El asesinato real que inspiró Fargo, el clásico de los hermanos Coen

Desde que Alfred Hitchcock se inspirase en los crímenes del asesino de Wisconsin Ed Gein para crear una de sus mayores obras maestras, Psicosis, la literatura y la cultura audiovisual no han dejado de contarnos historias sobre los psicópatas y asesinos que se encuentran a nuestro alrededor sin que lo sepamos.

En los últimos años, el true crime se ha convertido en uno de los géneros predilectos de la audiencia, sobre todo gracias al auge del streaming. Las series, películas y documentales que reconstruyen crímenes reales o se adentran en la mente de asesinos en serie para tratar de descifrar sus monstruosos comportamientos han abundado, sobre todo en Netflix. Sin embargo, mucho antes del éxito de Making a Murderer, Amanda Knox, The Keepers, Conversaciones con asesinos: Las cintas de Ted Bundy (o su recreación en forma de película con Extremadamente cruel, malvado y perverso), Mindhunter, Creedme o Así nos ven, entre tantas otras, nos llegó un caso concreto que sirve de precedente al boom del true crime y dio mucho que hablar. No solo por la naturaleza escabrosa del crimen, sino también por la ambigüedad con la que sus directores trataron el tema, haciendo dudar al espectador de si se trataba de hechos reales o por el contrario era una obra enteramente de ficción. Estamos hablando de Fargo, de Joel y Ethan Coen, una de las películas más aclamadas de los 90.

(© 1996 Metro-Goldwyn-Mayer Studios Inc. All Rights Reserved.)

El film ganador de dos premios Oscar comienza con un rótulo que especifica lo siguiente: “ESTA ES UNA HISTORIA REAL. Los hechos relatados acontecieron en Minnesota en 1987. A petición de los supervivientes, se han cambiado los nombres. Por respeto a los muertos, el resto se ha contado exactamente como ocurrió”. El mensaje no dejaba lugar a dudas, estábamos ante una película basada en hechos reales. Sin embargo, cuando llegaban los créditos finales, nos encontrábamos con el típico texto que avisaba que “las personas y acontecimientos retratados en esta obra son ficticios. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, es coincidencia”. Evidentemente, esta contradicción provocó la confusión en los espectadores, que empezaron a dudar de la veracidad de los hechos mostrados en la película.

Ante la incertidumbre provocada por esta discrepancia, los cineastas hicieron referencia al tema en múltiples ocasiones, pero lejos de aclararlo, crearon aun más confusión. Tras el estreno del film en 1996, Ethan Coen declaró a The Dispatch que la historia era “mayoritariamente verdadera”, aunque explicó que los asesinatos no habían acontecido en Minnesota, sino en otro lugar sin especificar. Durante un tiempo se creyó que la cinta estaba inspirada en T. Eugene Thompson, un abogado de Minnesota que fue acusado de contratar a un hombre para matar a su mujer en 1963 cerca de St. Louis Park, precisamente donde los Coen crecieron. Pero los directores aseguraron no haber oído nunca hablar de Thompson.

En un posterior intento de aclarar el asunto, los Coen afirmaron que la película protagonizada por la oscarizada Frances McDormand se había basado en un crimen real, pero que en lugar de reconstruirlo, tomaron la idea y construyeron una historia ficticia a su alrededor. En una entrevista con Time Out (tal y como recoge MTV), Joel Coen explicó que no estaban interesados en ser muy fieles a la realidad. En sus palabras: “Los acontecimientos básicos son los mismos que los del caso real, pero las caracterizaciones son completamente ficticias… Si la audiencia cree que algo está basado en un hecho real, te da permiso para hacer cosas que de otra manera no aceptarían”. Los directores han mantenido esta versión en varias ocasiones, explicando que la historia y los personajes son ficticios pero el crimen se inspira en la realidad.

