Amores que agobian: Cuando el amor se convierte en posesividad

Dicen que cuando el amor aprieta, es que no es de tu talla. El amor se disfruta, no debe agobiar. Así de simple. Y así de complejo. La profundidad e intensidad de ese sentimiento, unido a su idealización, a menudo nos conduce por derroteros que se alejan del amor maduro para tomar el sendero de la posesividad. Y ese deseo de controlar al otro termina generando una relación asfixiante que arrebata el imprescindible oxígeno psicológico.

Si el amor aprieta, es que no es de tu talla. [Foto: Getty]

Las 7 señales que indican que estás viviendo un amor agobiante

Lo que se hace por amor acontece siempre más allá del bien y del mal”, escribió el filósofo Friedrich Nietzsche. Se equivocaba. Al amor todo no le está permitido. Cuando idealizamos el amor colocándolo en un pedestal corremos el riesgo de soportar lo insoportable. Nuestra mente crítica y racional se apaga permitiendo que el amor conduzca a situaciones que en circunstancias normales no aceptaríamos.

Como dijera el psicólogo Erich Fromm, se trata de una “forma de pseudo amor”, un “amor idolátrico que suele describirse como el verdadero y grande amor y, aunque se pretende que personifique la intensidad y la profundidad del amor, únicamente demuestra el vacío y la desesperación del idólatra”.

De hecho, uno de nuestros mayores errores consiste en interpretar la posesividad como una gran muestra de amor. La entrega se confunde con el derecho a poseer y la dedicación con el derecho a disponer. A la larga, ese pensamiento va creando grietas que irán minando las bases de la relación.

Cualquier tipo de relación, ya sea de pareja, paterno-filial o entre amigos, debe brindar el espacio suficiente para que cada miembro pueda ser él mismo. Si ese espacio no existe, uno de los dos se sentirá agobiado, lo cual probablemente causará conflictos, conducirá a un distanciamiento y, en última instancia, a la ruptura.

Sin embargo, cegados por la promesa del amor perfecto, víctimas de los estereotipos sobre el romanticismo y con las emociones al mando, no siempre es fácil reconocer las señales que indican que estamos cayendo en una relación tóxica y autodestructiva.

¿Cómo reconocer un amor agobiante y posesivo?

  1. La relación te aporta más preocupaciones, disgustos y sinsabores que disfrute, alegría y bienestar.

  2. Sientes que tienes que dar explicaciones por todo - lo que haces y lo que no haces - de manera que tu vida comienza a ser controlada por la persona que amas.

  3. No eres libre para expresarte con autenticidad, no puedes ser tú mismo en esa relación, sino que te sientes obligado a esconder una parte importante de ti.

  4. Crees que tus ideas cuentan muy poco porque la otra persona siempre intenta imponer sus puntos de vista.

  5. Te sientes obligado a priorizar siempre las necesidades del otro, relegando las tuyas a un segundo plano, de manera que suelen quedar insatisfechas.

  6. La relación te hace sentir agobiado y angustiado, convirtiéndose en una enorme fuente de estrés.

¿Qué se esconde detrás de un amor agobiante?

Un amor posesivo esconde una gran inseguridad personal. [Foto: Getty]

Amor no es posesión. Y sin embargo, no es raro que el amor se transforme en la necesidad de dominar, controlar, someter o sujetar al otro. La posesividad sienta sus raíces en un apego inseguro.

Quienes desarrollan un amor posesivo y agobiante suelen tener una profunda necesidad de atención y cariño, pero también tiene un gran miedo a perder a la persona amada, por lo que ejercitan un férreo control en un vano intento por retenerla.

En el caso de los padres, esa aversión a la pérdida se suele traducir en comportamientos hiperprotectores hacia sus hijos, en el caso de las parejas aparecen los celos y los comportamientos controladores y posesivos.

La persona controladora tiene una baja autoestima y una gran inseguridad. No cree que merece ese amor o no confía en sus capacidades para retenerlo, por lo que intenta la vía más sencilla: encerrar a la persona amada para que no escape. El problema es que de esta manera solo consiguen alejar al otro, quien se sentirá cada vez más agobiado. Así se cumple la máxima budista: solo perdemos aquello a lo que nos aferramos.

Por supuesto, para que se instaure una relación controladora y posesiva es necesario que exista una persona que domina y otra que se somete. Mientras que la persona controladora intenta escapar de su soledad haciendo que el otro forme parte de sí, la persona que se somete y acepta esa unión simbiótica también quiere escapar del intolerable sentimiento de aislamiento y separatidad formando parte de quien la controla. Así no tendrá que estar sola, ni necesitará tomar decisiones que impliquen correr riesgos.

Aunque a primera vista, quien cede parece más dependiente, en realidad la persona controladora también depende del otro ya que no puede vivir sin él/ella. La diferencia solo radica en los roles que interpretan: uno domina, lastima y explota mientras que el otro se somete y se deja explotar o lastimar.

¿Cómo es el amor maduro?

El amor maduro ama sin poseer, acompaña sin invadir y vive sin depender. [Foto: Getty]

Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar”, advertía Fromm. Esto significa que para desarrollar un amor maduro primero debemos poner a prueba la idea que tenemos del amor y nuestra manera de expresarlo.

El amor es un sentimiento. Sí. Pero también necesitamos reflexionar más sobre ese sentimiento para encontrar la manera más asertiva de demostrarlo y experimentarlo, para que no se convierta en una cárcel para quien lo da o lo recibe.

¿Por dónde empezar?

Tenzin Palmo nos brinda un punto de partida: “El apego dice: te amo, por lo tanto, quiero que me hagas feliz. El amor genuino dice, te amo, por lo tanto, quiero que seas feliz […] El apego agarra fuerte y aprieta. El amor genuino sostiene suavemente de manera nutritiva permitiendo que las cosas fluyan”, escribió.

El amor maduro ama sin poseer, acompaña sin invadir y vive sin depender. Amar de manera madura implica ser capaces de crear espacios compartidos en los que tanto la relación como cada uno de sus miembros puedan crecer. Significa ser conscientes de que no amamos porque nos aman, sino de que nos aman porque amamos. Es una diferencia sutil pero esencial porque cambia nuestra manera de entender el amor.

Fromm explicó: mientras el amor inmaduro dice: “Te amo porque te necesito”, el amor maduro dice: “Te necesito porque te amo”. El amor maduro no es solamente un sentimiento, es una decisión fruto de la libertad, no de la compulsión o el hábito. El amor maduro es elegir, una y otra vez, a la persona que tenemos a nuestro lado, no porque nos retenga, sino precisamente porque nos permite ser libres.


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