Analíticas de sangre durante el embarazo

Dr. Francisco Marín
Todas las analíticas que se realizan en la población general, en cualquier momento de la vida de una persona tienen su importancia de cara a constatar la presencia de enfermedades y ponerles remedio. Y las realizadas durante la gestación no son menos relevantes. Pero tienen algunas características propias (las pruebas que se solicitan, los resultados que se consideran normales) que las hacen únicas. Vamos a conocerlas un poco mejor.

Ya en la primera visita, toca analítica

Una vez confirmada la gestación (mediante un test de orina, generalmente), la mujer suele acudir a su centro de referencia para el control y seguimiento del embarazo. Y una de las primeras pruebas solicitadas será una analítica. Pero no una analítica cualquiera, sino con una serie de parámetros concretos, que permitirán conocer el estado general de la gestante, y cómo hemos de afrontar los sanitarios el seguimiento de dicho embarazo.

Así, en la primera analítica solicitada nuestro médico: 

  • Cómo funciona el riñón:

Esto se realiza determinando los valores de urea y creatinina en sangre. Se trata de una de las pruebas presentes inexcusablemente en cualquier analítica, por básica que sea. Pero en el embarazo, además, nos permite adelantarnos al posible desarrollo de una hipertensión arterial, puesto que, en caso de aparecer ésta, uno de los “órganos” que más padece es el riñón.

  • Grupo sanguíneo y Rh:

Otra prueba vital. Un Rh positivo significa que el sujeto en cuestión tiene una proteína concreta en sus glóbulos rojos (si fuera Rh negativo, no tendría dicha proteína). Y, como cualquier proteína, cuando entra dentro de un organismo diferente, actúa como antígeno (esto es, dando lugar a la formación de anticuerpos por parte del organismo “invadido”, de cara a ser eliminado por el sistema inmunológico).

El motivo, pues, de solicitar el grupo sanguíneo es asegurarnos que no se da una situación que podría poner en riesgo el desarrollo del bebé: Que éste sea de grupo Rh positivo, y la madre Rh negativo. Ante esta situación, la madre generaría anticuerpos contra la proteína Rh del bebé, y esto podría dar lugar a una anemia (denominada hemolítica, por ser debida a la destrucción de los glóbulos rojos del bebé por el sistema inmunológico de la madre). Es fácil entender que todo este proceso puede generar el fallecimiento del bebé.

Si no se trata del primer embarazo, y la madre es Rh negativo, conviene realizar el denominado test de Coombs. Este test permite saber si la madre ha desarrollado anticuerpos contra el factor Rh, cosa que, si su criatura fuera Rh positivo, podría facilitar un “rechazo” al mismo (con el consiguiente aborto precoz). Como veremos posteriormente, este test ha de volverse a realizar entre las semanas 24 y 28 en mujer Rh negativo (momento a partir del cual se entiende que se pueden poner en contacto la sangre del bebé con la de su madre).  

  • Serologías:

Como hemos visto en el caso de la anemia hemolítica (la relacionada con el Rh), la entrada de cualquier proteína ajena en un organismo suele dar lugar a la producción de anticuerpos contra dicha proteína por parte del organismo “invadido”.

Esta proteína “ajena” puede formar parte de algún tejido del bebé (sería la situación antes relatada); pero también puede estar presente en cualquier bacteria o virus que nos ataque. Entendemos por serología la determinación de la presencia de anticuerpos contra la proteína/proteínas de un germen en un individuo concreto. Su presencia (positividad, en este caso), sólo indica que dicho individuo (en nuestro caso, la gestante) ha estado en contacto previamente con el germen en cuestión, y ha desarrollado defensas contra el mismo.

Los gérmenes que nos interesan, porque pueden ser los más nocivos de cara al desarrollo del embrión/feto, son los siguientes:

