Un encuentro fortuito cambió el rumbo de la vida de Anthony Hopkins

La fama y la gloria llamaron a su puerta siendo un hombre maduro de treinta y pocos años y, como todo lo que rodea a Anthony Hopkins, este ascenso a lo más alto del firmamento hollywoodense estuvo lleno de magia y misterio. Un encuentro fortuito con una mujer y con una novela en el metro de Londres cambiarían radicalmente el transcurso de su vida. Y no, no hablamos del guión de ninguna de sus películas, es la pura realidad. El libro en cuestión se titulaba La chica de Pretrovka y, curiosamente, era la historia en la que estaba basada su nueva película.

Los más escépticos lo llamarían azar o casualidad, los más románticos suerte o destino. El término es lo de menos, lo interesante es que este hecho tan sencillo tuvo consecuencias monumentales pues, entre otras cosas, le salvó de las fauces del alcoholismo.

(AP Photo; Richard Shotwell; GTRES)

Este caballero natural de Gales se lo curró, y mucho, para llegar hasta la cima. A base de tesón, esfuerzo y, por qué no decirlo, también cierta dosis de sufrimiento, fue construyendo una de las carreras actorales más respetables y aplaudidas del panorama cinematográfico. “Me sentía descontento, resentido, cualquier cosa me irritaba. También bebía más de la cuenta. Me dieron un montón de oportunidades, pero mordí la mano que me dio de comer”, expresó en una entrevista de 2019 a El País Semanal. El éxito rotundo no tardaría en llegar y parte de culpa la tuvo ese libro olvidado en una estación de la parada londinense Leicester Square.

Corría el año 1973 cuando se produjo esa cita inesperada entre el actor y la obra escrita. Hopkins, entonces de 35 años, pasaba por el momento más bajo de su carrera. Una acalorada discusión con el director del Teatro Nacional de Londres le hizo renunciar a su papel protagonista en la obra clásica de Shakespeare, Macbeth, uno de sus primeros trabajos (según Guide Posts). Sin embargo, su talento no había pasado desapercibido para los directores de la época y sobre la mesa le esperaba un guión muy apetitoso, el de La chica de Pretovka, la historia de un reportero americano que se enamora de una bailarina rusa, encarnada por Goldie Hawn, cuyo físico muy caucásico daba el pego para el papel.

Antes de meterse en el personaje, Hopkins decidió leer el libro y conocer de la mano de su autor George Feifer, todos los entresijos de este drama con tintes de comedia. Ese día se recorrió todas las librerías habidas y por haber en Londres pero ninguna tenía la novela (vía Moviefone), estaba agotada. Frustrado por la situación, no le quedó más remedio que conformarse y volver a casa con las manos vacías. Fue entonces cuando ocurrió lo inesperado. Mientras viajaba en el vagón de regreso se dio cuenta que alguien había olvidado un libro en uno de los asientos. Cuidadosamente se acercó y, ta-ta chán, era la novela que con tanto empeño había estado buscando.

Increíble, sí, cierto, también. Pero volvamos a la historia porque no tiene desperdicio. La novela tenía notas por todos los márgenes, era como si perteneciera a alguien que la conocía mucho. Las anotaciones eran de lo más interesantes y sirvieron al actor a meterse en la piel de Kostya, su personaje en la cinta.

Pero es que ahí no termina la cosa. La cadena de casualidades sigue. Después de este periodo de preparación llegó el rodaje y allí un emocionado Hopkins tendría la oportunidad de conocer al escritor de esta novela que había devorado. Durante el encuentro, el oscarizado actor le enseñaría su tesoro mejor guardado, esa copia tan única e irrepetible del libro. “No vas a creer esta historia..”, le dijo el actor mientras le mostraba su joya. Patidifuso fue como se quedó el escritor al ver el libro. “Esa copia es mía”, le dijo conmocionado.

Resulta que la había perdido dos años atrás y que todas esas notas las había escrito él. Menuda cara se les debió quedar a los dos, con toda la razón del mundo. La película pasó por los cines sin pena ni gloria, pero Hopkins brilló con su personaje gracias a ese libro con anotaciones especiales y los mejores directores empezaron a llamarle.

