad, pero que, por algún motivo (sospecho que el fracaso de la película), nunca fue incluida oficialmente en el canon de “Princesas Disney”, siendo completamente ignorada por el estudio. Una injusticia que los fans de Atlantis no se cansan de señalar.

Si Atlantis fue relegada a un segundo plano por Disney es porque su rendimiento en taquilla fue de todo menos estelar. Con un elevado presupuesto de entre 90 y 120 millones de dólares, la película recaudó 186 millones en todo el mundo (157 en euros, sin contar inflación; BoxOfficeMojo), apenas suficiente para cubrir los gastos. El fracaso de la película llevó al estudio a cancelar una serie spin-off y una atracción acuática de Disneyland basada en ella (aunque más adelante daría luz verde a una infame secuela en vídeo). El recibimiento de la crítica y el público fue más bien tibio, con unos aplaudiendo su carácter rompedor y otros echando de menos a la Disney de la década anterior.

Lo cierto es que con ella, Disney se arriesgó mucho. Después de llegar a lo más alto con una fórmula de éxito comprobado, decidieron experimentar con un enfoque más adulto y el público no respondió. La decepción que supuso fue uno de los clavos en el ataúd de la animación tradicional en Disney, con Hermano Oso y Zafarrancho en el rancho conduciendo al cierre definitivo de su estudio de animación en Florida y la conversión de Walt Disney Feature Animation a un estudio 100% CGI. Un antes y un después en la historia de la animación.

Claro que, como ocurre muchas veces, tras su fracaso inicial, Atlantis se fue transformando con el tiempo en una película de culto. Es más, se puede decir que, a día de hoy es, junto a su hermana El planeta del tesoro, una de las películas de Disney más queridas y reivindicadas por la generación que creció entre los 90 y la primera década de los 2000. Su fusión de aventura clásica, personajes memorables y su estilo distintivo y lleno de personalidad la convierten en una joya infravalorada e imperecedera. Y también en una de las candidatas principales del público a recibir el tratamiento de la acción real, deseo que se ha acrecentado al cumplirse su vigésimo aniversario.

Desde que Disney empezó a producir remakes como churros, el rumor de que el estudio está preparando una nueva versión de Atlantis ha surgido varias veces. Sin embargo, nada se ha confirmado oficialmente y puede que solo sea un síntoma del deseo de sus fans. Lo cierto es que son muchos los que coinciden en que esta es la única película de Disney que merece un remake, ya sea porque Disney le debe la atención y el cariño que le negó en su día, o porque por su naturaleza de blockbuster de fantasía y acción, se podría traducir muy bien a la imagen real. Con los ejemplos de La búsqueda, Piratas del Caribe y ahora también Jungle Cruise, está claro que Disney sabría perfectamente cómo hacer un remake de Atlantis.

Si uno hace una búsqueda rápida por las redes sociales, comprobará que hay todo un movimiento a favor de que Disney haga dicho remake -en lugar de tantos otros reboots o secuelas considerados innecesarios-, y la mayoría tiene claro que debería estar protagonizado por (los omnipresentes) Tom Holland y Zendaya como Milo Thatch y Kida respectivamente. A Holland en concreto, que es plantilla de Disney gracias a su trabajo en Marvel como Spider-Man y no le hace ascos a una buena franquicia o superproducción, no le desagrada la idea. De hecho, el protagonista de Uncharted ya ha comentado en alguna ocasión que, de tener la opción de protagonizar un remake de Disney, su elección sería Atlantis.

Las declaraciones de Holland, junto al rumor periódico de que Disney estaría preparando el proyecto (siempre procedente de fuentes dudosas), no hacen sino aumentar las ganas de muchos, pero por ahora no está en los planes públicos del estudio. Puestos a especular, seguramente el fracaso original de la película es un factor importante para Disney a la hora de decidir si dar luz verde o no a un remake de uno de sus clásicos más (relativamente) desconocidos y ninguneados por ellos mismos. Porque sí, a los fans en Internet nos apasiona la idea, pero ¿es suficiente como para arriesgarse otra vez con lo que claramente sería una película de alto presupuesto?

En cualquier caso, si Disney nunca se atreviera a rehacer Atlantis en acción real, siempre tendríamos la opción de volver una y otra vez al clásico animado, una película cuya influencia en los espectadores es mucho mayor de lo que parece y que siempre destacará en la historia del estudio por simbolizar una etapa estimulante para la animación, así como un riesgo creativo que hace tiempo que desapareció. Como la Atlántida bajo el océano. Por supuesto, la película está disponible en Disney+.

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