Antonio Iturbe: Escribir desde la nostalgia es un pecado venial

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Barcelona, 5 jun (EFE).- Tras descubrir un oasis de civilización en el horror nazi en "La bibliotecaria de Auschwitz" y volar con Saint-Exupery en "A cielo abierto", Antonio Iturbe se adentra en el barrio de la Barceloneta de su infancia en su última novela, "La playa infinita", un ejercicio de "nostalgia" que ve como "un pecado venial".

En una entrevista con Efe, Iturbe explica que la novela nace en un momento de su vida en el que, después de viajar a Auschwitz, a Francia y la Patagonia ha llegado a una edad "en la que uno empieza a volver" y en su caso dejó atrás las calles donde creció, ese mundo, ese ambiente, esas sensaciones, que es "el mayor patrimonio que uno tiene, ese momento de la infancia, de la primera juventud, cuando todavía no se ha roto nada".

La novela surge como respuesta a la eterna pregunta de si es posible volver a la infancia, en su caso la Barceloneta, "un antiguo barrio de pescadores, convertido hoy en escaparate de restaurantes franquiciados, patinetes eléctricos y turistas bronceados".

Para realizar ese viaje sentimental, Iturbe recurre a una suerte de autoficción a través de un físico que lleva el nombre del autor, Iturbe, que al regresar a la Barceloneta "no entiende nada y anda despistado".

Confiesa Iturbe: "El tema del regreso y de si podemos regresar es una cuestión que me interesa mucho desde un punto de vista literario".

Precisamente, en sus inicio literarios escribió "Rectos torcidos", una novela de humor ambientada en la Barceloneta, barrio que también salía en la segunda ... "Empecé por mi territorio mítico para luego irme muy lejos y ahora he regresado".

Sobre su narrador protagonista, Iturbe cree que es "una estilización" de sí mismo, pero refleja esa cuestión de esa persona que se marchó del barrio, porque la casa de los padres se hacía pequeña, sentía que los amigos de la infancia ya no hablaban el mismo lenguaje".

La nostalgia es, según el periodista y escritor, una tentación, "seguramente un pecado venial, porque en el fondo es falsa, es un espejismo, idealizamos los recuerdos, pero de alguna manera la necesitamos".

De otro modo, añade, "el realismo puro y duro no resulta soportable y la nostalgia hace que sigamos transitando por ese espejismo que es la vida", para concluir que "aunque sea la nostalgia una sensación que emborracha, de vez en cuando no está mal tomarse una copita".

En la novela, Iturbe da un paseo casi histórico por la Barceloneta, y se detiene en los años 70 y 80 ofreciendo "el retrato de un barrio de pescadores, por el que transitaban camareros como su propio padre.

Tampoco esa mirada nostálgica es complaciente: "No da una imagen idílica, porque era un barrio duro, con problemas económicos, con delincuencia, con droga, devastador cuando llegó la heroína, y en donde funcionan sus propios códigos, se vivía en la calle, que era una escuela".

Recuerda todavía Iturbe que en aquellos años duros de delincuencia, si alguien ponía en el parabrisas de su coche un cartel diciendo que eras del barrio, no te robaban el radiocasete.

Cuando el debate sobre el turismo y la gentrificación están en primera línea de la actualidad, Iturbe piensa que "Barcelona debería ser más cuidadosa con la conservación de la memoria urbana de sus barrios, algo que la hace única, y más allá de romanticismos, si Barcelona se llena de franquicias, al final los extranjeros se preguntarán para qué venir aquí".

El Iturbe periodista se ha encargado de proporcionar datos fehacientes al escritor, que siempre es "más impulsivo" y es así como se desliza en las páginas de "La playa infinita" la fundación de la Escuela del Mar en tiempos de la República y de la visita que hizo Albert Einstein a este proyecto educativo a pie de playa.

Publicada esta novela, Iturbe ya ha terminado una juvenil, que publicará Edebé en 2022, "una especie de aventura con una patrulla espacial que tiene que solventar asuntos en el sistema solar".

Jose Oliva

(c) Agencia EFE