Amor en 365 días o cómo Verónica Kuder encontró a su príncipe azul

Regina Navarro

Hay historias de amor que necesitan tiempo y reposo para fraguar; otras lo consiguen solo con unos meses. Ese es el caso de Verónica Kuder, que se comprometió tras doce semanas de noviazgo y estaba dispuesta a dar su 'sí, quiero' apenas unos días más tarde. Verónica y Alfonso se conocieron trabajando. Ella tenía 18 años, él cinco más y coincidieron en un evento de azafatos de imagen. "Apenas intercambiamos palabras y quedó todo ahí". Años después él comenzó a seguirla en redes sociales, pero tampoco hubo intercambio de mensajes. Hasta que una noche la vida volvió a juntarlos. Se encontraron en una conocida discoteca de Madrid y aunque no hablaron demasiado él tuvo claro que debían estar juntos. "Alfonso empezó su conquista. Pocos meses después empezamos a hablar, yo dejé al novio que tenía entonces, quedamos… Fue todo súper rápido. Un flechazo en el que sentí que era el hombre de mi vida. Cuando llevábamos juntos tres meses me propuso que fuéramos a un juzgado y nos casáramos sin decírselo a nadie. ¡Una locura! Pero no pudimos. Aunque logramos coger fecha, la ley me exigía presentar una documentación que estaba en Polonia con la que debía demostrar que no me casaba para conseguir la nacionalidad española", nos explica Verónica. Y es que, aunque ella nació, estudió y trabaja en España, es natural de ese país. Pero no desistieron. El día que tenían previsto celebrar su enlace Alfonso le regaló un anillo de compromiso y, nueve meses más tarde, el 13 de octubre, se casaron.

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Todos los detalles de la boda de Verónica y Alfonso

Eso sí, no se libraron de un sinfín de papeleo y de más de una pregunta. "Tuve que presentarme ante un tribunal para que evaluara si me casaba por los papeles de la nacionalidad. Nos preguntaban cosas muy simples como cuál era la comida favorita de tu pareja, qué le gustaba hacer, qué planes de futuro teníamos… Lo gracioso fue que mi ahora marido no dio una. Pero el juez se río mucho con nosotros, nos dijo que las verdaderas parejas eran así: que los hombres no daban ni una nunca. Así que al menos nos reímos un rato", añade.

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Luego llegó la parte bonita. Aunque organizar una boda no sea tarea sencilla –son muchos los detalles que hay que tener en cuenta para que todo sea perfecto–, la mayoría de las parejas disfrutan muchos en los meses previos a su enlace. Sobre todo la novia que, entre sus tareas más importantes está encontrar un vestido para el gran día. Los expertos aseguran que este look debe ser fiel al estilo de la novia, que la mujer que lo luzca no se sienta disfrazada. Consejos con los que Verónica coincide plenamente y a los que añade uno más: que sea cómodo. Ella se decantó por un vestido de corte princesa de la firma Aire Barcelona. Un diseño que, en principio, no encajaba con lo que ella estaba buscando, pero del que se enamoró nada más probárselo. "Tenía una idea de vestido en mi mente. Un diseño simple, tipo sirena. Como por mi profesión –es modelo– había tenido la oportunidad de llevar varios vestidos de novia, sabía que quería que fuese blanco, quería que tuviese detalles, me encantaba el encaje y la espalda al aire o abotonada. Me probé seis vestidos de ese tipo, pero no me convencieron mucho. Eran muy bonitos, pero también muy comunes y simples". Fue la dueña de la tienda la que le propuso que se probara otra cosa: un vestido con volumen, encaje y algunos detalles en cristal. "Me sentí como una princesa. De verdad que fue un momento muy especial. Se me llenaron los ojos de lágrimas de felicidad".

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Aunque Verónica asegura que no es una mujer muy clásica, cumplió con algunas de las tradiciones que rodean la mayoría de enlaces. La primera, la de llevar velo. Son muchas las novias que prescinden de este elemento y, cada vez más, las firmas que tratan de recuperarlo. "El tema del velo fue idea de mi madre. No me había planteado si llevar o no. Finalmente elegí un velo muy simple pero que conjuntaba perfectamente con el vestido". Pero no fue la única. Verónica llevó un lazo azul bajo el vestido, lució en el tobillo una perla que les regaló un amigo de Alfonso –las trajo de la Isla Guadalupe–. Además, en el último momento una amiga le dejó una pulsera para cumplir con aquello de llevar algo prestado.

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Tampoco prescindió del ramo. "Mi momento favorito fue ir a preparar el ramo. Quería un diseño de flores silvestres, de campo. Lleno de color y muy natural, como si hubiese pasado por la pradera antes de la boda y hubiese cogido unas cuantas flores", explica. Pero ese no fue el único detalle en el que Verónica participó activamente. También tuvo mucho que ver con la elaboración de su tarta nupcial. "Al igual que organicé la boda, la tarta nupcial era clave. Mi tía es bastante buena repostera, siempre se encarga de los postres, y como regalo de boda me quiso regalar la mejor tarta del mundo, ¡que iba a juego con el ramo! Al final fue un postre de tres pisos, cada uno de un sabor diferente. Se encargó de preparar todo sin lactosa porque soy intolerante. Fue de los regalos más bonitos que nos pudieron hacer".

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Y por fin llegó el gran día. Alfonso y Verónica se dieron el 'sí, quiero' el 13 de octubre en Guadarrama, en un idílico enclave rodeado de vegetación y con una maravillosa cascada que bajaba por detrás del pequeño altar. Y lo hicieron en una ceremonia civil que no se quisieron perder los familiares y amigos de la pareja. "Por mi profesión de modelo viajo mucho y al final he hecho verdaderas amistades que tengo repartidas por Lisboa, París, Londres.... Como ese día iba a reunir a mis mejores amigas, quería celebrarlo de forma especial con ellas. El día de la boda disfrutamos de una mañana de risas mientras nos maquillaban y peinaban. Les regalé unos albornoces para hacerlas sentir especiales y tener nuestro momento. Nos hicimos muchas fotos y calmamos los nervios de antes de la boda. Me ayudaron a vestirme y me acompañaron hasta el último momento. Estar en el altar y verlas como damas de honor, sonriéndome, me hacía sentir muy arropada".

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Aunque hay decenas de anécdotas y curiosidades sobre el enlace, Verónica nos explica que haber organizado ella toda la boda, sin una wedding planner pero con la ayuda de su madre, hizo de aquel día un momento aún más especial. "Para poder organizarlo todo creé un cuaderno donde iba apuntando ideas, incluyendo fotos de las cosas que me gustaban, preparando la lista de invitados, organizando las mesas, las flores... ¡Tantas cosas que pensaba que nunca acabarían! Pero creo que, si realmente quieres, puedes organizar la boda de tus sueños. Solo hacen falta muchas horas de búsqueda". Y el apoyo incondicional de un ser querido.

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