Ana Obregón tiene que aferrarse fuerte a la vida

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TRES CANTOS, SPAIN - SEPTEMBER 17: Ana Garcia Obregón returning to the morgue very affected by the death of her father, on September 17, 2022, in Tres Cantos (Madrid, Spain). (Photo By Francisco Guerra/Europa Press via Getty Images)
Ana Obregón está destrozada pero renacerá como siempre logra hacerlo. (Photo By Francisco Guerra/Europa Press via Getty Images)

Los varapalos que la vida le está dando a Ana Obregón en los últimos dos años son realmente inconmensurables. La presentadora tiene que ser más fuerte que nunca para poder sobreponerse de todo este dolor.

Hay fallecimientos que son ley de vida y otros que son trágicas pérdidas de un destino truncado pero, en ambos casos, la tristeza y el luto acechan a aquel se queda en esta vida. Ana Obregón sabe muy bien lo que es perder al ser que más has amado en este mundo y es que hace dos años y pocos meses vio morir a su hijo Álex Lequio a los 27 años.

Es evidente que el vacío y el desconsuelo de la pérdida de un hijo, en su caso a causa del cáncer, no tiene comparación con el dolor que se siente al perder a un padre o una madre dado que, por edad, nos hacemos a la idea de que partirán antes que nosotros.

Sin embargo, cuando en tan solo dos años te quedas huérfana de hijo, madre y ahora padre, ya no sabes a qué aferrarte. Ana Obregón se ha despedido de su papá en redes sociales elogiando su espíritu trabajador y sus 96 años de vida así como los “millones de momentos únicos contigo que guardo tatuados en mi corazón”.

El sentimiento que desprende Ana, siempre honesta y generosa a la hora de compartirse y expresar su luto, es realmente descorazonador. La actriz dice que esos recuerdos los usará para “poder seguir respirando”.

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Esta frase me da esperanza y es que, cuando perdió a su hijo Álex, algunos de sus mensajes en Instagram me hacían presagiar lo peor. Obregón no tenía ganas de vivir, solo deseaba reunirse con su hijo en ‘el cielo’ y dejar esta vida.

Las alertas de que se pudiera quitar la vida ante la tragedia estaban presentes y, el hecho de que dos años después siga en pie, vuelva a sonreír a pesar de los varapalos que ha recibido e intente levantarse cada mañana, son dignos de la más sincera admiración.

Ana seguirá respirando, porque ella es más fuerte de lo que a veces cree, porque tiene unas hermanas que la adoran y un hermano que no es de sangre, su fiel amigo Raúl, que van a abrazarla de nuevo más fuerte que nunca para que logre superar también la muerte de su progenitor o, al menos, que logre aprender a seguir viviendo con ella.

“Ahora las tres personas que más quiero en mi vida no estáis aquí conmigo y te juro, papá, que no sé cómo lo voy a hacer.”, escribe Anita y es lo más natural del mundo sentirse sola, perdida, desprotegida y preguntarse ‘por qué a mí’ y ‘por qué tan seguido’, sin embargo la bióloga concluye con un “por favor cuida mucho de mi hijo hasta que llegue.”

Deseo con todas mis fuerzas que sea lo más tarde que nunca y es que Ana tiene mucho que vivir, experimentar, disfrutar y compartir con su amado público, mientras, ante la adversidad de la vida, Raúl le cuenta a ‘La Razón’ que: “Este momento es horrible, la muerte de su padre ha destrozado a Ana. Tenga en cuenta que en apenas dos años han fallecido sus padres y sus hijos, las personas a las que más quería en esta vida.”

Pero algo tiene muy claro y es la mejor medicina para el corazón de Ana: “Nunca he soltado a Ana y nunca la soltaré, estoy a su lado incondicionalmente, y mas ahora. Tengo el corazón en un puño por la situación. Pero bueno, ahora tengo que estar a su lado y abrazar su corazón con el mío.”

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