La transformación profesional de Vicente Vallés con su látigo constante al Gobierno de Pedro Sánchez

Teresa Aranguez
·12 min de lectura

Una de las características que podemos destacar de este 2020, más allá de la pandemia evidente que ya no hace falta seguir nombrándola, ha sido el intercambio de zascas e indirectas bien directas entre políticos y periodistas. Una delgada línea que se ha terminado de romper con la irrupción del coronavirus. Y en este apartado, Vicente Vallés se lleva la palma de oro.

El periodista madrileño ha sido el rey absoluto del trending topic este año por cantarle las cuarenta al gobierno de Pedro Sánchez por su forma de manejar la pandemia y, a cambio, ser vetado por Moncloa. Una imagen que se aleja bastante de la que ofrecía como subdirector del Canal 24 horas de TVE en 2008, bajo el mandato socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. Lo que son las cosas.

Su espíritu crítico y sus irónicos análisis en pleno directo del telediario han otorgado al presentador y director de Antena 3 Noticias 2 el liderazgo no solo de la cuota de pantalla, sino también de los primeros puestos de tendencias en Twitter, semana sí y la otra también. ¿Quién lo hubiera dicho?

Imagen: ©Roberto Garver, cortesía de Atresmedia
Imagen: ©Roberto Garver, cortesía de Atresmedia

Es lo que tiene cumplir años y acumular experiencia, uno se atreve a decir lo que piensa sin miedo a las represalias. Vallés no se amilana a la hora de emitir un juicio de valor si considera que lo que cuenta el gobierno es incoherente. Lo hace, todo sea dicho, desde el rigor informativo y sin perder las formas aunque a sus receptores no les hace tanta gracia como demuestra el hecho de que Vallés esté vetado por Moncloa. Es decir, Pedro Sánchez no le concede entrevistas, pero sí a la competencia con Pedro Piqueras al mando (fuente: El Español). El responsable del noticiero de Antena 3 noche no da puntada sin hilo y cuando habla sentencia con datos oficiales y pruebas, que para eso es periodista.

Como suele ocurrir en estos casos, lo de editorializar la noticia no muy a favor de los socialistas, le ha convertido en el periodista de referencia de los partidos de centro y derecha. Sin embargo, él prefiere desmarcarse de ideologías y definirse como un informador neutral que tan solo es fiel a la información que recibe y contrasta cada día. Sus intervenciones no tienen nada que ver con izquierda o derecha, sino con lo que considera que es certero o no. “Se trata de contar las noticias, pero no como lo haría un autómata. El periodismo es información y análisis de esa información. En mi caso en particular siempre he utilizado los datos reales para trasladar a los espectadores un análisis de lo que está pasando, de manera que ellos puedan sacar sus propias conclusiones. El periodista ha de ser un intermediario entre los datos y los espectadores, los lectores y los oyentes. Eso es lo que yo intento hacer”, explicó este año en una entrevista con Vozpopuli.

Su misión es contar las cosas como son, no como nos las han pintado. Fiel a la verdad y, sobre todo, a su público, no considera que dar su matiz de las cosas con hechos fehacientes sea sinónimo de tener una ideología o simpatizar con un partido concreto. “Me sitúo como periodista. Cuando me preguntan eso digo que soy del Atlético de Madrid que es mi única militancia. Que des tu opinión no significa que seas de un partido político, ni que defiendas una ideología específica. Lo que defiendo mucho es el periodismo de análisis. Un análisis no focalizado desde un punto de vista muy concreto, sino analizar las cosas”, expresó hace unos años en una entrevista con el diario ABC.

Las ocasiones en que Vicente Vallés ha cuestionado al PSOE y su aliado Podemos han sido unas cuantas. Cómo olvidar el día en que desmontó la información de Fernando Simón y su contabilización de las víctimas mortales de coronavirus. Aquello no cuadraba, así que Vallés nos sacaba de dudas. En apenas un minuto y medio tiró por los suelos los datos supuestamente oficiales ofrecidos por el gobierno de los españoles. “Veremos si corrigen otra vez las cifras o si las mantienen. Este es el dato proporcionado por el Gobierno, la realidad parece ser otra distinta”, decía sin titubear. Su duro ataque a este baile de cifras, como era de esperar, fue de lo más comentado en las redes sociales.

