Tengo anemia, ¿significa que mis riñones podrían estar lesionados?

La anemia es una complicación frecuente de la enfermedad renal crónica (ERC) que se caracteriza por una pérdida progresiva de la función renal como consecuencia del daño causado a los riñones por diversas patologías como la hipertensión, la diabetes o las enfermedades inflamatorias inmunitarias. (Foto: Getty)
La anemia es una complicación frecuente de la enfermedad renal crónica (ERC) que se caracteriza por una pérdida progresiva de la función renal como consecuencia del daño causado a los riñones por diversas patologías como la hipertensión, la diabetes o las enfermedades inflamatorias inmunitarias. (Foto: Getty)

La anemia es una afección común que puede ocurrir en diversas etapas de vida debido a distintas causas como un déficit de hierro, de vitamina B12 o de ácido fólico, o por una disminución del número de glóbulos rojos en la sangre o una disminución de los niveles de hemoglobina.

Sin embargo, a veces la anemia no responde solo a un déficit de nutrientes sino que a veces es un signo de una enfermedad crónica. Por ejemplo, la anemia y la enfermedad renal crónica o terminal (ESRD, por sus siglas en inglés) a menudo van mano a mano. Y es que unos riñones sanos ayudan a enviar señales a los huesos para que produzcan células rojas sanguíneas. Entonces, si los riñones fallan, no pueden ser capaces de ayudar al cuerpo a producir los glóbulos rojos que necesita.

De acuerdo con la Clínica Mayo, esta carencia de glóbulos rojos sanos para transportar un nivel adecuado de oxígeno a los tejidos del cuerpo hace que la persona se sienta cansada y débil.

Pero, según nos cuentan desde la Sociedad Española de Nefrología (SEN), la anemia es una complicación frecuente de la enfermedad renal crónica (ERC), afectando al 20 por ciento de los que pacientes con esta enfermedad del riñón.

Se conoce como enfermedad renal crónica a la pérdida progresiva de la función de los riñones, lo que ocasiona un fallo en su capacidad para eliminar toxinas y producir hormonas como la 'eritropoyetina'. Se trata de una hormona producida por el riñón cuya función es estimular la médula ósea para la fabricación de glóbulos rojos, tal y como explica el Instituo Catalán de Urología y Nefrología (ICUN). Esta es la anemia habitual de las personas con enfermedad renal crónica, pudiendo presentarse una anemia mixta (falta de hierro y eritropoyetina).

El doctor José Portolés, jefe de Nefrología del Hospital Puerta de Hierro de Madrid y coordinador del grupo de Anemia de la SEN, explica que, "aunque la patología pasa desapercibida hasta fases avanzadas, la ERC es mucho más frecuente de lo que se cree, y la anemia le acompaña". 

En la enfermedad renal crónica, como señala el Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales (NIDDK, por sus siglas en inglés), los riñones están lesionados y no pueden filtrar la sangre como deberían. Esta lesión puede hacer que se acumulen toxinas y líquidos en el cuerpo, y puede causar otros problemas de salud.

Se estima que un 10 por ciento de la población adulta española padece algún grado de enfermedad renal crónica, "y la anemia comienza en fases precoces de la ERC, progresando a la par que esta enfermedad”, añade el experto.

La anemia de la ERC es "precoz, progresiva, frecuente y asocia daño directo”, señala el Dr. Portolés. Esta afección provoca cansancio, intolerancia al ejercicio, debilidad muscular y por lo tanto, una menor calidad de vida en las personas que la padecen, incrementando también el riesgo de ingreso, de un evento cardiovascular y de muerte.

El problema es que los síntomas que suelen presentarse en la anemia son comunes a muchos otros trastornos: Fatiga, debilidad o cansancio, dolor de cabeza, mareos, falta de concentración, piel o mucosas pálidas... Y eso puede impedirnos desenmascarla porque lo asociamos a otras dolencias o lo dejamos pasar sin darle importancia.

Lo que debe alertarnos son los latidos de corazón irregular o taquicardias, el dolor en el pecho, tener manos y pies fríos o intolerancia al frío, y problemas para respirar.

Además de los síntomas descritos anteriormente, los especialistas del centro de urología catalán advierten de que "la anemia tiene efectos nocivos en pacientes con ERC, como un aumento del gasto cardiaco, la reducción de oxígeno, pérdida de la capacidad de concentración, una progresión de la propia ERC o una disminución de la libido. A esto hay que sumarle las posibles complicaciones cardiovasculares o cerebrovasculares, así como el deterioro de la calidad de vida".

A medida que avanza, más 'destrozos' causa. Y es que es importante entender que la anemia puede ser la manifestación de una enfermedad hematológica o una manifestación secundaria a muchas otras enfermedades. Como estamos viendo, ciertos tipos de anemia pueden ser graves, de larga duración e incluso potencialmente mortales si no se diagnostican y tratan.

En el caso de la enfermedad renal, cuánto más grave es la ERC, mayor afectación presentan los afectados: uno de cada dos pasa a tener anemia en el estadio 5 de la enfermedad renal.

Por eso, los pacientes y los especialistas que les atienden están esperanzados ante la llegada de un nuevo tratamiento con resultados prometedores que corregiría la anemia asociada a la enfermedad renal crónica. Este tratamiento es el primero, con un mecanismo de acción diferente a los tradicionales, de una nueva familia de terapias que lograrían un abordaje integral del tratamiento de la anemia en pacientes con ERC.

Disponer de nuevos tratamientos eficaces y seguros siempre es una buena noticia para médicos y pacientes”, señala el doctor Portolés.

Entre estos nuevos tratamientos destaca la llegada de una nueva clase inhibidores orales (denominados IPH-HIF) que cuentan con un mecanismo de acción diferente a los tratamientos convencionales y que consiguen 'corregir' la anemia renal gracias a "una utilización más eficiente del hierro y una reducción de los niveles de colesterol”.

En definitiva, aunque la palidez cutánea, el cansancio, la fragilidad de cabellos y uñas, o la dificultad respiratoria pueden indicar una anemia, la única manera de saberlo con seguridad es hacerse la prueba.

El diagnóstico inicial de anemia es aparentemente sencillo, ya que en un análisis rutinario se detecta una disminución de los niveles de hemoglobina o del número de glóbulos rojos. El estudio completo, una vez detectada la anemia, requerirá ampliar el estudio analítico, examinar una extensión de sangre periférica y, en algunos casos, realizar un aspirado o una biopsia de la médula ósea.

Y para la anemia de la enfermedad renal crónica el médico puede solicitar dos análisis de sangre; de hemoglobina (Hgb) en sangre (la sustancia en los glóbulos rojos que transporta el oxígeno) y una prueba de Hematocrito (Hct), que muestra qué cantidad de la sangre está constituida por glóbulos rojos.

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