Amor por Tenerife norte: el secreto mejor guardado de la isla canaria

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Photo credit: HOTEL HACIENDA DEL CONDE
Photo credit: HOTEL HACIENDA DEL CONDE


Cada cien metros el mundo cambia. Aterrizas en San Cristóbal de La Laguna, en Tenerife Norte, y un impactante paisaje te da la bienvenida nada más pisar el aeropuerto con un horizonte verde como telón de fondo. Un adelanto de tan solo una ínfima porción de las espectaculares vistas que toman la TF42 y la TF5, hasta llegar al municipio del noroeste de la isla, Buenavista.

La montaña y los carteles que señalan el Teide se conjugan en una sintonía inusual con la costa del camino. Atraviesas un túnel con grandes aberturas desde el que se divisa el mar. Es Garachico, uno de los pueblos cuyo encanto se encuentra bañado –literalmente– por las secuelas que dejó el volcán Trevejo tras explotar una noche de mayo de 1706. Antes de la reciente erupción del volcán de La Palma, este fue el acontecimiento volcánico más sonado de Canarias. La lava creó las piscinas naturales en las que turistas y locales se bañan (ellos las denominan charcos) y la colada, ya firme, es hoy uno de los atractivos sobre el que se sientan a disfrutar de un helado. A pie de paseo marítimo merece la pena hacer una parada en la heladería de El Abuelo, que ofrece una amplia variedad de sabores con los que amenizar la visita y deleitar el paladar.

Photo credit: Santiago Urquijo Zamora - Getty Images
Photo credit: Santiago Urquijo Zamora - Getty Images

Las calles de Garachico son de esas en las que parece que no ha pasado el tiempo por ellas. Casas bajas de piedra y cemento pintado con techos de ladrillo, pequeñas ventanas de madera y balcones que siguen todos los patrones de la arquitectura más característica canaria, sobresaliendo de las fachadas, también en madera y con ventanales. Para afirmar que has estado en este pueblo, aunque sea de paso, algunas paradas se antojan como obligatorias: la plaza de la Libertad, la iglesia de Santa Ana o el castillo de San Miguel. Y para llevarse un recuerdo de su ADN: la tienda gourmet El Trueque.

El trayecto en coche continúa con Los Silos a la derecha y, una vez llegados a Buenavista, frente al océano Atlántico, destaca un alojamiento ideal para disfrutar de la estancia. Se trata del primer Meliá Collection de España, el Hotel Hacienda del Conde, un cinco estrellas que da la bienvenida al secreto mejor guardado de Tenerife. En este enclave solo existe un propósito: someterse al hedonismo más absoluto.

Hacienda del Conde: un escondite inesperado

Photo credit: HOTEL HACIENDA DEL CONDE/ Roger Mendez
Photo credit: HOTEL HACIENDA DEL CONDE/ Roger Mendez

El Hotel Hacienda del Conde es como un minipueblo dentro de otro pueblo. La compañía sitúa este emblema de su Collection en este punto geográfico para que, todo el que lo visite, pueda sentir la esencia que da nombre a esta serie de alojamientos que llevan ese sello especial, distinguidos, especialmente, por el espíritu independiente que poseen dentro de la zona en la que se encuentran.

Este alojamiento se levanta sobre una antigua hacienda canaria de más de 250 años de antigüedad. Se encuentra en las faldas del macizo del Teno y cuenta con todo lo que cualquier huésped necesita para escapar a otra realidad y desconectar, por unos días, de las rutinas del presente. O al menos para hacerlas más amenas.

Photo credit: D.R./ HOTEL HACIENDA DEL CONDE /MELIÁ
Photo credit: D.R./ HOTEL HACIENDA DEL CONDE /MELIÁ

Distribuye sus estancias en diferentes edificios de linaje noble y antiguo con una arquitectura que mantiene el carácter del valle: paredes encaladas y tonos tierra que se fusionan con la piedra y la madera logrando crear un ambiente acogedor para hacerte sentir en casa.

Todo en esta residencia se encuentra pensado al milímetro. La decoración y sus piezas han sido realizadas por artesanos locales. Asimismo, el arte que cuelga de sus paredes promueve también el talento emergente de la región: de ellas cuelgan una selección de obras inéditas de jóvenes artistas canarios que reflejan la rica variedad de flora autóctona del lugar.

Photo credit: D.R./HOTEL HACIENDA DEL CONDE/ Roger Mendez
Photo credit: D.R./HOTEL HACIENDA DEL CONDE/ Roger Mendez

Las 117 habitaciones del Hacienda del Conde destilan un aroma particular. El olor de los productos Rituals te envuelve nada más entrar en ellas y, en su interior, espacios amplios, pero acogedores, se dan la mano con las espectaculares vistas de la terraza de sus habitaciones coloniales, que alternan desde vistas al parque natural que lo recoge hasta el paisaje que le rodea. Incluso, entre su oferta, existe la posibilidad de reservar cycling juniors suites, pensadas para amantes del ciclismo.

