La crisis de credibilidad global de las vacunas por un error de comunicación

Miguel Artime
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Personal sanitaria suministrando una vacuna. (Imagen Creative Commons - crédito: Christian Emmer).
Personal sanitaria suministrando una vacuna. (Imagen Creative Commons - crédito: Christian Emmer).

Mucha gente no quiere vacunarse con AstraZeneca, es un hecho. ¿Por qué? No dudo en que los responsables de la marca hayan ayudado involuntariamente, al fin y al cabo la vacuna desarrollada por Oxford y la farmacéutica anglo-sueca arrastra un halo de “gafe” casi desde el comienzo de las campañas de vacunación. Pero cuando uno habla de gafe, entra en el reino de las supersticiones, de lo metafísico, de las intuiciones. Así pues pongamos este hecho en suspenso por un momento.

Ahora repasemos otro hecho, en este caso irrefutable y científico, y por tanto que nos impele a reaccionar. El coronavirus se ha convertido en un enorme problema de salud a escala global. En estos momentos y según las cifras oficiales en el mundo han muerto 2.750.000 personas. Seguramente la cifra está muy por debajo de la realidad, en vista de los datos derivados del exceso de mortalidad, pero démosla por buena.

Ahora sigamos con más hechos rigurosos, objetivos. La vacuna de AstraZeneca reduce el potencial de transmisión del covid un 67% después de la primera dosis, y su eficacia asciende al 82,4% tras la segunda dosis (si ambas se espacian 12 semanas).

Prosigamos. Hasta el momento nada indica que la vacuna sea peligrosa, o que las escasas muertes que se investigan a causa de la trombosis de senos venosos del cerebro, sean una consecuencia de la administración de la vacuna. No obstante, el caso sigue en estudio y la EMA no se ha pronunciado de forma definitiva.

Comparativa de confianza en las tres vacunas aprobadas en Europa tras la crisis de los trombos. (Imagen vista en Chartipedia).
Comparativa de confianza en las tres vacunas aprobadas en Europa tras la crisis de los trombos. (Imagen vista en Chartipedia).

A pesar de la desconfianza del público en la marca, que puede apreciarse perfectamente en la gráfica superior, la mayoría de los países europeos han vuelto a vacunar con AstraZeneca. Ayer mismo se reinició la campaña en nuestro país, una buena noticia que se ha logrado a pesar del linchamiento al que se ha visto sometido AstraZeneca.

Y todo por una secuencia enorme de errores de comunicación provenientes de todas partes. Hablo de mensajes erróneos lanzados por políticos, medios de comunicación, órganos reguladores y sí, también por la propia farmacéutica. De hecho acabamos de ver como un órgano de control estadounidense ha alertado de que los estudios con los que la marca pretende obtener el visto bueno de la FDA incluyen datos desactualizados.

El refranero popular español tiene una frase maravillosa para estos casos: “entre todos la mataron y ella sola se murió”. Y es una verdadera lástima porque ahora toca resucitarla, y va costar un mundo. Las cifras indican que la desconfianza a la seguridad de los viales de AstraZeneca ha crecido entre los europeos del 25 al 52% en un solo mes.

Y como sabemos, la seguridad es un aspecto central en los programas de vacunación. Cuando un país descubre una señal que puede afectar a la seguridad de las vacunas se enfrenta a un gran dilema: suspender el programa mientras se investiga una posible relación causa-efecto (que es lo que han hecho muchos países, España incluida, a raíz de la alerta por trombos) o seguir vacunando a la población entre temores de daños potenciales.

No es algo que podamos echar en cara a nuestros dirigente, siempre que la incertidumbre hace su aparición, los responsables de la toma de decisiones son más proclives a aceptar los daños por omisión (no vacunar) que los daños por comisión (vacunar).

Es lo que se conoce como sesgo de omisión, y en psicología se suele explicar precisamente con el dilema del padre que debe decidir si vacunar a sus hijos o no. Imaginad una enfermedad mortal que afecta a uno de cada 100 niños. Existe una vacuna que reduce a 0% la probabilidad de que el niño muera, aunque al mismo tiempo, existe una probabilidad del 0,5% de que la vacuna genere problemas serios en el niño, y que este muera debido a esos efectos adversos. ¿Vacunarías a tu hijo sí o no? Los estudios muestran que casi un 50% de los padres encuestados prefiere no vacunar a su hijo, aunque eso suponga aceptar que la probabilidad de que mueran será del 1% en lugar del 0,5% si les vacunasen.

La razón para esta decisión ilógica se explica fácilmente, hay padres que no se perdonarían que su hijo muriese a causa de la vacuna, porque la decisión de ponérsela la tomaron de ellos. Por el contrario si el niño muere a causa de la enfermedad, siempre podrán culpar a la naturaleza.

Mientras buena parte de los europeos pecábamos de omisión, los ingleses optaron por la comisión (o acción) y el resultado es que hoy en España apenas el 5% de la población ha recibido la pauta completa, y algo más del 9% ha recibido al menos una dosis. En Reino Unido en cambio, el 42,99% de la población ha recibido al menos una dosis, entre ellos Boris Johnson, quien decidió por cierto vacunarse con AstraZeneca para dar ejemplo. ¿No te toca hacer algo parecido Pedro?

En efecto, tal vez los gobiernos e incluso la EMA han pecado de exceso de celo. Tal vez los medios de comunicación hemos hecho también demasiada incidencia en los posibles inconvenientes, omitiendo o minusvalorando los beneficios tangibles y reales. En un asunto tan serio y con tantas vidas en juego, sin duda todos deberíamos haber sido mucho más cuidadosos, porque un paso en falso – ahora lo vemos – puede tener consecuencias desastrosas.

Así han vacunado hasta el momento algunos países. (Crédito imagen chartipedia).
Así han vacunado hasta el momento algunos países. (Crédito imagen chartipedia).

La cuarta ola se abate sobre nosotros, y aun así mucha gente ha decidido rechazar los viales de AstraZeneca y esperar a que las autoridades sanitarias les faciliten una alternativa. Un error que, al contrario de lo que hemos visto en el ejemplo del sesgo de omisión (en el que las diferencias porcentuales a las que se enfrentaba el padre en su dilema eran minúsculas) nos enfrenta a un desequilibrio probabilístico gigantesco.

Antes de vacunarte, las probabilidades de infectarte dependen del nivel de seguridad que asumas en tu protección, pero también de la que se proporcionen las personas con las que tienes relación, dato este último sobre el que no tienes ningún control.

Si te infectas, la probabilidad de morir dependerá de muchos factores, entre los que destaca la edad. Durante la primera ola, por ejemplo, el 62% de los pacientes de más de 80 años falleció. Esa variable, tu edad, también está más allá de tu control.

Hay algo en cambio que si depende de ti, y que puede definir tu probabilidad de supervivencia. Se llama vacuna, y sí, AstraZeneca puede hacer que si tienes la mala suerte de infectarte, superes el covid de forma asintomática y sin poner en peligro tu vida. La eficacia ya la he mencionado antes, pero la repito: 82,4% tras la segunda dosis.

No somos perfectos, y los errores de comunicación que hemos visto en todo este asunto lo dejan patente. Pero en este asunto hay que procurar no equivocarse y echar mano del sentido común. ¿Recuerdas las vueltas que le diste a todo cuando tuviste que pedir tu primera hipoteca? Pues ha llegado el momento de que vuelvas a actuar exactamente igual. Déjate llevar por las matemáticas y elije el mejor interés.

Bastante problema tenemos con la falta de dosis disponibles.

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