Anne Hathaway: "No entiendo la obsesión que tenemos con la edad"

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Photo credit: Collins Liz
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Sobre un manto de flores y disfrutando de unas vistas de Roma que dejan sin aliento, Anne Hathaway y Zendaya, engalanadas con diamantes, zafiros y esmeraldas, celebran su libertad bailando en los salones de un lujoso palacio. Este extracto de la nueva campaña publicitaria de Bvlgari, 'Unexpected Wonders', dirigida por Paolo Sorrentino –que recibió un Óscar por La gran belleza–, se interpreta como una oda a la 'dolce vita' ultrachic y supone la bienvenida a Anne Hathaway (Nueva York, 1982) como nueva embajadora de la marca de alta joyería. La actriz, una de las voces más comprometidas del cine, fue una de las primeras en unirse al movimiento contra el acoso sexual Time’s Up y en luchar contra el machismo en Hollywood, así como contra la desigualdad salarial. Su estrella en el paseo de la fama atestigua que alimenta, desde hace dos décadas, nuestro imaginario cinematográfico, llevándonos de la mano a sus aventuras más fantásticas: 'Princesa por sorpresa', 'Brokeback Mountain: en terreno vedado', 'El diablo se viste de Prada', 'El caballero oscuro: La leyenda renace', 'Interstellar', 'El becario', 'Ocean’s 8' o 'Los miserables', película por la que ganó el Óscar y el Globo de Oro a la Mejor Actriz de Reparto en 2013. A punto de cumplir los 40, y madre de dos hijos, presentó en la pasada edición del Festival de Cannes 'Armageddon Time', la película autobiográfica sobre la adolescencia del director James Gray, que estrenará este otoño. Hablamos con esta mujer radiante y sensata, con los pies en el suelo, cuyo mantra bien podría ser 'carpe diem'.

¿Con qué soñabas de pequeña?

No tenía ninguna duda de que quería ser actriz, como mi madre. He crecido en la industria del cine. Era algo innato. Además, quería salir y descubrir el mundo, ser parte de él, vivir aventuras, abrirme a los demás. El arte, sobre todo el séptimo, me parecía el terreno más adecuado.

En 'Armageddon Time' interpretas a la madre del director James Gray. ¿Te
has sentido más responsable que de costumbre por interpretar este papel?

Me tomo todos mis personajes muy en serio. Puede que, en este caso, el grado de sensibilidad haya sido mayor. Cuando hablaba con James Gray de mi papel, no era a la ligera, ya que interpreto a su madre. Debía ser justa y respetuosa. A través de ella, pretendía rendir homenaje a las mujeres de los años 80 que permitieron que disfrutemos de una gran libertad actualmente. Se enfrentaron a problemas reales de desigualdad. Se trata

Ella era judía. ¿Cómo te preparaste tú para el personaje?

Yo soy católica, pero me crié en Nueva Jersey, donde vive una gran comunidad judía. Por lo que el judaísmo siempre ha estado muy presente en mi vida. Mi marido es judío y mi suegra, que falleció antes del rodaje, ejerció una gran influencia sobre mí. También les debo mucho a todas las madres judías de los compañeros de mis hijos. En términos de responsabilidad, era consciente de que interpretaba a una mujer con una cultura muy distinta a la mía. Y, desde luego, tuve mis dudas antes de aceptar el papel por miedo a no ser la persona más adecuada.

¿Te ayudó el ser madre de dos hijos?

Por supuesto. En el cine, al igual que en la vida, hay momentos dramáticos y otros llenos de alegría. Antes de ser madre, era algo que no podía imaginar. Me río mucho con mis hijos y esas vivencias han alimentado mi personaje.

de una lucha en la que siempre me he sentido implicada.

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Actúas junto a Anthony Hopkins, una leyenda viva.

Cada vez que abría la boca, absorbía sus palabras. Es un hombre que posee grandes cualidades: es brillante, generoso, alegre. Siempre rebosante de vitalidad y con la cabeza en el presente. Es mágico. Todos venían a verle, era el centro de atención del equipo, como una hoguera. Nos sentábamos a su alrededor y nos contaba historias maravillosas. Supo encontrar las palabras para convencerme de que disfrutara la vida al máximo y que apartara las ideas negativas que suponen los obstáculos de ese deseo básico.