Destino 'wellness'

Photo credit: D.R./ HOTEL HACIENDA DEL CONDE/ Roger Mendez
Photo credit: D.R./ HOTEL HACIENDA DEL CONDE/ Roger Mendez

Si por algo destaca la hacienda, además de por su privilegiada localización, esto es por su gran oferta wellness. Más allá del gimnasio y de su zona de spa (con servicio de masajes y diferentes piscinas con circuitos de aguas y temperaturas), destaca su 'Signature Wellness Program 360 designed by SUDA Experience'. Se trata de una oferta de actividades que aprovechan la conexión con el entorno: desde yoga o meditación hasta diferentes entrenamientos al exterior. Tras estas sesiones –o sin ellas– puedes bañarte en cualquiera de sus piscinas, tanto en la que piscina lago como en la que tiene vistas al océano.

El legado de Severiano Ballesteros

Photo credit: HOTEL HACIENDA DEL CONDE/ Jacob Sjöman
Photo credit: HOTEL HACIENDA DEL CONDE/ Jacob Sjöman

Nadie te molestará, porque el hotel Hacienda del Conde es only adults. Ya que se trata de buscar la relajación, mejor hacerlo por todo lo alto. Por eso este alojamiento cuenta también con el Buenavista Golf, un campo diseñado por el golfista Severiano Ballesteros. Tiene vistas al océano, las montañas a un lado, 18 hoyos, con par 72 y una longitud de 6.019 metros. Es un punto espectacular para ver tanto la salida como la marcha del sol cada día.

Gastronomía de proximidad

Photo credit: HOTEL HACIENDA DEL CONDE/La Sonrisa de Beatriz
Photo credit: HOTEL HACIENDA DEL CONDE/La Sonrisa de Beatriz

De poco servirían todas estas instalaciones si la gastronomía no conjugara con su concepto de apuesta local, pero el hotel no solo tiene un restaurante magnífico en el que degustar la comida de Canarias, sino que suma hasta cuatro. El restaurante Salazar está pensado para las veladas más formales: ceviches, tartares o solomillo de wagyu son tan solo algunas de sus propuestas. La Tasca es más casual pero su propuestas igual de atractivas. Aquí puedes probar el tapeo, ibéricos y quesos.

También para todos los que deseen disfrutar de una jornada de sol alrededor de la piscina se encuentra el Pandano Pool Bar que ofrece una comida más informal pero igual de rica: hummus, guacamole o calamares y papas con mojo. Y, si una cosa triunfa entre los amantes de los hoteles, eso es el desayuno, que en este alojamiento se puede disfrutar en buffet en el Buenavista. Una oferta para cada comensal en la que, siempre, destaca el producto de proximidad.

Teno Alto: viajar al pasado

Photo credit: Andia - Getty Images
Photo credit: Andia - Getty Images

La riqueza de encontrarse al lado del macizo del Teno no es casualidad. La estrategia es obvia y no es de extrañar ya que a menos de quince minutos en coche es posible llegar al Parque Rural de Teno, un impactante parque con vistas imponentes de montañas y desfiladeros. Desde aquí se puede visualizar La Gomera. Este parque rural se encuentra salpicado por pequeños caseríos que todavía conservan la cultura agrícola y pastoril de la tierra. De hecho, allí, es común ver a hombres haciendo el salto al pastor. Ya sea por ocio o por el cuidado ganadero, esta costumbre todavía permanece. Permanece, sobre todo, en Teno Alto, donde el tiempo parece haberse detenido en los años 80, cuando llegó la electricidad por primera vez.

Echar la vista atrás

El Parque Rural de Teno es perfecto para hacer rutas de senderismo y descubrir construcciones que todavía guardan retazos de lo que algún día fueron, como aquellas en las que se cultivaba el cereal, las eras. Dicen que en ellas muchas noches los habitantes bebían vino y batallaban en grupos de mujeres y hombres improvisando polkas canarias, muchas de ellas para coquetear y otras a las que ni siquiera está permitido hacer mención.

Disfrutar de un buen vino y de queso en el Teno es fácil. El ahumado acompaña a la perfección a una copa de tinto Hollera para un picoteo. También comer bien, cerca y de plato, es posible circulando por las tortuosas carreteras que rodean a todo el macizo. En el bodegón Patamero se puede degustar la carne de cabra (típica de la zona) o disfrutar de sabrosas chuletas de cerdo, entre otros muchos platos que se encuentran en su carta. Todo ello, por supuesto, en un ambiente acogedor en el que pocos comensales tienen cabida logrando un ambiente íntimo que completa la experiencia rural de la jornada.

Si en el Teno es difícil toparse con aglomeraciones, también lo es en los municipios que se encuentran en el camino que transita desde el aeropuerto hasta Buenavista. Naturaleza e historia, un panorama bañado por el océano.

Evasión absoluta. El botón de pause presionado. Esto también es Tenerife.

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