Por aquel entonces, había trabajado en varias películas y odiaba el teatro, afirmando que era muy difícil trabajar con él “porque con frecuencia tenía resaca”. La chica de Pretrovka fue su primera producción hollywoodense, y desde entonces supo que había encontrado el lugar donde quería volver y seguir haciendo cine, tal y como confesó en una conferencia de 2018 como recogió The Hollywood Reporter. Pocos meses después de aquella experiencia positiva decidió darle un giro de 360 grados a su vida y dejar atrás los malos hábitos. Dejó de beber en 1975 cuando en una reunión de Alcohólicos Anónimos una mujer le preguntó “¿Por qué no confías en Dios?” y en ese momento afirma que se le fueron para siempre las ganas de beber.

Creo que somos capaces de tanto” dijo en aquella conferencia con estudiantes. “Por mi propia experiencia, todavía no puedo creer que mi vida es lo que es, porque debería haber muerto en Gales, borracho o algo parecido [...] Podemos llevarnos a la muerte o a la mejor vida que jamás podríamos vivir. Nada fue un error. Todo fue fruto del destino”.

A partir de entonces, tras interpretar un papel protagonista convincente en Hollywood con la ayuda del libro encontrado por cosas del destino y el momento vivido en AA, comenzaría una etapa dorada de su vida. Los noventa fueron sus años gloriosos con títulos tan relevantes como El silencio de los corderos, por el que ganó el Óscar, Howard’s End, Lo que queda del día, Leyendas de pasión, Nixon, La máscara del Zorro, y un largo etc.

En una reciente charla con su amigo y compañero Brad Pitt para la revista Interview recordó estos años oscuros de su vida. “No sé por qué bebí”, expresó a su colega en cintas como Leyendas de pasión y ¿Conoces a Joe Black?. “Ahora mismo miro hacia atrás y pienso: ‘No estuvo mal, pero no quiero volver a hacerlo’. Entonces causé daño y pido disculpas a las personas por hacer lo que hice, Forma parte de estar vivo. Hay que olvidar y simplemente seguir hacia adelante”, le expresó a Pitt, quien atormentado también le hizo partícipe de sus demonios, sus adicciones y sus tropiezos. “Lo que haces después de un error es lo que define realmente a una persona”, le consoló Hopkins, que por edad y experiencia, sabe bien de lo que habla.

El protagonista de Hitchcock y Los dos Papas, donde interpreta a Benedicto XVI (¡si es que ha hecho de todo!) suma 45 años sin tomar una gota de alcohol. Su elección de estar sobrio le ha ido bien y a las pruebas nos remitimos. Con casi cien películas a sus espaldas y un tercer matrimonio con la colombiana Stella Arroyave, quien prepara un documental sobre la vida de su marido, la vida le sonríe. Es 18 años más joven que él y aunque reconoce que le cuesta seguirle el ritmo, le culpa de ser otro de los milagros que le ha regalado la vida. “Mi mujer le ha dado la vuelta a mi vida. ¡Ya lo creo que sí! ¡De arriba abajo!”, afirmó a XLS.

Anthony Hopkins en 'Los dos papas' (Peter Mountain; cortesía de Netflix)

Fue un encuentro de película, no podía ser de otra forma tratándose de Holpkins. Se conocieron en la tienda de antigüedades que ella regentaba en Los Ángeles. “La mujer de la tienda era guapísima y me saludó: ‘Yo a usted lo conozco. ¿Puedo darle un abrazo?’. Me fijé en un mueble y le dije que me gustaba. ‘Se lo regalo’, dijo. ‘De eso nada, voy a pagarlo’, contesté. Al poco tiempo me llamó para decirme que tenía otra pieza que quizá me gustara. Empezamos a salir”. Al principio se hizo el duro, después de dos matrimonios fallidos quería independencia, pero Cupido ganó la batalla.

Así es la vida y obra de Hopkins, una sucesión de aventuras y desventuras, de altibajos, de sonrisas y lágrimas, de peliculones y de algún que otro tostón en la recámara. Lo bueno es que no lo esconde y por eso está entre los mejores del mundo. Un sir inglés en toda regla a quien el destino le jugó una buena pasada.

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