En este caso Vicente se limitaba a señalar y poner en duda una información del gobierno que consideraba poco creíble, siempre basándose en otras fuentes. Otro de sus ‘zascas’ más virales tuvo lugar en septiembre, cuando señaló el “afecto” de Sánchez a los independentistas. “El golpe de efecto de hoy no es cualquier cosa. Ha consistido en colocar una pieza más en el puzzle de gestos afectuosos que de vez en cuando Pedro Sánchez dedica a los independentistas” dijo después de que el Gobierno acelerase los plazos para tramitar los indultos a los presos del procés.

Sin ir más lejos, el pasado 11 de diciembre Vallés volvía al ataque criticando la reacción de Pedro Sánchez al vídeo montaje de la familia real publicado en la cuenta oficial del partido de Pablo Iglesias. En la misma presentación de la noticia lanzaba un dardo directo que se entendió enseguida: "El mismo gobierno ataca y defiende a la Corona. Pedro Sánchez asegura que mientras sea presidente seguirá vigente la Constitución, pero no desautoriza a su vicepresidente por intentar desde el propio gobierno que ocurra justo lo contrario".

Incluso ha habido ocasiones en las que el señalado y centro de los ataques ha sido él hasta tal punto que llegó a crearse un movimiento a su favor en las redes. Ocurría tras una fuerte polémica con Podemos este verano. El partido aliado al PSOE tampoco se escapa de las reflexiones políticamente incorrectas del periodista, lo que le ha convertido en el ‘enemigo’ para la formación morada.

La guerra mediática entre ambos bandos estallaba cuando Vicente cuestionaba las explicaciones de Pablo Iglesias de por qué se había quedado con la tarjeta de memoria del móvil de su ex asesora Dina Bousselham. Una objeto que aunque tuviera un contenido delicado, tenía que estar en manos de su propietaria, no del Vicepresidente de Gobierno. Parece que Iglesias guardó esa memoria durante meses sin informarla de que la tenía él. El líder de Podemos lo justificó poco después en una entrevista con RNE. Lo hizo “para protegerla” y “no someterla a más presión”. Su argumento no convenció nada a Vallés, sobre todo al tratarse de “una mujer mayor de edad”, dijo con ese toque irónico tan suyo. “Consideró, por su cuenta, que era mejor para Bousselham no tener la tarjeta, aunque ella era su legítima propietaria y, por tanto, conocía su contenido”, prosiguió de Vallés de forma muy crítica. Lo que vino después fue de traca.

Su crítica hirvió la sangre del partido y especialmente de Pablo Echenique que fue directo a su yugular con unas declaraciones poco acertadas. “En realidad lo que le pasa a Vicente Vallés es simple y es lo mismo que le ocurre a toda la derecha y la ultraderecha: le produce sarpullido que las cloacas no consiguieran su objetivo y Unidas Podemos esté en el Gobierno. Está en su derecho, pero que no lo llamen informativos”, soltó el diputado sin pensárselo dos veces. Una acusación que muchos consideraron un atentado contra la libertad de expresión y que así se lo hicieron saber. Uno, con tweets de todo menos conciliadores con el partido. Dos, con la creación de un hashtag en apoyo al periodista: #YoSoyVicenteValles.

Las redes se llenaron de mensajes de apoyo al periodista, enviados tanto por compañeros de profesión, como Carlos Herrera y Ana Pastor, entre otros, como de políticos y ciudadanos, que le pedían que no se dejara intimidar después de este linchamiento por parte de Podemos. El responsable de algo tan serio como es un telediario, de repente se convertía en noticia de portales digitales y en tendencia número uno por unas cuantas horas. Su currículum conservador y actitud algo más moderada años atrás en otras cadenas hacía inimaginable una situación. así. Y no es para nada una crítica, simplemente una observación.

Aunque su especialidad siempre ha sido la política nacional y de tele sabe un rato, nadie hubiera pensado que este chico con cara de buena gente pondría entre las cuerdas algún día al mismísimo presidente del gobierno. Pero lo ha hecho. Es de esos profesionales que ha crecido poco a poco, sin sobresaltos, siempre dando los pasos apropiados para llegar donde está. De a poquito y aprendiendo de los mejores. Allá por los 80 en la Cadena Ser y de la mano de programas míticos como Hoy por hoy, de Iñaki Gabilondo, y Hora 25. Después de su andadura en la radio aterrizó en los informativos más importantes del país, pasando por el de Telemadrid junto a Hilario Pino y Telecinco a comienzo de los 90 como jefe de la sección Nacional.