No obstante, la versión de los Coen ha cambiado varias veces, añadiendo más incertidumbre al asunto -y un halo surrealista de confusión muy adecuado para la película de la que se trata. En 2015, tras la muerte de T. Eugene Thompson, Joel contradijo sus previas declaraciones asegurando a The New York Times que “la historia es completamente inventada. O como nos gusta decir, lo único cierto es que es una historia”. Los propios protagonistas de la película, William H. Macy y Peter Stormare, obtuvieron versiones contradictorias por parte de los directores. En un documental de 2003 sobre el film, titulado Minnesota Nice, Macy relató que poco después del rodaje, los Coen le dijeron que todo era “un invento”, ante lo cual el actor expresó su preocupación, ya que de ser así, el rótulo inicial era engañoso según su opinión. Stormare, por su parte, sostiene que los Coen se inspiraron en las diferentes historias que oyeron de pequeños en Minnesota y que unieron en un solo caso para la película.

(© 1996 Metro-Goldwyn-Mayer Studios Inc. All Rights Reserved.)

Entonces, ¿cuál es la verdad? Según algunos, esta se encuentra en la edición especial en DVD de la película, donde se incluye otra versión de los hechos. Acorde a la edición, la película está inspirada en el escabroso asesinato de Helle Crafts, una asistente de vuelo danesa que murió en 1986 a manos de su marido, un piloto llamado Richard Crafts. La muerte de la mujer dio lugar a la primera condena por asesinato sin el cadáver de la víctima en Connecticut. Y aquí es donde nos encontramos con el oscuro detalle que relaciona el caso con la película de los Coen: Richard se deshizo del cuerpo de su mujer con una picadora de madera, tal y como ocurre en una de las escenas más icónicas de la película.

La historia de Helle Crafts tuvo lugar en la localidad de Newtown, Connecticut, donde esta vivió con su marido y tres hijos. En 1985, Helle descubrió que Richard había tenido varias aventuras extramatrimoniales y contrató a un investigador privado para que lo siguiera, obteniendo fotos de su marido besando a otra asistente de vuelo. A finales de 1986, unos amigos dejaron a Helle en casa tras un largo vuelo a Frankfurt, y desde entonces no volvieron a verla. A la mañana siguiente, tras una noche de tormenta de nieve, Richard fue con sus hijos a casa de su hermana. Helle no estaba con ellos. El hombre trató de justificar su ausencia con varias mentiras, hasta que se la dio por desaparecida oficialmente. El temperamento agresivo de Richard había llevado a Helle a advertir a varios conocidos que, si algo ocurría, no pensaran que había sido un accidente. Tras una larga investigación, se concluyó que Crafts había asesinado a su mujer golpeándola en la cabeza, había metido su cuerpo en un congelador y posteriormente la había descuartizado con una sierra mecánica para finalmente desintegrarla en una trituradora de madera.

En 2016, coincidiendo con el vigésimo aniversario del estreno de Fargo, los Coen por fin desvelaron la verdad (o eso pensamos). En una entrevista con The HuffPost, los realizadores volvieron a insistir en que la mayor parte de la historia es ficticia (“Queríamos hacer una película dentro del género de las historias verdaderas y no tienes que tener una historia verdadera para hacerla”), pero identificaron dos hechos reales en los que se inspiraron para escribirla. Por un lado, la historia de un hombre que estafó a la compañía General Motors entre los 60 y los 70 falseando números de serie, tal y como hace el personaje de William H. Macy en la película. Y por otro, el macabro caso de Helle Crafts y la trituradora de madera.

Si estáis confundidos después de esta historia, no os preocupéis, es normal. Tras más de dos décadas y a pesar de que técnicamente sus directores han aclarado el asunto, el misterio alrededor de Fargo sigue vivo, sobre todo gracias a la serie de antológica que continúa su espíritu en televisión desde 2014. La ficción creada por Noah Hawley, cuya cuarta temporada está en desarrollo, empieza todos sus capítulos con el mismo mensaje explicando que lo que se cuenta en ella está basado en hechos reales –aunque no sea verdad. De esta manera, Hawley alimenta la leyenda de la película original y de lo que ya es una franquicia establecida. Como ocurre en el clásico del 96, la serie utiliza el género true crime como herramienta narrativa, mezclando ficción y realidad para jugar con el espectador. De hecho, Fargo, la serie, también es un collage de ideas originales y elementos basados en acontecimientos reales. Pero eso es otra historia.

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