La historia real de unos jóvenes que sobrevivieron en una isla desierta como en 'El señor de las moscas'

Es muy probable que conozcas El señor de las moscas, ya sea por la popular novela original de William Golding publicada en 1954, o por sus adaptaciones cinematográficas de 1963 y 1990. La historia se centraba en un grupo de niños abandonados en una isla desierta enfocándose sobre todo en sus intentos por autogobernarse, las tensiones del grupo, el individualismo y las confrontaciones entre lo racional y emocional.

Pues bien, has de saber que aquella tremenda narración tiene una contrapartida real e histórica. Existe en el mundo un grupo de jóvenes que vivieron una historia similar y los derechos para adaptarla al cine están siendo objeto de intensa disputa en Hollywood.

La adaptación de El señor de las moscas que dirigió Harry Cook, estrenada en 1990. (Imagen: Columbia Pictures)

Golding escribió una historia que se sacó de la galera, vendiendo decena de millones de copias de su novela en todo el mundo, pero ¿quién iba a decirle que una década más tarde un grupo de adolescentes viviría su propia versión de El señor de las moscas en una isla desierta del Pacífico?

La historia real, que tuvo lugar en 1965, salió a la luz a través de un artículo de The Guardian publicado el pasado 9 de mayo, titulado “El verdadero Señor de las moscas: qué sucedió cuando seis muchachos naufragaron durante 15 meses”, y desde entonces Hollywood está bombardeando al autor con peticiones para conseguir los derechos. Así lo aseguró el escritor Rutger Bregman en redes sociales: “Me están bombardeando con emails de productores y directores que preguntan por los derechos de la historia”. 

Estoy encantado de que los “chicos” del verdadero Señor de las moscas reciban por fin, después de 50 años, la atención que merecen” tuiteó.

El artículo de Bregman relataba las experiencias de seis adolescentes de Tonga que sobrevivieron durante 15 meses en la remota y desierta isla de ´Ata allá por 1965, tras robar un barco de pesca y tratar de navegar hasta Fiji (a unos 800 kilómetros de distancia). Los jóvenes estuvieron varados durante más de un año, hasta que un capitán australiano llamado Peter Warner notó algo extraño al bordear la isla cuando navegaba de regreso a casa.

Mirando a través de sus binoculares, vio parches quemados sobre los acantilados cuando de repente vio a un niño desnudo con cabello hasta los hombros. “Esta criatura salvaje saltó del acantilado y se sumergió en el agua y, de repente, más niños lo siguieron, gritando a todo pulmón” escribe el autor en su artículo tras entrevistar al capitán, hoy de 90 años. Los niños nadaron hasta él: "Somos seis y creemos que hemos estado aquí 15 meses" le dijeron.

El capitán avisó a la guardia costera que no daba crédito a la noticia. “¡Los encontraste! Estos muchachos han sido dados por muertos. Se han celebrado funerales. ¡Si son ellos, esto es un milagro!” le gritó el operador de radio.

Uno de los jóvenes, Mano, que hoy tiene 70 años, contó al periodista lo que pasó: eran un grupo de seis niños, Sione, Stephen, Kolo, David, Luke y Mano, todos alumnos de un estricto internado católico. El mayor tenía 16 años y el menor, 13, y los seis decidieron escapar a Fiji o incluso hasta Nueva Zelanda, por puro aburrimiento. Le robaron un bote a un pescador que odiaban llamado Taniela Uhila, y se preparon para la travesía con dos sacos de plátanos, unos cocos y un pequeño quemador de gas. Y así partieron en secreto, sin mapa ni brújula.

Estuvieron a la deriva durante ocho días sin agua ni comida, sobreviviendo con unos pocos peces que lograron pescar y agua de lluvia recogida en cáscaras de coco. Hasta que llegaron a la isla rocosa. El capitán Warner se quedó de piedra al ver cómo habían logrado mantenerse con vida en un lugar tan inhóspito, recurriendo al ingenio y la cooperación mucho mejor que los personajes de la novela. Habían creado un jardín de alimentos, habían utilizado troncos de árboles ahuecados para almacenar agua de lluvia, crearon un gimnasio, una cancha de bádminton, corrales de gallinas y tenían un fuego permanente. Todo conseguido con una hoja de cuchillo vieja. Y así vivieron allí durante 15 meses.

Se turnaban las tareas en grupos de a dos, y si discustían imponían un tiempo de distanciamiento para recuperarse. Cantaban y rezaban al empezar y terminar el día, y mantenían sus espíritus elevados con una guitarra improvisada con una pieza de madera flotante, media cáscara de coco y seis cables de acero rescatados de un barco que había varado allí un siglo atrás. El capitán todavía guarda con cariño ese instrumento musical.

Fueron rescatados el 11 de septiembre de 1966, dejando boquiabierto al médico que los revisó por el buen estado físico que tenían, incluso cuando uno de ellos se había roto una pierna. Pero el destino no les tenía deparada una cálida bienvenida. Los jóvenes fueron arrestados al bajar del barco de Warner por haber robado el bote 15 meses atrás y el dueño se negaba a retirar los cargos. Y así, al capitán se le ocurrió vender los derechos de la historia a la televisión australiana, pagar al dueño del barco y sacarlos de prisión. Y lo que sucedió después fue alegría y júbilo mientras que el capitán fue proclamado héroe nacional en Tonga. Tiempo después, Warner les hizo el regalo que esos jóvenes no habían logrado en su aventura, llevándolos con él en su próxima travesía por el mundo en su barco.

Sin dudas, se trata de una historia digna de una película hollywoodense que nos recuerda a otros incidentes reales que han despertado un gran interés mediático y cinematográfico, como el incidente de la mina San José en Chile donde en 2010 quedaron atrapados 33 mineros, y el rescate de los estudiantes en la cueva de Tham Luang (Tailandia) hace solo un par de años.

Como en esos casos anteriores, se ha abierto el debate sobre quién está más indicado para retratar este incidente. El neozelandés Taika Waititi señala que debería ser un cineasta polinesio quien asuma el proyecto, “para evitar apropiación cultural e interpretaciones erróneas, y para que la voz Pasifika siga siendo auténtica”:

El director de la oscarizada Jo Jo Rabbit concluye: “Probablemente yo no esté disponible”. 

Uno de los náufragos adolescentes, Sione Filipe Totau contó a The Guardian que aún no está preparado para contar toda la historia. “No quiero que nadie cuente mi historia completa hasta que publique un libro sobre ella, y así obtenga algunos beneficios para mis nietos”.

En respuesta a las preocupaciones por el supuesto beneficio que Warner habría obtenido de los derechos de la historia de los náufragos, Totau dijo: “Si no hubiese un señor Warner, nunca hubiéramos sobrevivido, sin él no estaríamos aquí para contar nuestra historia”.

Si el señor Warner hizo algún dinero con ello, buena suerte para él, es mi opinión. Le diría a todo el mundo que se callase, por favor”.

Por su parte, Deadline informa de que la agencia de ventas The Agency está registrando “un interés significativo para películas y series limitadas, por parte de figuras de la industria de EEUU, Reino Unido y otros territorios”, y que “los productores quieren los derechos de la historia, aunque algunos también exploran los derechos de la vida de los personajes implicados”.

Bregman revela a The Guardian que aún no ha tomado ninguna decisión. “Solo puedo decir que Sione, Mano, Tevita, Luke [los cuatro supervivientes de ´Ata], Peter Warner [el capitán que les rescatóy yo estamos colaborando y tomaremos una decisión juntos”.

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