Su manera de contar las cosas entonces todavía se estaba cociendo pero ya comenzaba a despuntar. Tal es así que TVE, donde ya había hecho sus pinitos anteriormente, volvió a contratarle como subdirector del Canal 24 horas, en el que presentó La noche en 24 horas y cubrió las elecciones en Estados Unidos. Todavía no se le veía tanto el plumero a la hora de cuestionar y analizar las acciones de los partidos, mucho menos al PSOE, formación que gobernaba en se momento bajo el mandato de Zapatero.

Fue después de su salto a Antena 3 Noticias en 2011 cuando su carrera y su visión más crítica empezó a hacerse notar con más fuerza. Especialmente a partir del 2016, el año en que cambió al turno de la noche y se convirtió en el capitán del barco. Alejado del ente público y con una mayor libertad a su alcance, Vicente dio rienda suelta a ese perfil de periodista analítico del que tanto se había empapado como ferviente espectador de debates y tertulias políticas en Estados Unidos y Reino Unido. Sus periodistas de referencia en esa línea fueron Peter Jennings y Tim Russell, que junto al más actual, Anderson Cooper, de la cadena CNN, potenciaron ese lado más crítico del que hoy somos testigos en televisión. El olfato de estos comunicadores le sirvió de escuela y, de alguna manera, marcó su ruta periodística.

Como se suele decir en estos casos, la experiencia es un grado y el estatus adquirido con los años y el duro trabajo le permiten a uno ciertas licencias que en los comienzos son impensables. Aquel jovencito criado en Vallecas cerca de zona de chabolas y que pasó su adolescencia en el madrileño municipio de Alcorcón no tardó mucho en saber lo que le gustaba. Él mismo ha repetido en contadas ocasiones que la política es una de sus grandes pasiones, junto con el Atlético de Madrid y el pop español. Supo que quería ser periodista cuando desde el salón de su casa, junto a su familia, fue testigo del momento en que el hombre puso un pie en la luna. Y, por supuesto, con el escándalo Watergate en Estados Unidos en 1972 y el papel tan importante de los periodistas en destaparlo.

El también escritor de los libros Trump y la caída del imperio Clinton y El rastro de los rusos muertos, es el único que ha sido capaz de arrebatarle el primer puesto a su colega Pedro Piqueras, director y presentador de Informativos Telecinco. Por muchos años, el veterano periodista de Mediaset no tuvo rival, hasta que llegó Vallés al noticiero de Antena 3 y comenzó a pisarle los talones. A día de hoy se puede decir que van a la par, cuando no lo lidera uno, lo hace el otro, siempre con poca diferencia. Un pulso que en las últimas semanas ha ganado el madrileño en bastantes ocasiones. Es cierto que las vacaciones de Piqueras y que le preceda el programa Pasapalabra, que arrastra mucho público, han ayudado, pero su forma tan personal y única de dar la noticia también tiene mucho que ver en este subidón.

La noticia le persigue, no lo puede evitar. Tanto que hasta su actual pareja, Ángeles Blanco, es otra de las caras del telediario. En este caso de la competencia y junto a José Ribagorda cada fin de semana. Pero no nos equivoquemos, cuando llegan a casa, los Sánchez, Casado e Iglesias se quedan en el estudio. Nada de hablar de eso. Son la cara de la noticia frente a las cámaras, detrás de ellas son como cualquier persona, lo de los piques y la competencia no existe. Solo la tranquilidad del hogar y, por supuesto, los conciertos y partidos de fútbol, su punto débil. Bueno, sobre todo antes, cuando se podía.

Vicente ha demostrado que ser presentador de noticias no es sinónimo de ser un tostón. También es un hombre con mucho sentido del humor al que le encantan las puestas de sol y el programa La Voz. Así lo ha dejado saber en su perfil de Instagram, bastante activo y nutrido de publicaciones curiosas, y en sus divertidas visitas a El Hormiguero. A sus 57 años - si no fuera por las canas nadie lo diría- ha conseguido mucho más de lo que hubiese imaginado, incluso convertirse en moderador de los debates políticos electorales en nuestro país. Antes devoraba los que tenían lugar en Estados Unidos, ahora es él quien hace eso que tanto admiró pero en territorio español.

Su estilo propio y sus agudos análisis políticos han convencido al público, y ese es el que manda sí o sí. Los presentadores ya no se limitan a leer el cue, eso ya es parte del pasado. Sus gestos y puntualizaciones personales empiezan a cobrar protagonismo y, en parte, gracias a Vicente Vallés que en esto de lanzar pullitas es el rey del mambo. Gracias a él esto de ver el telediario empieza a tener su encanto.

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