AMLO y su nuevo capricho que no pudo cumplir en la Cumbre de las Américas

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AMLO durante una conferencia de prensa. (PEDRO PARDO/AFP via Getty Images)
AMLO durante una conferencia de prensa. (PEDRO PARDO/AFP via Getty Images)

AMLO es un político de conveniencias. La realidad solo importa cuando él la impone y sus ideas son tan plásticas que un día dan la impresión de firmeza absoluta y, al otro, por cuenta propia se encarga de desbaratarlas con total facilidad. El presidente de México ha decidido no acudir a la novena Cumbre de las Américas, a celebrarse en Los Ángeles durante esta semana, después de varios días de incertidumbre en los que Washington tuvo que casi rogarle. ¿El motivo? Muy sencillo: no quisieron invitar a Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Miguel Díaz-Canel, mandatarios de Venezuela, Nicaragua y Cuba.

A estas alturas, nadie podría decirse sorprendido del carácter infantil que suele caracterizar a López Obrador en tantos asuntos. Pero él, en su afán de externar cada una de las ideas que habitan su mente, se empeña en dejar claro que los límites de lo que él entiende por decencia se pueden estirar oportunamente. Al final, su ausencia en la Cumbre no será nada que no pueda rellenar Marcelo Ebrard, que por algo es el canciller y, gracias a esta y otras suplencias, se le ha considerado un vicepresidente de facto.

“No voy a la cumbre porque no se invita a todos los países de América y yo creo en la necesidad de cambiar la política que se ha venido imponiendo desde hace siglos: la exclusión, el querer dominar sin razón alguna, el no respetar la soberanía de los países, la independencia de cada país”, fueron las palabras con que las que AMLO justificó su ausencia.

Está claro que esta necedad se contrapone con la multicitada Doctrina Estrada, que apela a la no intervención y a la libre autodeterminación de los pueblos. Esa misma que López Obrador ha usado como escudo, una y otra vez, cuando se le piden opiniones sobre asuntos internacionales. No interviene cuando se trata de criticar violaciones a derechos humanos ni cuando se habla de nulidad democrática, características de los gobernantes de Venezuela, Cuba y Nicaragua. Pero si a esos mismos países hay que llevarlos de la mano a Los Ángeles, cual niños pequeños que requieren cuidado y atención, AMLO condiciona su presencia de manera innegociable.

Al final, a López Obrador no lo tiene muy preocupado su apariencia política. Y tampoco le importa ganar nuevas simpatías entre los sectores que, desde siempre, le han manifestado su rechazo. Por eso resultan normales las ideas alarmistas que cunden en redes sociales, principalmente entre los alas más paranoicas (o ignorantes) de la oposición, sobre el comunismo y la tiranía que según ellos viven. No hay nada más disparatado que suponer que México vive en un régimen comunista o que lo hará como consecuencias de los exabruptos diplomáticos del presidente.

Reunión entre AMLO y Biden el año pasado. (MANDEL NGAN/AFP via Getty Images)
Reunión entre AMLO y Biden el año pasado. (MANDEL NGAN/AFP via Getty Images)

Pero, en un descuido total de las formas y los fondos, AMLO apuesta a la radicalización de sus posturas. Al todo o nada que tan huérfano de coherencia tiene a las conversaciones públicas de este país. No va a rectificar jamás: sus ideales también son manipulables. Si lo es la realidad, si lo es su electorado, ¿por qué no puede manipularse también a sí mismo? Todo se queda en casa y guardado con llave. Para lo negativo, no hay que intervenir. Para lo bueno, hay que hacerlo con la consigna conciliadora que tanto hace falta en el país que gobierna. Candil de la calle, oscuridad de la casa.

Como cuando el dueño de la pelota se enojaba y procedía a llevarse su balón. Esa es la actitud que caracteriza a López Obrador. Aunque, al menos a nivel internacional, ese desapego por las normas no causa el revuelo que sí tienen caprichos de esa índole aplicados todos los días a la vida nacional. Incluso desde Washington han mostrado comprensión con AMLO y su inasistencia. De cualquier modo se reunirá con su homólogo Joe Biden el próximo mes. Ojalá ambos tengan balones propios.

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