El retrato sobre la ansiedad en la nueva serie de Apple TV+ es para quedarse pensando

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Apple TV+ sigue creciendo. La plataforma de streaming del gigante de la tecnología lleva en marcha desde hace casi dos años y su catálogo original todavía es uno de los más escasos del mercado, pero poco a poco se van sumando atractivas nuevas series a su oferta que están ayudando a ponerlo en el mapa. Está claro que Apple ha adoptado la filosofía de “calidad por encima de cantidad” y empieza a dar sus frutos.

Ted Lasso con sus 20 nominaciones a los Emmy, La costa de los mosquitos, Physical, ¡Schmigadoon!… Con alguna que otra excepción (la fallida La historia de Lisey), las ficciones de Apple se imponen por sus propuestas de calidad y a ellas se suma la nueva serie de Joseph Gordon-Levitt, Mr. Corman, tragicómico retrato de un profesor que aborda entre otras cosas la salud mental, la soledad y la ansiedad moderna desde la perspectiva millennial.

Fotograma de 'Mr. Corman' (Apple TV+)
Fotograma de 'Mr. Corman' (Apple TV+)

Quizá Joseph Gordon-Levitt no sea una de las mayores estrellas de Hollywood, pero sí es una presencia sólida en el mundo del cine, labrándose poco a poco una respetable carrera como actor y creador. El actor, que alcanzó la popularidad cuando era adolescente gracias a la sitcom Cosas de marcianos (3rd Rock from the Sun), tiene una filmografía ecléctica y nada desdeñable, con más de una película de culto en su haber: Mysterious Skin, Brick, (500) días juntos, Origen, El caballero oscuro: La leyenda renace, El juicio de los 7 de Chicago…; debutando además en la dirección de largometrajes con la notable Don Jon.

Mr. Corman era el siguiente paso natural en su carrera, un vehículo idóneo para su lucimiento, en el que Gordon-Levitt ejerce como creador, productor, guionista, director y protagonista. El hombre orquesta. La serie narra las vicisitudes de Josh Corman, un músico frustrado que trabaja como profesor de primaria en Los Ángeles. Su sueño de dedicarse a la música se desvaneció, su novia lo ha dejado y ahora comparte piso con su amigo del instituto. Pese a sus problemas, Josh sabe que es un privilegiado y tiene mucho por lo que estar agradecido, pero aun así no puede evitar enfrentarse a la ansiedad, la depresión y la falta de confianza en sí mismo, que amenaza constantemente con hundirlo del todo.

Como la mayoría de comedias de autor que nos han llegado en los últimos años (Ramy, Fleabag, Better Things, Master of None, Atlanta), Mr. Corman fusiona drama y comedia, difuminando las líneas que las separan en un trabajo que halla el humor en las situaciones más difíciles y la emoción en los rincones más inesperados. A pesar de esto, tengo que reconocer que su primer episodio no me terminó de convencer en su presentación de Josh, un hombre normal y corriente al que es difícil justificar dedicarle una serie entera. Creo que hemos superado la necesidad de este tipo de protagonistas privilegiados cuya perspectiva autoindulgente ha inundado toda la ficción en las últimas décadas.

La crítica estadounidense coincide en que el arranque de la serie es algo decepcionante y no ofrece nada nuevo: “Mr. Corman apenas destaca por encima de las otras comedias no tan divertidas con sensibilidad de cine indie” (The Guardian); “Pasar mas de cinco horas mirando a un tipo del montón ser cada vez más autoconsciente no es la experiencia televisiva más poderosa” (IndieWire). Sin embargo, una vez superado el primer episodio, la serie empieza a encontrar su voz en el segundo, un impactante retrato de la ansiedad que deja claro que Mr. Corman no se va a quedar en lo fácil, sino que Gordon-Levitt pretende contar algo trascendental con ella.

Sí, da la sensación de que ese segundo capítulo llega demasiado pronto, ya que normalmente este tipo de series se guardan los “episodios especiales” para más adelante; pero parece que Gordon-Levitt quería dejar claras sus intenciones desde el principio y me alegro, porque esa media hora fue la que me convenció para seguir viendo la serie.

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El capítulo, titulado ‘Don’t Panic’, nos muestra a Josh teniendo un ataque de pánico y pasando por todas sus fases. Mediante el uso de la cámara, el montaje y el sonido (una campana suena periódicamente a lo largo del metraje para aumentar la inquietud en el espectador) y la excelente interpretación de Gordon-Levitt, la serie exterioriza el proceso interno de Josh mientras desciende en una espiral de miedo y ansiedad, desembocando en una escena final de lo más emotivo que he visto en televisión este año.

‘Don’t Panic’ es un episodio poderoso que funciona como la verdadera carta de presentación de la serie y una clara declaración de intenciones. Por supuesto, no toda la temporada será así, pero al menos gracias a él sabemos que, bajo la fachada de enésima comedia de autor sobre tipo normal infeliz y sin suerte, se esconde el deseo de abordar una cuestión muy importante, y de la que afortunadamente cada vez se habla más en la ficción y en los medios: la salud mental.

Atravesamos un momento difícil: pandemia, malestar social, crisis económica, violencia, crispación en redes sociales, y por encima de todo, un futuro incierto que no hace sino agudizar el miedo y la inseguridad, especialmente en los jóvenes. Y Mr. Corman refleja todo eso a través de la experiencia de un treintañero fracasado que ve cómo el mundo a su alrededor se desmorona mientras trata de encontrar el propósito en una existencia fútil y una cultura cada vez más superficial. Quizá no sea la serie más luminosa y optimista para este momento (a juzgar por sus primeros capítulos), pero al menos puede hacer sentir a más de uno que no está solo en esto, lanzando el mensaje de que cuidar nuestra salud mental es esencial en el mundo en que vivimos.

Mr. Corman es por encima de todo la serie de Joseph Gordon-Levitt, un actor más que competente que deposita aquí la experiencia acumulada de sus trabajos anteriores. De hecho, la serie parece por momentos una secuela espiritual -algo más gris- de uno de sus mayores éxitos, (500) días juntos; una continuación en la que seguimos al protagonista, Tom, después de su ruptura con otra novia, intentando volver a la escena de las citas en un mundo que ha cambiado mucho en los últimos 10 años. La serie incluso recurre a secuencias fantásticas para manifestar el mundo interior de Josh, ensoñaciones que recuerdan a la escena musical de (500) días juntos, con las que Gordon-Levitt experimenta visual y narrativamente para caracterizar a Josh y sus relaciones. Está claro que el ADN de aquella película sigue dentro de él. Y lo vemos de nuevo en el tercer episodio, donde Josh y su madre (Debra Winger) protagonizan un número musical imaginario muy en esa línea.

Por supuesto, es muy pronto para sacar conclusiones definitivas. La serie me ha dado motivos para pensar que podría caer pronto en lo mediocre, pero también un episodio que exhibe desde bien temprano sus posibilidades y el sólido espíritu creativo de su autor. Si algo me han enseñado todos estos años devorando series sin parar es que, a menudo, hay que dejar que una serie respire y darle un poco de tiempo para que encuentre su camino.

Mr. Corman coquetea demasiado con lo convencional y por momentos se siente anticuada en su perspectiva, pero también posee la materia prima necesaria para convertirse en algo realmente bueno y salta a la vista que su creador se ha volcado personalmente en ella. No sé si será porque lo he visto crecer en la pantalla y siento que lo conozco, pero confío en Gordon-Levitt y espero que sea capaz de sacar el máximo partido a esta gran oportunidad hecha a su medida.

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