Ana de Armas intenta lo que ni Salma Hayek o Penélope Cruz probaron en Hollywood

Ana de Armas se va para arriba. Después de interpretar al personaje más prometedor de Sin tiempo para morir hasta el punto de hacerle sombra al mismísimo James Bond durante sus breves minutos en pantalla, la actriz cubana vuelve a demostrar que su idilio con Hollywood no conoce de estereotipos. Porque si bien hace tiempo se rumorea que este mismo año romperá esquemas con su interpretación de Marilyn Monroe en Blonde, la verdad es que no hace falta seguir esperando para descubrir los primeros indicios de lo que esta latina está obrando en la meca del cine. Y lo podemos descubrir claramente en El agente invisible, su nueva película para Netflix.

Ana de Armas como Dani Miranda en 'El agente invisible'. Courtesy of Netflix © 2022
Ana de Armas como Dani Miranda en 'El agente invisible'. Courtesy of Netflix © 2022

Antes que nada quiero dejar claro que esto no es una crítica a Salma Hayek ni Penélope Cruz. Ni mucho menos. Estoy convencida que si Ana de Armas y otras actrices hispanas consiguen llegar lejos en una industria tan competitiva como Hollywood, es gracias a mujeres como ellas que fueron abriendo el camino. Mujeres que han derribado barreras con sus talentos, enfrentándose a estereotipos y una industria de oportunidades desiguales. Una labor que ya comenzaron hace décadas otras estrellas hispanas como Dolores del Río, María Alba, Lupe Vélez o Rita Moreno.

No obstante, lo que Ana de Armas impone en El agente invisible merece ser reconocido en cuanto al aparente futuro que busca para su carrera en Hollywood. Porque si bien la nueva película de acción de los hermanos Russo peca de simpleza narrativa, abuso de clichés y villanos ridículamente caricaturizados (confieso que lo de Chris Evans como bufón sin escrúpulos y Regé-Jean Page como villano engreído de poses perfectas casi me hizo apagar el visionado), ella consigue salir airosa. Y no porque se preste a la acción como hizo en Sin tiempo para morir, cautivando nuestra atención con peleas perfectamente coreografiadas, o porque se convierta en protagonista inesperada como la verdadera heroína justiciera de moralidad incorruptible en una historia plagada de personajes fallidos. Sino por algo mucho más interesante.

Hablo de que una actriz hispana consiga romper estereotipos sin que su ascendencia, raíces o etnicidad, definan su personaje como la ‘latina de la historia’. Esa etiqueta que Salma, Penélope y otras actrices hispanas han tenido que desafiar a lo largo de sus carreras, escogiendo proyectos idóneos que les permitieran desplegar su arsenal artístico en un intento constante por derribar prejuicios ridículos.

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Ana de Armas interpreta a Dani Miranda en El agente invisible, un agente de la CIA que se alía con Sierra Six (Ryan Gosling), un mercenario que trabaja para la misma organización pero se da a la fuga cuando descubre secretos incriminatorios para la agencia. Evidentemente, el nombre del personaje (sobre todo el apellido) ya nos indica que estamos ante un personaje de ascendencia hispana, aunque en ningún momento se la define explícitamente como tal en la película. A diferencia de Sin tiempo para morir, donde enmarcaban a su personaje de entusiasta espía como la latina de la historia al desvelar su origen cubano en la misma introducción, en El agente invisible no se hace mención mientras la actriz pone de su parte para no dejar que sus raíces tampoco la definan.

Si ven la película en idioma original pueden comprobarlo enseguida, al ver cómo Ana de Armas trabaja en mantener un acento lo más neutral posible. No es un acento americanizado en su totalidad, pero tampoco destila las tonalidades marcadas de sus orígenes reales, dándome a entender que está creando una carrera abierta a todo tipo de oportunidades, interpretando un personaje aparentemente latinoamericano pero sin definirlo de manera que dé lugar a etiquetas superficiales.

Y esto es algo que ni Salma Hayek, Penélope Cruz o Sofia Vergara hicieron o eligieron hacer de momento. Es decir, actrices nacidas, criadas y con vidas desarrolladas en países hispanos -México, España, Colombia respectivamente- que no esconden su acento cuando hablan en inglés. Evidentemente están en todo su derecho. Es más, cambiar algo tan intrínseco como nuestro acento al hablar en otro idioma deliberadamente no es una tarea fácil. Yo misma cuando hablo en inglés mezclo todos los acentos que fui absorbiendo en los países donde he vivido, y sin darme cuenta contamino mi forma de hablar según el acento que me rodea mientras mantengo una conversación. No puedo evitarlo. Y en el caso de dichas actrices, el mantener la tonalidad natural de sus acentos (ya sea porque no les sale hablar en inglés neutral o no quieran cambiarlo) también las define como representantes de su comunidad, dando visibilidad y espacio en una industria donde las oportunidades han escaseado siempre para las minorías.

