'Clean eating': la dieta sostenible

Cada vez surgen más iniciativas que buscas ser conscientes de qué es lo que comemos y como nos afecta. De forma general, hemos asumido que muchos de los alimentos que podemos consumir diariamente están procesados y que tienen entre sus componentes grandes cantidades de azúcar o grasas, aunque no acabamos de identificar en qué medida y como nos pueden afectar a la dieta.

El clean eating no es un invento nuevo, es una tendencia que lleva en boga más de una década y que sigue pisando muy fuerte, y cada vez más. Se trata en buscar una alimentación vinculada únicamente a alimentos sin procesar y de origen ecológico, es decir, volver a una alimentación más real donde se rechace completamente todo aquel producto que haya pasado por un complejo proceso de elaboración en el que se desvirtúen sus ingredientes y se camuflen sustancias que, a la larga, puedan resultar perjudiciales para la salud.

Esta dieta busca el retorno a unos valores nutricionales sencillos y claros: beber mucha agua, no usar edulcorantes artificiales ni procesados y consumir alimentos 100% naturales y sin elaboración industrial. Además, se insta a cocinar utilizando médotos sencillos, donde priman las preparaciones a la plancha, las cocciones y los hervidos.

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No des nada por sentado

Este tipo de dienta hace que te desprendas de muchos alimentos que da por sentado y que siempre han estado a tu alcance. En concreto, los cereles procesados, el pan blanco, la pasta no artesanal y los embutidos.

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Clean eating: la dieta sostenible

Sin embargo, esta dieta resulta muy útil, especialmente para prevenir enfermedades cardiovasculares, diabetes y obesidad. Porque cuando no introducimos en nuestra alimentación ningún producto con ingredientes artificiales, azúcares y carbohidratos refinados, estamos reduciendo drásticamente los ingredientes “ocultos” de la alimentación industrial que en el fondo nos causan más mal que bien.

Siendo más conscientes de lo que comemos, comemos más sano y esto se extiende en el tiempo, porque una vez que acostumbramos al organismo a nutrirse con alimentos poco cocinados y elaborados con ingredientes naturales, menos le apetecen los sabores industruales o excesivamente elaborados, y nos convertimos en un radar que deteta con más facilidad cuando le están dando alimentos de calidad cercada al “gato por libre”, nos hacemos, por tanto, más exigentes y conocedores de lo que realmente necesitamos comer.

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No contar calorías, sino la calidad

De esta forma, cuando todo lo que consumimos no tiene trampa ni cartón y tiene un origen 100% natural, resulta mucho más fácil comer y no estar pendientes del número de calorías de cada ingesta. Pues se reduce drásticamente la posibilidad de ingerir alimentos calóricos.

Mantener una dieta equilibrada es mucho más fácil y accesible cuando entra el juego el clean eating, es decir, una dieta limpia de sustancias que generan adicción, altamente calóricas, con grasas que dificultan nuestra digestión y con otros añadidos que resultan perjudicials más allá de nuestro peso.

Todo llevado el extemo puede ser perjudicial

No han faltado voces críticas que alertan sobre que el clean eating no es una forma milagrosa de alimentarse pues, como todo, cuando un método es llevado al extremo, puede resultar peligroso, e incluso el clean eating tiene sus “peros”. Porque existe también una patología denominado ortorexia que puede relacionarse con este tipo de dieta. La ortorexia es la preocupación desmedida por comer sano, que puede acabar convirtiendo nuestra alimentación en una dieta insalubre por el excesivo celo que podemos desarrollar a aquello que ponemos en el plato.

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