El Barça juega tan mal que hasta Arturo Vidal se da cuenta

Arturo Vidal se lamenta en el campo. Foto: David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images.

¡Qué mal jugaba el Barça de Llorenç Serra Ferrer!  Aún tengo el 0-0 ante el Liverpool de Gerard Houllier - otro fino estilista- clavado en la memoria como el mayor detritus futbolístico que he presenciado en directo jamás en el Camp Nou. 

Bien.

De aquel equipo formaban parte - no solo eso sino que muchos eran presentados como fichajes estrella- nombres como los de Alfonso, Petit, Gerard, Dani o la sombra de la sombra de lo que un día fue Marc Overmars.

¡Cuántos golpes dolorosos nos dio el Barça que entrenaba Charly Rexach!

Cierto.

En sus filas estaban Rochemback, Geovanni o la gran respuesta del Barça a la llegada de Zidane a Madrid y el hombre que más locura ha desatado jamás en el Aeropuerto del Prat (créanme, yo estuve allí y vi peligrar mi integridad): el conejo Saviola. Bajo palos formaba Dutruel, con el que atisbamos alguna pequeña diferencia respecto a Marc-André Ter Stegen.

Llegamos al gran nombre. El que todos ustedes tienen en mente al leer los párrafos anteriores e intentar vislumbrar hacia dónde va todo esto. El Tata Martino. Imposible de superar en la lista de técnicos decepcionantes, me dirán. Coincidiremos en que de todos los anteriormente citados, Martino fue el que tuvo mejor plantilla. Aún así, se trata de un grupo claramente inferior al actual. Es necesario recordar que los acompañantes de Messi aquella temporada eran Pedro y Alexis. Independientemente del apego que pueda tener el aficionado a alguno de ellos, ambos están varias galaxias por debajo de Suárez o Griezmann. 

Ninguno de esos técnicos tuvo jamás al mejor futbolista de la historia sin estar cojo.  Ninguno de esos técnicos tuvo al mejor portero del planeta. Ninguno de esos técnicos tuvo a Griezmann, Suárez o De Jong. Ya sin mirar los nombres, tenemos dudas de si el Barça de Valverde, ese que viene de fallar cien pases - repetimos, un centenar- en Leganés (como ya hiciera en Praga) es el que peor juego ha desplegado de la historia reciente del club. Lo podemos discutir. En lo que nos pondremos de acuerdo muy rápido es en que es la etapa de la historia azulgrana en que peor fútbol se exhibe con mejores futbolistas disponibles. El mayor desperdicio de talento de todos los tiempos. El peor cesto, con los mejores mimbres posibles. 

¿Qué es un entrenador sino alguien que se dedica a intentar convertir los mimbres en cestos? ¿Qué dice de Valverde el hecho de que únicamente esta temporada, tres futbolistas hayan cuestionado públicamente sus planteamientos? Que un periodista trasnochado como el abajo firmante venga denunciando la mediocridad futbolística de este equipo desde hace años tiene el valor que tiene. Que lo hayan dicho abiertamente ante un micrófono pesos pesados del vestuario y mentes tan clarividentes como las de Gerard Piqué o Marc-André Ter Stegen, tiene mil veces más. Que el último en hacerlo sea alguien tan ajeno al estilo futbolístico del Barça como Arturo Vidal, debería disparar todas las alarmas.

El Barça juega tan mal y está tan lejos de lo que un día fue, que hasta Arturo Vidal se da cuenta.

Si Ernesto Valverde fuera un técnico extranjero o tuviera un punto de mala leche, el ambiente mediático sería irrespirable. Todos admiramos su elegancia y su bondad pero digámoslo claro: estamos premiando el carácter. Estamos juzgando y perdonando a un entrenador por los criterios con los que juzgarías a un yerno, no a un profesional que debe responder ante la exigencia del más alto nivel competitivo. 

No hablamos únicamente del juego, el fenómeno se extiende ya a las ruedas de prensa. Valverde es un pedazo de pan y uno de los seres más educados que ha dado el mundo del fútbol pero eso no puede hacer que pasemos por alto confesiones como la de que no trabaja el aspecto físico. Excusas como las del viento o el césped. Montañas de hierro quitadas a partidos inaceptables simplemente porque el marcador ha sonreído. O frases como la de hace quince días: “ser excesivamente ambicioso tampoco es bueno porque lleva a la frustración”. Un auténtico atentado a la profesionalidad. Un insulto a la exigencia. Puedo oír a Steve Jobs revolviéndose en su tumba desde aquí. Cualquier empresa o escuela de emprendedores que se precie recogerá esa frase como ejemplo de lo que NO se debe hacer en la vida.

Pese a todo lo dicho, el último culpable no es Valverde sino la persona que decide sobre Valverde. La situación en la clasificación es magnífica. La situación en todo lo demás es prácticamente imposible de empeorar. Ustedes lo ven. Nosotros lo vemos. No se engañen: el presidente del club también se da cuenta, solo que decide no actuar al respecto.

¿Que cómo lo sé? Muy fácil.

Porque hasta Arturo Vidal se ha dado cuenta.