Ya lo contó Salma Hayek en una entrevista del año 2003 para Oprah Winfrey, donde reveló que en sus inicios en tierras hollywoodenses le dijeron “No hay papeles para latinas aquí ¿o qué? ¿quieres interpretar a la sirvienta?”. O cuando contó hace poco a Drew Barrymore que le dijeron “varias veces”que “no lo conseguiría” allí. “Que solo interpretaría a una prostituta, la esposa o novia de un traficante o ama de llaves”. Pero ella aceptó el desafío y desde entonces ha utilizado sus raíces a su favor, dando visibilidad a la comunidad latina en Hollywood y despejando el camino con una filmografía variopinta. Mientras Penélope ha contado con la baza del Óscar a su favor y la debilidad de Hollywood por el cine de Pedro Almodóvar, abriéndose paso como una actriz adorada por aquellos lados a pesar de que también siempre haya interpretado personajes hispanos en el cine estadounidense.

WESTWOOD, CA - 04 DE AGOSTO: Los actores Salma Hayek y Penélope Cruz llegan a la alfombra roja en el estreno en Los Ángeles de
WESTWOOD, CA - 04 DE AGOSTO: Los actores Salma Hayek y Penélope Cruz llegan a la alfombra roja en el estreno en Los Ángeles de "Vicky Cristina Barcelona" en el Mann Village Theatre el 4 de agosto de 2008 en Westwood, California. (Foto de Jeff Vespa/WireImage)

Sin embargo, podríamos analizar si el acento inamovible las ha definido como actrices que solo pueden interpretar personajes latinos a los ojos de Hollywood. Porque si observamos la filmografía de ambas en el cine estadounidense, sus personajes siempre son hispanos con acentos que las definen como tal en el momento que dicen la primera palabra. Ocurre hasta en el caso de Salma Hayek en Eternals, donde su personaje no tiene nacionalidad pero el acento la desmarca del resto de compañeros superhéroes.

Y si bien podríamos analizar si las apariencias y facciones delatan sus orígenes, hay muchas actrices latinas que han demostrado que se puede interpretar un punto intermedio como Jennifer López (El Bronx, 1969), Eva Longoria (Texas, 1975), Jessica Alba (California, 1981), Eva Mendes (Miami, 1974) o Selena Gómez (Texas, 1992). Actrices de ascendencia latinoamericana cuyas apariencias también las delatan pero que al haber nacido en EE.UU. juegan con la baza de otro acento a su favor, interpretando así personajes que no quedan enmarcados en la etiqueta latina como carta de presentación (como hizo Jessica Alba en Dark Angel, Eva Mendes en Teniente corrupto o está haciendo Selena Gómez en Asesinatos en el edificio).

Y es por eso que Ana de Armas logra marcar la diferencia en El agente invisible. Podemos hablar largo y tendido si su color de piel y facciones aportan una apariencia neutral para cualquier personaje, pero en esta película se nota el esfuerzo por trabajar el acento hasta el punto de conseguir que no la defina. Su personaje es evidentemente hispano debido a su nombre y gracias a un acento menos marcado, consigue imponerlo sin que las etiquetas ni sexualización de ‘la mujer latina’ en Hollywood la definan.

Evidentemente esto es un problema de ignorancia social que ni Ana de Armas tendría que cambiar ni que tampoco Salma o Penélope deberían tener que luchar. Pero con este esfuerzo diferencial, la actriz cubana se abre puertas y huye del desafío que las intérpretes nombradas llevan años enfrentando. Y, en cierto modo, está demostrando a la industria que no existen estereotipos que la detengan justo cuando se está afianzando por aquellos lados. Justo cuando su carrera está despegando. Algo que me recuerda a lo que hizo Javier Bardem en No hay país para viejos. Salvando las distancias de entrega artística entre personajes tan evidentemente diferentes, el actor español creó a un villano al que no terminamos nunca de definir. La oscuridad que destilaba y el acento que trabajaba en aquella interpretación dejó su nacionalidad abierta a la especulación del público, siendo uno de los personajes claves de su consagración en Hollywood.

Al final, Ana de Armas interpreta a una agente de la CIA creíble y el personaje más real en una película que cojea por todos lados. Y lo hace desmarcándose de las etiquetas al evitar que la superficialidad de las apariencias y acentos la enmarquen dentro de un estereotipo. De esta manera puede conseguir desmarcarse, manteniendo su imagen de actriz latina en Hollywood pero abriéndose a otras oportunidades profesionales. Como Blonde, donde siendo latina la veremos interpretando al icono de la cultura pop estadounidense por excelencia.

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