¿Sentiste la misma admiración con Meryl Streep en 'El diablo viste de Prada' o con Robert de Niro en 'El becario'?

Codearse con iconos de ese nivel es una bendición y una lección de vida. Mis encuentros con ellos coincidieron con momentos muy dispares, tres etapas de mí como mujer. Con Meryl Streep, era una veinteañera. Con Robert De Niro, había cumplido los 30. Y con Anthony Hopkins, ¡casi 40! En la época de 'El diablo viste de Prada', me sentía muy intimidada por Meryl Streep y por lo que ella representaba. No me atrevía a abrir la boca, pasaba totalmente desapercibida. En ese momento, soñaba con tener hijos, con triunfar como actriz. Echando la vista atrás, tendría que haber aprovechado mejor la oportunidad, ¡tendría que haber confiado más en mí misma! Con Bob (Robert De Niro) rompí un poco el cascarón. Nos entendimos a la perfección.

Fuiste una de las primeras en unirte al movimiento Time’s Up. ¿Te has percatado de algún cambio en Hollywood?

Sí, sobre todo en la elaboración de proyectos. Ahora se presta más atención a la inclusión. ¿Quién va a escribir el guion? ¿Quién va a dirigir? ¿Quién va a producir? Dista mucho de ser perfecto, pero las cosas están cambiando. Hay que mantenerse alerta, armarse de valor y no tirar la toalla. Sabemos que habrá pasos atrás y después acelerones hacia el buen camino. Nunca debemos abandonar la lucha por la igualdad salarial entre hombres y mujeres, ni tampoco contra el acoso. Ni pensarlo.

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¿Muestras tu valentía al apoyar el movimiento LGBTQ+?

No. Lo único que demuestro es que soy un ser humano. Punto. ¿Quién soy yo para emitir juicios sobre quién puede amar a quién? Es un disparate. Que quepa la posibilidad de semejantes tonterías me parece totalmente inaceptable. Lo de controlar la vida de la gente o su orientación sexual no va conmigo, no.

Estás a un paso de los 40 y estás más radiante que nunca...

Me cuesta horrores entender la obsesión que tenemos con la edad. Este año cumplo 40, ¿y qué? Desconozco lo que significa, lo que implica. Sigo siendo yo. Me siento bien, sin duda estoy en un momento de mi vida en el que jamás había sentido tal plenitud. No siempre ha sido así. Cuido mi alimentación, prefiero la verdura, pero no soy vegetariana. Controlo los excesos. Me cuido, nada más.

¿Te ha cambiado en algo el confinamiento?

Sí. Antes del confinamiento me centraba en el futuro y pensaba en todo lo que me faltaba por hacer, pero todo eso se acabó. Estoy satisfecha con lo que he conseguido hasta ahora. Pienso en el presente, vivo en el presente. Si tengo un plato sobre la mesa, si sé que mis hijos están a salvo en su cama, si tengo un techo sobre la cabeza y mis seres queridos gozan de salud, ¿qué más puedo pedir? A mí me parece perfecto. Me hago menos preguntas que antes de la Covid.

¿Tu relación con Adam Shulman es más sólida que nunca?

Antes de casarme, me dijeron: «El matrimonio es un laboratorio». Se hacen pruebas, si salen bien, bien, si no... Lo cierto es que apostamos por nosotros. En pleno confinamiento, miraba en infinidad de ocasiones a mi marido y pensaba: «¡Qué feliz estoy de que fueras tú!». Estoy convencida de que tomé la mejor decisión posible.

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¿Has pensado en el día en que uno de tus hijos, o los dos, te diga que quiere ser actor?

¡Acabo de decirte que no pienso en el futuro! Bromas aparte, mi madre es actriz y yo también, así que si es lo que quieren, no se lo impediré. Al contrario.

Acaban de nombrarte embajadora de la casa de alta joyería Bvlgari para presentar la nueva colección 'Bvlgari Eden The Garden Of Wonders'. ¿Cómo valoras la experiencia?

Me gusta la idea de asociar las joyas a la celebración de la vida. Una joya es el fruto de un gran trabajo de creación que respeto y admiro. Bvlgari cuenta con una larga tradición marcada por la excelencia, así que la misión de ser su embajadora es un gran honor. Grabar la campaña publicitaria delante de la cámara de Paolo Sorrentino, que sabe narrar historias, fue de lo más emocionante. La vida es una fiesta. Cada día me lo creo más. n