‘Antebellum’ lanza un potente mensaje contra el racismo envuelto en un misterio mal ejecutado

Pedro J. García
·7 min de lectura

PUNTUACIÓN: 60/100

El cine de terror está atravesando una época dorada marcada por la creatividad, la originalidad y el surgimiento de nuevas voces con mucho que decir. Los éxitos masivos de It o la franquicia Expediente Warren han revitalizado un género que recientemente ha sobrevivido a la cuarentena con Madre oscura y también está despuntando desde el (mal llamado) cine de autor con cintas tan aclamadas y culturalmente influyentes como Hereditary, Midsommar, Déjame salir o Nosotros.

De los productores de estas dos últimas llega Antebellum, uno de los estrenos más destacados de la vuelta al cine durante la pandemia. Una historia tristemente actual y oportuna que opone los horrores de la esclavitud a la presente opresión racial en Estados Unidos para construir un misterio provocador con tintes de drama social que engancha pero no llega a exprimir todo su potencial y cuyo resultado no está a la altura de su ambición. Veamos por qué.

Janelle Monáe en 'Antebellum' (Matt Kennedy; cortesía de DeAPlaneta)
Janelle Monáe en 'Antebellum' (Matt Kennedy; cortesía de DeAPlaneta)

Dentro de la ola de terror que está llegando de Norteamérica estos días sobresale lo que se llama el ascenso del “black horror” o terror negro, historias pertenecientes a este género creadas y protagonizadas por personas negras que en suelen utilizan el horror y la metáfora fantástica para hablar del racismo al que se enfrentan a diario y el doloroso pasado que vivió su raza y que aun no ha cicatrizado. Jordan Peele se ha erigido como el principal representante de este movimiento gracias a las mencionadas Déjame salir y Nosotros, pero lo estamos viendo también en la televisión con series como Watchmen o Territorio Lovecraft.

Aunque lo parezca, Antebellum no está producida por Peele, pero sí cuenta con dos de los productores de sus aclamadas cintas como director, Raymond Mansfield y Sean McKittrick, además de varios responsables de otros films en torno al racismo como Django desencadenado e Infiltrado en el KKKlan, lo que nos puede dar una idea de lo que nos vamos a encontrar en ella. A la dirección tenemos a los cineastas revelación Gerard Bush y Christopher Renz (Bush+Renz) que aquí se estrenan con su primer largometraje como directores después de una amplia trayectoria en el videoclip y el cortometraje.

Pero vayamos al grano. Ante todo, hay que aclarar que Antebellum no es exactamente una película de terror, aunque su temática y lo que ocurre en ella sea ciertamente terrorífico. Estamos ante un oscuro thriller de suspense que antepone la intensidad de la situación y el dolor de sus protagonistas a los sustos fáciles que abundan en el género. Es decir, no hay que entrar en ella esperando una casa del terror, sino sabiendo que estamos ante un misterio duro, dramático y perturbador en el que el monstruo o asesino en serie son los horrores históricos del racismo.

Y en realidad, no deberíamos saber mucho más de su argumento antes de adentrarnos en ella. Y es que, cuanto menos averigüemos sobre la película antes de verla, mejor será la experiencia. Por eso no profundizaré en lo que ocurre en ella, para preservar el factor sorpresa en la medida de lo posible (aunque los tráilers ya se hayan encargado de estropearlo). Simplemente a modo de breve sinopsis, Antebellum trata sobre una mujer negra, Veronica (Janelle Monáe), que se ve atrapada en una terrorífica realidad que reproduce el pasado en el que la esclavitud era legal, una pesadilla de la que debe escapar como sea.

“Antebellum” es una palabra latina que significa “antes de la guerra” y se refiere tradicionalmente al periodo de la historia del sur de los Estados Unidos previo a la Guerra Civil. La película transcurre en una de las plantaciones donde los afroamericanos eran torturados y forzados a realizar duros trabajos en el campo, utilizando este horrible escenario para reflexionar sobre cómo el pasado sin resolver de los Estados Unidos sigue causando estragos en el presente. Un tema por desgracia de plena actualidad debido a las revueltas sociales y el estallido del movimiento Black Lives Matter ante la creciente violencia y las víctimas negras de la brutalidad policial.