  • Virus de la Inmunodeficiencia Humana: Se ha de realizar siempre. Si el resultado es positivo (esto es, la madre tiene “en su interior” el virus de la inmunodeficiencia humana), convendría realizar una cesárea programada para evitar que la madre transmita el virus a su bebé (con la cesárea disminuye el riesgo respecto al parto vaginal normal). Nos pedirán siempre el consentimiento informado a la hora de realizarnos esta prueba.
  • Sífilis (o lúes): Importante por ser un germen capaz de provocar severas malformaciones en el embrión/feto, muchas de ellas incompatibles con la vida.
  • Toxoplasma: Parásito con similar capacidad lesiva a la del germen causante de la sífilis. Muchas de las mujeres que han estado en contacto previamente con gatos, suelen haber desarrollado anticuerpos contra dicho parásito. Si no es así, y la mujer no tiene dichos anticuerpos, se le ha de recomendar que no consuma carnes no cocinadas (embutido, fundamentalmente).
  • Rubéola: Importante saber si la mujer está inmunizada, pues se trata también de un virus muy teratógeno (que provoca importantes malformaciones). Afortunadamente, con la campaña de vacunación infantil instaurada hace ya varias décadas, encontrarse con una mujer no inmunizada contra este virus no es algo frecuente. Pese a ello, si no está inmunizada, conviene evitar contactos con infantes que pudieran estar padeciendo rubéola.
  • Hepatitis B (Antígeno de superficie, que indica si la madre está infectada y es portadora crónica de dicho virus). Igual que en el caso anterior, se trata de un virus del que ya poseemos vacuna; por lo que en las próximas décadas, seguramente, este padecimiento pasará a ser poco más que anecdótico. Respecto a este virus, se realiza la serología ahora, y se vuelve a repetir entre la semana 24 y la 28. El motivo de repetir la prueba radica en el hecho que, durante la gestación, la madre puede estar en contacto con dicho virus y generar producción de anticuerpos, o desarrollar la enfermedad.  
  • Los niveles de glucosa en sangre (¿tengo diabetes?)

Otra cuestión que nos interesa es conocer el estado glucémico de la gestante (sus niveles y controles de glucosa en sangre). El motivo de esta necesidad radica en que una diabetes suele originar problemas de crecimiento; tanto por exceso (macrosomas), como por defecto (retraso de crecimiento). La necesidad y el momento de los controles a realizar varían en función de si la gestante tiene predisposición a padecer diabetes (antecedentes familiares importantes, o diabetes gestacional en embarazos previos) o no; si estamos ante el primer caso (cierta predisposición) el test de O’Sullivan ha de adelantarse (en lugar de la semana 24, que es lo habitual), y realizarse en este momento. El motivo de este adelanto es conocer lo antes posible cómo se comporta el cuerpo de la gestante ante la glucosa, e intentar controlar los niveles (y, por tanto, el crecimiento del bebé) ya desde casi el inicio.

La siguiente analítica es a las 24-28 semanas

En esta segunda analítica valoramos de nuevo, como veíamos antes, la presencia de anticuerpos contra el virus de la hepatitis B, por si durante la gestación hemos estado en contacto con él. Es el momento, también, de realizar el test de O’Sullivan, si no se realizó en un primer momento (es decir, si la gestante no tenía factores de riesgo que implicasen la realización de esa prueba en las primeras semanas de embarazo).

El test de O’Sullivan (o test de sobrecarga oral de glucosa) consiste en administrar 50 gramos de glucosa a la gestante, y medir la glucosa en sangre una hora después. Si obtenemos un resultado superior a 140mg/dl de glucosa en sangre, la gestante ha de someterse a un segundo test: La denominada Prueba de Tolerancia a la glucosa. En este segundo caso, se administran 100 gramos de glucosa a la gestante, y se le mide la glucemia en ayunas, a la hora, dos horas y tres horas. Si el resultado de este segundo test es positivo, estamos ante lo que denominamos una diabetes gestacional, que requerirá controles específicos por parte de nuestro obstetra.

También se realizará un nuevo hemograma en esta semana, para conocer la existencia de anemia, y si requiere la mujer embarazada recibir tratamiento con hierro oral por dicho motivo.

Preparando el parto

Sobre la semana 36 se realiza ya un par de pruebas fundamentales para la preparación del parto:

  • La valoración de los niveles de plaquetas y coagulación, de cara a afrontar las heridas que se producen durante el alumbramiento. Esto se realiza mediante una analítica de sangre.
  • Un cultivo vaginal-rectal, buscando la presencia de una bacteria: El estreptococo agalactiae, por ser posible generador de sepsis en el recién nacido, que se contaminaría en el canal del parto. Si es portadora de esa bacteria, daremos una pauta de antibiótico a la partera cuando comience el trabajo del parto (no hemos de tratar previamente a la mujer).

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