Ana Obregón y Alessandro Lequio: de las infidelidades públicas a estar más unidos que nunca por su hijo Aless

Hace menos de una semana conocíamos que Aless Lequio había fallecido a los 27 años tras luchar durante más de dos años contra el cáncer. Sus padres, rotos de dolor, viajaban a Madrid el fin de semana tras dos meses en Barcelona en los que no se han separado ni un instante de su hijo. En la capital, Ana Obregón y Alessandro Lequio acudían juntos de la mano al Tanatorio de La Paz para dar el último adiós al joven que siempre mantuvo la sonrisa pese a la adversidad. La expareja ha estado más unida que nunca en este tiempo, han sido un gran apoyo el uno para el otro, el hombro en el que llorar y la mano tendida que coger en el que sin duda es el momento más duro y doloroso de sus vidas.

Ana Obregón, Alessandro Lequio y su hijo en un evento tras el anuncio de la enfermedad de Aless.

Pero la relación de la actriz y el conde italiano no siempre ha sido idílica y durante muchos años estuvieron alejados e incluso llegaron a tirarse los trastos a la cabeza. Su historia de amor comenzaba en 1987. Ana y Alessandro concidían por primera vez en un restaurante en Roma pero ni siquiera se saludaban. Ella estaba en la capital italiana grabando una película y él estaba aún casado con Antonia Dell’Atte que, pese a su origen humilde del sur de Italia, entonces era una de las modelos más reconocidas y musa del diseñador Giorgio Armani. Antonia sí saludaba entonces a Ana mientras cenaba con un director de cine; Alessandro se quedaba sentado en su silla y ni siquiera se levantaba para decirle “hola”.

En ese año, Ana salía con el jugador de baloncesto Fernando Martín, que fallecería dos años después en un accidente de coche. A finales de 1990, algo más de dos años después del nacimiento de Clemente, el hijo de Antonia y Alessandro, la bióloga volvía a coincidir con el matrimonio en Madrid en un evento organizado por la firma francesa Chanel.

El conde italiano, sobrino del rey Juan Carlos I e hijo del conde Clemente Lecquio di Assaba y de la princesa Alessandra Torlonia, aterrizaba en Madrid en 1991 para trabajar como alto ejecutivo en la fábrica de coches Fiat gracias a sus contactos con la familia Agnelli. Su matrimonio con Antonia ya estaba en crisis y hasta la propia italiana lo reconoció años después en el programa de Bertín Osborne. “El matrimonio estaba roto, pero yo no podía dejarlo. Tenía que encontrar un momento oportuno”, decía.

Antonia Dell’Atte emprendió un combate televisivo contra su ex y su pareja entonces Ana Obregón. (Photo by Carlos Alvarez/Getty Images)

Un amor de cuento de hadas

En enero del año siguiente, Alessandro se reencuentra con Ana en una cena en casa de Manuel March. Su vitalidad, su alegría y su pasión por la vida hizo que el conde cayera a sus pies al instante. Ana se convirtió en su paño de lágrimas y fue a ella a la que contó que su matrimonio estaba dando sus últimos coletazos. “Me pareció evidente que no estaba satisfecho con su vida, que estaba sufriendo y no tenía muchos hombros en los que llorar. Alessandro y Antonia ya no eran un matrimonio y él me necesitaba, igual que yo a él”, decía Ana Obregón en una entrevista. Los locales de moda de Madrid se convirtieron en su refugio y poco después eran fotografiados en Mallorca por la revista ¡Hola!. Ana comentaría luego en Tiempo que ella no había roto nada “que no estuviera ya roto”, refiriéndose al matrimonio de Dado y la modelo.

Su amor parecía indestructible. Eran la viva estampa de la felicidad. Antonia, despechada y abandonada por el conde, fue de plató en plató criticando duramente a su exmarido y a la nueva pareja de este. Fue especialmente cruel con Ana, llegó a insultarla en La máquina de la verdad, algo por lo que más tarde tendría que indemnizarla tras ser demandada por la bióloga. “Cuando se fue de casa, me despierto y veo que me había dejado sin nada. Había vaciado todo. Me dejó con el culo al aire. Ahí todo el mundo me buscó. La abandonada y cornuda. Ellos me hicieron famosa porque si hubieran estado callados, no hubiera sido la Dell’Atte que soy en España. Tuve a toda la sociedad española a mi lado", decía Antonia a Bertín.