Con Antebellum, Bush y Renz lanzan un mensaje de denuncia contra el racismo, el resurgimiento del nacionalismo blanco y las secuelas de la esclavitud que llega alto y claro. De hecho, precisamente uno de sus principales defectos es la falta de sutilidad con la que abordan el tema. En lugar de dejar que el espectador digiera lo que está viendo y saque sus propias conclusiones, el guion se encarga de hacerlo por ti, recurriendo a diálogos excesivamente obvios y explicativos y discursos que, no por muy acertados que sean, resultan menos machacones. La premisa y la acción hablan por sí solas y aunque el mensaje es muy importante y necesario, no hace falta subrayarlo tanto.

Lo mejor de la película es su interpretación principal. La cantante Janelle Monáe lleva poco tiempo en el cine, pero en apenas unos años ha conseguido destacar gracias a películas como Moonlight y Figuras ocultas (recientemente se ha presentado como candidata a interpretar a Tormenta en el Universo Marvel y los fans lo apoyan con entusiasmo). En Antebellum, Monáe realiza la que es su interpelación más desgarrada, comprometida y sorprendente hasta la fecha. La actriz lo da todo en un papel muy exigente, transmitiendo la confusión, el dolor y el horror de su personaje como si se hubiera fusionado completamente con ella. Es digna de ver.

Desafortunadamente, los secundarios no están a su altura, sobre todo por culpa de un guion que no parece interesado en profundizar en ningún personaje más allá de Veronica, quedándose en la superficie de los villanos interpretados por Jena Malone (exagerada y caricaturesca) y Jack Huston (más contenido, pero igualmente olvidable), o la joven recién llegada a la plantación, a la que da vida una desaprovechada Kiersey Clemons, que hace lo que puede con un personaje del que los autores se olvidan por completo hasta que la necesitan para darnos un golpe de efecto. Por último, aporta la nota cómica Gabourey Sidibe, muy divertida y carismática, pero también víctima de un guion que ve a sus personajes como herramientas y no como personas.

En cuanto al misterio en sí, Antebellum parte de una idea muy potente y sabe cómo captar nuestra atención con escenas de auténtica angustia y tensión, pero Bush y Renz flaquean a la hora de estructurar la historia, con un desarrollo algo atropellado en el que el ritmo falla, las sorpresas no lo son tanto y donde por momentos los realizadores parecen más interesados en el estilo que en la sustancia. Al menos esto nos da una película muy interesante desde el punto de vista estético, con secuencias tan visualmente arrebatadoras como el prólogo que nos introduce de lleno en la plantación y la catártica escena final, con la que la película concluye por todo lo alto.

Una pena que en algunas escenas, el factor shock y el deseo de impactar al espectador con la violencia y la venganza descanse demasiado en lo estético, restando fuerza a estos momentos de crudeza que se antojan demasiado artificiales e hiperestilizados (incluso videocliperos). Está claro que Bush y Renz quieren remitirnos al cine exploitation a su manera, pero lo hacen sin la introspección necesaria para que la violencia vaya verdaderamente más allá del efectismo.

Resumiendo, Antebellum es una película altamente irregular en la que los elementos por separado funcionan, pero no forman un todo cohesionado. Por un lado, tenemos la sobrecogedora interpretación de Janelle Monáe y la grandilocuente puesta en escena de Bush y Renz -complementada por la intensa y excelente banda sonora de Roman GianArthur y Nate Wonder y la preciosa fotografía de Pedro Luque-, y por otro un planteamiento narrativo deslavazado que hace flaco favor a la historia y reduce el factor sorpresa del misterio. En definitiva, una opera prima que exhibe mucha promesa, pero no consigue cumplirla del todo.

Ahora bien, a pesar de todo esto, es difícil no sentirse atrapado por ella y conmovido por su mensaje. La película llega en un momento de reevaluación social en Estados Unidos que se está reflejando fuertemente en la ficción que consumimos en todo el mundo, donde las nuevas voces están usando la rabia y el dolor para contar historias impactantes y necesarias. Antebellum no es la gran película que podría haber sido, pero engancha, hace pensar, nos deja varias imágenes grabadas en la retina y un mensaje que nadie debería ignorar.

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