Los efectos secundarios más divertidos de regresar a la Tierra desde el espacio

Miguel Artime
·4 min de lectura
El ingeniero de vuelo Chris Hadfield jugando con agua en la ISS, no lo intentes aquí abajo si eres de los que no disfruta de las duchas. (Crédito imagen: ESA).
El ingeniero de vuelo Chris Hadfield jugando con agua en la ISS, no lo intentes aquí abajo si eres de los que no disfruta de las duchas. (Crédito imagen: ESA).

¿Alguna vez habéis estado un mes en el extranjero, y cuando regresáis a España os cuesta cambiar el chip del idioma? “Excuse me madam” le dices a la viejecita que se te intenta colar en la cola del bus, quien resulta ser natural de Albacete y te mira como si fueras un extraterrestre.

En fin, estas cosas de la inercia cultural son sumamente corrientes y dan lugar a anécdotas divertidas, aunque no llegan a serlo tanto como las cosas que les ocurren a los astronautas cuando regresan a la Tierra después de un periodo en la órbita baja.

En 2013 se hizo viral un vídeo en el que el veterano astronauta Thomas H. Marshburn (que estuvo dos veces en la Estación Espacial Internacional) bromeaba repetidamente con los efectos que acarrea acostumbrarse a la falta de gravedad. La secuencia estaba escenificada pero ilustra perfectamente lo perplejos que quedan los astronautas al comprobar que aquí abajo, no pueden dejar las cosas suspendidas en el aire mientras hacen otra cosa, ya que irremisiblemente estas acaban en el suelo.

¡Ah la gravedad, fuerza tiránica! Volver a enfrentarse a sus consecuencias es una fuente inagotable de anécdotas graciosas, que solo pueden relatar los afortunados “elegidos para la gloria” espacial. Según la revista Air & Space, en 1998 el astronauta de la NASA Joe Edwards pasó una semana en órbita, en una misión a la estación rusa MIR en la que fue piloto de la lanzadera espacial Endeavour.

Nada más aterrizar de regreso a la Tierra, el cirujano de vuelo que le iba a realizar un examen médico, le entregó un vaso de limonada. Cuando el doctor le pidió que se quitara los zapatos, Edwards dejó en el aire el vaso, totalmente convencido de que se mantendría en su posición hasta que se volviera a levantar a recogerlo. Obviamente no fue así, por lo que el examen duró más de lo acostumbrado, aunque esto fue debido a que tuvo que fregar el desaguisado.

En 2014, el astronauta de la NASA Kenneth D. Cameron relató haber pasado por una experiencia similar, durante una reunión de la asociación de antiguos alumnos del MIT. Nada más regresar a la Tierra, Kenneth estaba siendo trasladado en una furgoneta a las instalaciones destinadas para la tripulación cuando le dieron un vaso con zumo de naranja. Acostumbrado a lanzar cosas con un leve movimiento, que las hace ir en línea recta en gravedad cero, su movimiento instintivo solo sirvió para empaparle a él y a su compañero de asiento.

“Simplemente le pasé el zumo de naranja, empujándolo hacia él”, recordó Cameron riéndose. “Habría funcionado perfectamente en órbita, pero en el coche lo dejé todo perdido gracias a la gravedad”.

Por lo que puedo leer, estas cosas llevan sucediendo desde el inicio de las misiones tripuladas a la órbita terrestre. En el primer año de funcionamiento de la estación espacial estadounidense Skylab (es decir en 1973), la instalación recibió tres misiones tripuladas, cada una de las cuales llevaron a tres astronautas a bordo. En la segunda de esas misiones, viajaron los astronautas Alan Bean y Jack Lousma, los cuales protagonizaron una divertida anécdota a su regreso, tras pasar casi dos meses en órbita baja.

Según se puede leer en el blog Nothing in Particular, ambos tuvieron un simpático contratiempo poco después de regresar a los “amorosos” brazos de la gravedad, y es que a los dos se les ocurrió lanzarse a “volar” como hacían en microgravedad, lo cual para su desgracia no funcionó. Además, Lousma relató que durante su primer afeitado en Tierra, se lanzó suavemente de mano a mano el frasco de aftershave. ¿Resultado? Se cayó dentro del lavabo rompiéndose en mil pedazos.

Como veis, el espacio tiene sus ventajas en eso de desplazar cosas con poco esfuerzo. Lástima que todas desparezcan al volver a pisar el suelo. Si regresas del espacio recuerda que debes adaptarte pronto a la normalidad. No intentes planear cual Superman por el pasillo de tu casa o podrás experimentar otra “gravedad”, la de tus lesiones.

Me enteré leyendo RealClearScience.

VÍDEO | La nasa llevará los aguacates a Marte

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