Pese a la adversidad y el ruido mediático que provocaba Antonia, Ana y Alessandro estaban felices y enamorados. El 23 de junio de 1992 nacía Aless, y su felicidad llegaba a su punto más alto. Posaban felices para ¡Hola! dando muestra de que lo suyo no había tenido nada que ver con lo que aseguraba Dell’Atte: que él quería dinero y ella un título nobiliario. El niño, rubito y con el pelo ensortijado, se convertía en el centro de la vida de la bióloga. Aunque lo intentaron, la pareja no pudo casarse porque Antonia se negó darle a él la nulidad matrimonial. “Mi amor por Alessandro me empuja a dar vida a otro ser y a casarme. Ana García ha matado a Ana Obregón", decía entonces Ana que hasta ese momento había sido casi ‘alérgica’ al matrimonio.

La infidelidad de Lequio con una azafata

Pero el amor no les duraba demasiado a la pareja. Lo que había sido una historia de cuento de hadas, llena de pasión, fuego y momentos de película, se tornaba un infierno para Ana Obregón. Y es que la historia volvía a repetirse siguiendo el dicho popular de que “quien lo hace una vez... lo hace una segunda”. La protagonista de Ana y los siete descubría que Alessandro le estaba siendo infiel estando aún con ella. Era 1994 y veíamos a Ana salir sola de un hospital tras una engorrosa operación de otitis. Ni rastro de su pareja acompañándola. Semanas antes, la actriz había aparecido con el brazo en cabestrillo y fueron muchos los rumores maliciosos que insinuaban que Dado no le convenía a Ana ni en lo personal ni en lo económico.

Pero la gota que colmó el vaso en la paciencia de Anita fue la aparición de unas fotos del conde italiano jugando al golf (su única actividad reconocida en esos años) con Silvia Tinao, una azafata. En sus memorias, Ana cuenta que ella ya lo sabía desde meses antes y que le descubrió gracias a una amiga que vivía enfrente del piso en el que el conde se veía con esta azafata separada y con dos hijos. Desde la ventana de su conocida contempló horrorizada cómo ambos se abrazaban.

Ana, rota de dolor ante el escarnio público de su amor, le echaba de su casa de la exclusiva urbanización La Moraleja. Además, la pareja hacía frente también a un fracaso empresarial teniendo que cerrar un gimnasio en el que Lequio daba clases de defensa personal. "Perdí siete u ocho kilos con la separación. Haber fracasado en eso fue muy duro”, dijo Ana años después. Obregón pasaba de ser la que había ‘robado’ el marido a Antonia, a la ‘cornuda’ de España.

Según ella misma contó después en su libro, fue el peor momento de su vida. La vida se convirtió entonces en una pesadilla para ella porque se sentía engañada y abandonada por el hombre que ella pensaba que sería para toda la vida. Explica en sus memorias que Dado ha sido el el hombre que más daño le ha causado, pero que al mismo tiempo le dio lo más importante de su vida, su hijo.

Alessandro Lequio y su hijo siempre han tenido una excelente relación. (Photo by Europa Press/Europa Press via Getty Images)

“Lequio fue un error en esa época de mi vida”

En 2017, Ana contaba a Risto Mejide en el programa All you need is love que lo había pasado muy mal en esos años. "Todos sabemos que Alessandro me acabó poniendo los cuernos. Fueron públicos, fue una época dolorosa. Vi en una revista al padre de mi hijo dándose un beso con otra mujer. Le dejé pero me seguía llamando", decía. "Lequio me llamaba y yo grababa las conversaciones. Me decía “quiero volver contigo” y “esta no me gusta porqué tiene celulitis” (refiriéndose a Tinao). Entonces llamé a la puerta de su amante y le di las cintas. Lequio fue el único error de esa época de mi vida", confesaba.

Alessandro respondía días después en El programa de Ana Rosa donde es colaborador: “No puedo decir que no dijeron la verdad. Yo lo pasé mal en las rupturas con Ana y Antonia y peor lo pasaron ellas. Crucificadme en la plaza por ser infiel, me equivoqué, no puedo decir nada más". En esos años, Lequio vivió la vida loca y era habitual verle en las revistas con señoras de buen ver pasándolo en grande. Sacó provecho gracias a las revistas y los programas de corazón de la época, que veían en él a todo un playboy atractivo, ligón y seductor como el que más.

