Antonio Banderas andaba perdido en Hollywood hasta que llegó Melanie Griffith

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A sus 61 años Antonio Banderas es toda una estrella consagrada a nivel internacional. Su currículo está repleto de blockbusteres, producciones teatrales y todo tipo de riesgos profesionales, desde su salto a la dirección a la apuesta actual que hace por amor al teatro con su propia compañía. Sin embargo, y aunque comenzó a tomar clases de arte dramático a los 14 años, nadie podía imaginar que aquel hombre nacido en Málaga un 10 de agosto de 1960 iba a convertirse en una de las mayores estrellas españolas de su generación. Pero lo hizo. Llegó a Hollywood y arrasó, impulsado por la etiqueta de ‘chico Almodóvar’ y sex symbol hispano.

No obstante, aquel aterrizaje fue más forzoso de lo que cualquiera hubiera imaginado. Porque si bien desde fuera podemos visualizarlo joven y exitoso disfrutando al máximo de los halagos, las oportunidades y el interés de grandes estrellas por conocer al nuevo chico de moda, lo cierto es que él sufría por dentro. ¿Por qué? Por culpa del idioma y por estar navegando las aguas de una industria completamente diferente, solo y lejos de casa. Pero todo cambió cuando Melanie Griffith llegó a su vida.

Melanie Griffith y Antonio Banderas (Photo by Ron Galella/Ron Galella Collection via Getty Images)
Melanie Griffith y Antonio Banderas (Photo by Ron Galella/Ron Galella Collection via Getty Images)

Antonio Banderas comenzó su andadura profesional cinematográfica en 1982 con películas como Laberintos de pasiones y Pestañas postizas, recibiendo la llamada del éxito de la mano de Pedro Almodóvar. El director manchego fue instrumental en la creación de esta nueva estrella, moldeando su carrera a golpe de hitos cinematográficos como fueron La ley del deseo, Matador, Mujeres al borde de un ataque de nervios y, por supuesto, ¡Átame! Y así, mientras su nombre retumbaba por la industria española, en Hollywood llegaba un eco lejano que iba haciéndose cada vez más fuerte. Madonna fue de las primeras en escucharlo, dándole una ventana de visualización a través de su documental En la cama con Madonna, donde afianzaba su fama de latín lover al intentar seducirlo a pesar de estar casado por entonces con Ana Leza. Y así, poco después, llegó la oportunidad de saltar el charco con Los reyes del mambo en 1992, captando tal atención que un año más tarde lo veíamos como pareja homosexual de Tom Hanks en Philadelphia, como el seductor vampiro Armand en Entrevista con el vampiro (1994) codeándose con un consagrado Tom Cruise y hasta de héroe romántico juvenil en La casa de los espíritus (1993) junto a Glenn Close, Winona Ryder y Vanessa Redgrave.

Sin embargo, aquella etapa le hizo vivir sensaciones encontradas, sintiéndose de menos por no hablar inglés. En una reciente entrevista con Indiewire por el estreno de Competencia Oficial en EE.UU., confesó que jamás sufrió sentirse extranjero en tierra americana, pero sí los obstáculos que le suponían no hablar inglés. Porque una cosa era aprenderse las líneas y diálogo que debía pronunciar ante las cámaras en los rodajes, y otra muy distinta el darse a conocer y circular por aquella industria como uno más. “Mi día a día se hizo muy complicado. Me invitaban a conocer a otros actores que admiraba, visitar sus casas, y sentía incapacidades porque no podía expresarme” relata.

Se refiere a personas como Sharon Stone, con quien rodó una publicidad o su compañero de rodaje Tom Hanks.Pensaba, ‘Mierda, va a pensar que soy estúpido […] No podía expresarme con ellos en la manera que lo haría en español. Todo era muy vacío. No había complejidad ni profundidad en lo que quería decir. Sentí esa frustración durante años” añade, representando sin querer a todos aquellos que hemos viajado a otros países que hablan idiomas diferentes, donde necesitábamos expresarnos en más profundidad que una mera pregunta turística.

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Pero entonces Antonio revela que todo cambió cuando conoció a Melanie Griffith en el set de Too Much en 1995, con quien contrajo matrimonio al año siguiente. Esa frustración que sintió moviéndose por las aguas hollywoodenses durante un tiempo continuó hasta que se sumó a esta comedia donde interpretaba a un seductor que se inventaba un hermano gemelo. Melanie era una de sus víctimas amorosas junto a Daryl Hannah. Entonces, con ella “me sentí como protegido” explica Banderas. “Ella podía hablarme del universo en el que había entrado, sabiendo perfectamente bien de lo que estaba hablando. Su madre era actriz. En cierto modo era realeza de Hollywood” comparte mencionando a Tippi Hedren (Los pájaros). “Así que supe a través de ella cómo funcionaba [la industria]. Para mí, todo era muy profesional en un lugar donde no sabía cómo funcionaba”.

Y es que efectivamente Melanie Griffith nació y creció en la cuna hollywoodense. Su madre fue musa de Alfred Hitchcock y un ícono de su generación, habiendo aparecido en más de ochenta películas y programas de televisión, codeándose con grandes estrellas, desde Marlon Brando a Sophia Loren. Su padre, Peter Griffith, había sido actor infantil.

Melanie fue criada entre Los Angeles y Manhattan a raíz del divorcio de sus padres, rodeada de leones y tigres (su madre es activista animal y convivía con los animales -aunque según su nieta, Dakota Johnson, lo sigue haciendo-) y comenzando su carrera como modelo infantil, llegando a interpretar a la versión infantil de su madre en Marnie de Alfred Hitchcock. Finalmente hizo su debut profesional en 1969 con 12 años en Smith! Y más tarde conoció a su primer marido, Don Johnson, en The Harrad Experiment con 14. Él tenía 22. Su primer papel destacado fue de la mano de Arthur Penn y con Gene Hackman como compañero de reparto en La noche se mueve (1975). Poco a poco su carrera fue ascendiendo, llegando entonces a 1995, cuando conoció a Banderas, con décadas de experiencia en la industria.

Antonio y Melanie tuvieron una hija, Stella del Carmen (1996), y se divorciaron en 2015 de manera amigable, y hoy en día continúan recordándose mutuamente con cariño cuando les preguntan en entrevistas.

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