La sobreactuación de 'los Javis' en 'Mask Singer' empieza a cansar a la audiencia

Teresa Aranguez
·6 min de lectura

Fue el estreno más apoteósico de Antena 3 este mes de noviembre con nada menos que 3.740.000 espectadores pegados a la televisión. Pero cuidado, porque Mask Singer: adivina quién canta empieza a dar señales de agotamiento. En su tercera entrega ha bajado un millón y el público empieza a ponerle ‘peros’. La sobreactuación de su jurado (especialmente de Javi Ambrossi) cada vez que se destapa a un famoso empieza a rozar el absurdo con un comportamiento exagerado que le resta naturalidad al momento clave de la noche. Recordemos que los protagonistas son los invitados, no sus investigadores.

Los Javis en 'Mask Singer' (Twitter/@MaskSingerA3)
Los Javis en 'Mask Singer' (Twitter/@MaskSingerA3)

Su estreno el pasado 4 de noviembre aportaba una bocanada de aire fresco a la pantalla chica. El formato de éxito en Estados Unidos repetía esa buena acogida también en España disparando los datos de audiencia. Pero como se suele decir en estos casos, lo importante no es llegar a la cima, sino mantenerse y, por ahora, esta máxima no se ha cumplido. La tercera gala del programa de moda de Antena 3 ha vuelto a ser lo más visto de la noche con nada menos que 2.8 millones de fieles pero los datos siguen bajando. La pregunta es, ¿por qué?

Las primeras críticas al programa no se han hecho esperar y señalan al jurado como una de las razones. No porque lo hagan mal, es obvio que le ponen toda su buena intención pero unos lo hacen con mejor nota que otros. No es el qué sino el cómo. A veces los niveles de intensidad a la hora de reaccionar pueden llegar a abrumar al espectador y eso es lo que está pasando con algunos de los descubridores de famosos. Más que sorprenderse cuando ven la cara del artista escondido parece que han visto un fantasma. Los segundos antes de que se proceda a desenmascarar al susodicho son una sucesión de caras y gestos que, sinceramente, no son nada creíbles. Rayan lo excesivo y exagerado, y eso se transmite.

Hay que destacar que no todos pecan de lo mismo, en este caso Javi Ambrossi se lleva la palma. Su pareja, Javier Calvo tampoco se queda atrás pero lo de su chico es insuperable. Ojo, tan solo es una crítica puntual de un momento concreto dado que el director se ha metido a todos en el bolsillo con su gracia y sus estilismos únicos. Lo cortés no quita lo valiente. Que tienen talento, gracia y buenas intenciones no lo discutimos. Pero lo de menos es más es una regla que quizás en esos momentos de la velada se lo debería de aplicar. Sí, lo sabemos, es espectáculo y hay que llamar la atención a toda costa, lo que pasa es que el público no es tonto y desde casa percibe como nadie cuándo algo es real o fingido. Y aquí lo segundo gana.

No subestimemos al telespectador. Él es quien manda y quien más sabe de tele, el experto máximo en decidir qué sí y qué no en cuestión de minutos. Son muchos años frente al televisor viendo programas de todos los colores y géneros, así que engañarle a él es imposible. Es el César de la pantalla chica, el que alza o baja el pulgar. Y en este caso ya ha dado su veredicto y se ha quejado de ese comportamiento desmesurado. O le hacen caso o las próximas semanas Mask Singer será un sueño que pudo ser y no fue.

¿Por qué cuando un programa funciona empiezan a cargárselo con ingredientes innecesarios? Suele ocurrir muy a menudo. La cosa va bien, la contentura se dispara y se empiezan a hacer cosas que terminan rompiendo el hechizo. Afortunadamente está José Mota que, de todos, es el que aporta, además de su humor tan característico, esa dosis de espontaneidad y paz que se agradece. Una cosa es ser gracioso y hacer reír con las salidas de turno y otra muy diferente es forzar la máquina para que los otros se rían. Lo sentimos mucho pero eso no hace gracia. Tampoco hay que irse al otro extremo y hacer como Malú, en ocasiones inexpresiva, pero un término medio no viene mal.

Después de la metedura de pata de Susana Uribarri al dejar al descubierto en sus redes y por despiste, quiénes son los otros posibles enmascarados la cosa ha ido de capa caída. Una vez más queda claro que el efecto sorpresa es una de esas cosas que engancha al público de manera infalible. Ocurre en los realities con las historias de amor que nacen sin esperarse y en los concursos musicales cuando sus participantes son ellos mismos sin florituras de ningún tipo. El que la representante diera pistas de quiénes de sus clientes podrían ser parte del show también ha restado frescura al programa. Ver a Norma Duval detrás del disfraz de Unicornio era algo que ya algunos esperaba.

Porque esa es otra. Medio mundo sabía que había muchas papeletas de que detrás de ese unicornio estuviera la famosa vedette. ¿Todos lo imaginaban menos el jurado? Por favor, que no nacimos ayer. No era necesario hacer tanto show. Una cosa es disimular e intentar maquillar la metedura de pata lo mejor posible y otra irse al extremo y poner cara de Joker.

Detalles que parecen pequeños pero que hacen más daño de lo que uno cree. Con esto no le vamos a quitar el crédito al programa. Ha llegado para darnos un respiro de tanto reality y guerras mediáticas como la de la Pantoja y eso es de agradecer. Arturo Valls aprueba con nota y los estilismos de los monstruos se llevan el premio a los más horteras. Tan solo pedimos un poquito de naturalidad a la hora de adivinar quién se esconde detrás del personaje y permitir que sean ellos y solo ellos los protagonistas. Quizás así todos estaríamos más contentos y los datos dejarían de bajar.

Tampoco ayuda mucho que el programa comience casi a las 11 de la noche, al menos así lo han hecho saber algunos usuarios de las redes que piden que se adelante un poquito. Muchos de ellos madrugan y no pueden aguantar hasta el final. Si encima que empieza más tarde de lo habitual por la extensión de El hormiguero lo entorpecen con fallos que se pueden evitar, el encanto y la gracia se pierden. Aunque Antena 3 ha anunciado que su tercer programa ha arrasado en España y a nivel mundial con datos históricos, cuidadito porque torres más altas han caído.

De momento quedan 9 monstruos por descubrir más los invitados con los que nos vayan sorprendiendo. Hay tiempo para poner remedio al error y no confundir la palabra show con circo. El formato es una auténtica joyita que bien pulida puede dar resultados históricos en televisión. ¿Lo conseguirán? Depende de ellos.

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Imagen: Mask Singer/Twitter