A pesar de que su separación se convirtió en su peor pesadilla, Ana Obregón hizo de tripas corazón para que su ya expareja tuviera una buena relación con el hijo que tenían en común. Dicen que Alessandro siempre tuvo las llaves del chalet de Ana, que solía llevar al niño al colegio y que cuando ella tenía que viajar por trabajo él era el encargado de quedarse con Aless. Nunca tuvieron un régimen de visitas ni una compensación económica, Ana podía hacer frente a todos los gastos sin problema. “Lequio como pareja es un desastre, pero como amigo y padre es el mejor”, ha dicho ella siendo más que generosa en alguna ocasión.

Porque si hay una palabra que defina a Obregón con respecto a Lequio es generosidad. Ana siempre quiso que el conde viera a su hijo y disfrutara de él como no había podido hacer con Clemente, que se quedó en Italia con Antonia y durante años estuvieron alejados en su amor paterno-filial. “Mi hijo es mi vida y es el papel en el que he triunfado, el de madre. He sido madre y padre contra todo y contra todos", ha dicho Ana que incluso fue la artífice de esa reunión de Clemente con su hijo Aless que durante la infancia habían pasado escasos días juntos, pero que en la adolescencia pudieron retomar su relación, que se hizo mucho más fuerte y de cariño en los últimos años y sobre todo durante la enfermedad de Aless, ya que Clemente fue uno de sus grandes apoyos.

Cuando Aless comenzó sus estudios universitarios en Estados Unidos, se produjo un nuevo milagro. Si hasta entonces Ana y Alessandro habían llevado una relación cordial, su hijo logró que volvieran a ser amigos. Le acompañaron en el inicio de su aventura americana y desde ese momento, el conde y la bióloga volvieron a ser amigos, dejándose ver en eventos y actos junto a su hijo y firmando definitivamente la paz en esa tregua que se habían dado tras su separación.

2018 les unió definitivamente

Sin duda, esa relación se tornó aún más sólida a comienzos de 2018 cuando a Aless le fue diagnosticado el cáncer, un tumor maligno y de un tipo muy raro, como Ana contaba después en ¡Hola!. La actriz y el conde se volvieron entonces inseparables. Juntos viajaron a Estados Unidos para acompañar a su hijo en los primeros tratamientos para tratar de curar su enfermedad. Se mostraban unidos frente a todo y más cómplices que nunca pese a que Alessandro había rehecho su vida junto a María Palacio, con la que tuvo una niña, Ginevra, en 2016. Allí estuvieron seis meses recibiendo tratamiento en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York donde fue atendido por el oncólogo español José Baselga, director por aquel entonces de la institución.

Tras su regreso a Madrid, Aless volvía a su trabajo como emprendedor tratando de poner en marcha su empresa de comunicación Polar Marketing. Sus padres siguieron siendo su gran apoyo en momentos de recaída y en nuevos ingresos en el hospital. Ana y Alessandro posaban con él en la presentación de su empresa, felices, esperanzados por la recuperación de su hijo. Ya nada podía destruir ese amor que habían retomado ante la enfermedad de la luz de sus vida. Y es que Aless, un chico vital, siempre optimista y con una personalidad amable y conciliadora, había logrado que sus padres estuvieran unidos por ese amor hacia él que continua hoy.

Hace dos meses, Aless sufría una última recaída y junto a sus padres se trasladaba a Barcelona para probar un nuevo tratamiento en su lucha feroz contra el maldito cáncer. Junto a él se fueron sus padres y juntos han estado viviendo en un apartamento en la Ciudad Condal sin separarse de su hijo ni un solo segundo. La peor de las noticias llegaba el pasado 13 de mayo cuando todos conocíamos que ese niño rubito que mordisqueaba los micrófonos al ser perseguido por la prensa fallecía. A su lado estuvieron Alessandro y Ana, y su novia, Carolina Monje.

Y durante los días posteriores durante el velatorio y su terrible regreso a Madrid para darle el último adiós hemos visto a esos padres rotos de dolor pero abrazados, unidos, siendo el bastón en el que apoyarse y dándose todo el amor del mundo en los días más dolorosos de sus vidas. Ana y Alessandro han dicho adiós a su hijo, pero él les devolvió una relación más pura y real que estamos seguros no volverá a romperse.

Más historias que te pueden interesar: