Cuando el aire se vuelve irrespirable

Los recintos habilitados para albergar miles de toneladas de residuos pueden generar líquidos y gases con efectos nocivos para el suelo, el aire y el agua. Si además se producen accidentes como el del vertedero de Zaldibar, la situación se vuelve trágica. ¿Cómo puede afectar a la salud de sus habitantes?

Imagen de los focos humeantes provocados por el incendio en el vertedero de Zaldibar (Bizkaia)- Foto: REUTERS vía HuffPost Spain

Han pasado tres semanas de la tragedia del vertedero de Zaldibar, una pequeña localidad vizcaína en las proximidades de Eibar, pero la indignación sigue en aumento y las consecuencias para la salud de este desastre ambiental aún están por ver.

El derrumbe obligó a las autoridades a poner en marcha un estricto protocolo medioambiental que afectó a más de 48.000 personas provocando una enorme crisis de salud pública en el País Vasco que, actualidad manda, el coronavirus ha relegado al olvido.

Sin embargo, a día de hoy el problema persiste, dos trabajadores permanecen aún sepultados bajo una montaña de basura, y la alerta se mantiene activada ante el riesgo de nuevos desprendimientos. Más allá del daño ambiental, preocupan las consecuencias que podría tener lo ocurrido en la salud de sus habitantes.

Basura orgánica, plásticos y residuos peligrosos

Solo en los últimos tres años se habían depositado en el vertedero unas 9.780 toneladas de amianto, un material de construcción muy usado que es un poderoso cancerígeno si se rompe y se inhala.

Además de las terribles consecuencias del desprendimiento para los dos trabajadores que quedaron sepultados, los análisis confirmaron que los fuegos posteriores declarados en el vertedero liberaron dioxinas y furanos en el aire, entre 40 y 50 veces superiores a los niveles normales.

Casi 50.000 personas permanecieron confinadas en sus casas ante la recomendación del Gobierno de cerrar las ventanas, no ventilar, salir lo menos posible y no hacer deporte al aire libre, además de la suspensión del partido de Liga Eibar-Real Sociedad (Eibar, Ermua y una parte de Zaldibar son las zonas más afectadas).

Pero ¡ojo! que no estamos ante una caso de alarmismo infundado porque al parecer las dioxinas emitidas por los incendios en el vertedero son muy similares a las utilizadas en el envenenamiento de Viktor Yushchenko durante la campaña electoral ucraniana de 2004. Yushchenko sobrevivió, pero los agentes químicos le desfiguraron la cara. Las circunstancias en Zaldibar son distintas, pero el ejemplo, citado por el viceconsejero de Salud del gobierno vasco, Iñaki Berraondo, no ha despejado la inquietud en la región.

El derrumbe provocó que dos lenguas de fuego arrasaran las inmediaciones del vertedero liberando 700 centogramos de dioxinas y furanos por metro cúbico, cuando los niveles normales oscilan entre los 30 y los 10 centogramos. (Foto: Juan Herrero /EFE)

Un derrumbe ¿previsible?

Los vertederos de basura son grandes contaminadores del Medio Ambiente, ya sea por aire, tierra y/o agua. El mal olor que emana de estos sitios proviene de las altas concentraciones de amoníaco y sulfuro de hidrógeno, que despide la basura acumulada.

Además, la inhalación de gases tóxicos es un problema de salud pública para aquellos que residen en las proximidades de los vertederos de basura. El metano y el dióxido de carbono (CO2) producidos se pueden acumular en los edificios y casas y desplazar el oxígeno, produciendo graves problemas respiratorios.

Los gases de los vertederos se producen cuando las bacterias descomponen los residuos orgánicos y dicha generación depende de varios factores, como la humedad, la composición de la basura, la temperatura y hasta la antigüedad del depósito.

Por causa de este tipo de emanaciones se pueden producir incendios y explosiones en los vertederos de basura. Estos accidentes son más frecuentes durante la época de lluvias, puesto que el agua que se filtra en los intersticios que hay en las montañas de basura y ayuda a la generación y liberación del metano (que además es un potente gas de efecto invernadero).

También hay que recordar que en estos sitios proliferan las moscas, cucarachas, mosquitos, ratas y palomas, que también son portadores y transmisores de varias afecciones (leptospirosis, dengue, filariasis, etc.).

Muchas sustancias peligrosas pasan a la cadena alimentaria a través de las plantas y animales que se alimentan de ellas. Esto puede conducir a la intoxicación radiactiva y química de los seres humanos. Ciertos productos como los cianuros, el mercurio y los bifenilos policlorados son altamente tóxicos y pueden provocar diferentes tipos de cánceres.

Cómo pueden perjudicar a la salud

“Dioxinas y furanos son compuestos orgánicos que se generan en las combustiones de elementos clorados, explica Aresatz Usobiaga, doctora en Química por la Universidad del País Vasco, en unas declaraciones publicadas en El País: “Cuando se queman estas moléculas de cloro se generan dioxinas y furanos. Existen de forma natural en la atmósfera, por cualquier tipo de combustión. Pero cuando hay una materia orgánica clorada que se quema por la acción del hombre, hace que la concentración en un momento dado pueda aumentar en la atmósfera”.

La especialista confirma que estas sustancias tóxicas generan diferentes afecciones, “desde cutáneas hasta cambios en el sistema endocrino, y en casos más extremos, cáncer”.

Una teoría probada por un informe del centro de salud Carlos III, publicado por la revista Environmental International, que reconoce “un riesgo estadísticamente más elevado de morir de todos los tipos de cánceres en personas que residen en municipios situados cerca de plantas de tratamiento de residuos peligrosos e incineradoras”. Esta investigación recoge además que hay “un mayor exceso de padecer tumores en el estómago, el hígado, la pleura, los riñones y los ovarios”.

También lo advierte la Organización MUndial de la Salud (OMS): “la exposición breve del ser humano a altas concentraciones de dioxinas puede causar lesiones cutáneas, tales como acné clórico y manchas oscuras, así como alteraciones funcionales hepáticas. La exposición prolongada se ha relacionado con alteraciones inmunitarias, del sistema nervioso en desarrollo, del sistema endocrino y de la función reproductora”.

La alteración de la regla o la menopausia precoz en mujeres y la alteración en cantidad y calidad del esperma en hombres son otras de las afecciones que se pueden derivar de la exposición prolongada a estos tóxicos, tal y como señala la doctora Mercedes Samaniego en El Independiente. “A largo plazo alteran las hormonas y los efectos para la salud son de un rango muy amplio. Desde efectos en la fertilidad a alteraciones neurológicas en el feto si afecta a una embarazadas, problemas respiratorios o en la piel y alteraciones del sistema inmune, entre otros”, apunta la experta.

Y es que las dioxinas tienen elevada toxicidad y pueden provocar problemas de reproducción y desarrollo, afectar el sistema inmunitario, interferir con hormonas y, de ese modo, causar cáncer. Los niños, especialmente los lactantes, son los que corren más riesgo.

Pero los expertos también recuerdan que, exceptuando casos como estos, más del 90 por ciento de la exposición humana se produce por medio de los alimentos, en particular los productos cárnicos y lácteos, pescados y mariscos.

Sin embargo,“para ver esos efectos tiene que haber una exposición muy alta y durante un tiempo muy prolongada. Una emisión incontrolada durante mucho tiempo sin que nadie sepa que está ahí”, concluye Usobiaga.

Veneno en el agua

Inhalar estas sustancias no es el único peligro, la descomposición de los residuos puede dar lugar a la polución del agua de arroyos, ríos, lagos, capas subterráneas y del suelo por el contacto directo con los contaminantes orgánicos y químicos que se liberan. Esto provoca que el agua de la zona no sea apta para el consumo, además de tener mal sabor y olor y la tierra se convierte en foco de infecciones, según publica Mundiario.

En concreto, en Zaldibar se detectaron restos de amonio que procedían de la contaminación por los restos del vertedero desprendido. Este compuesto inorgánico de nitrógeno se forma en las depuradoras durante la degradación biológica de compuestos orgánicos de nitrógeno, y en presencia de oxígeno, se puede convertir en nitrato.

En el cuerpo humano, el amonio es un producto de desecho producido por las bacterias intestinales durante la digestión de las proteínas. De ahí se transporta hacia el hígado, donde es convertido a urea y glutamina. La urea es posteriormente transportada por la sangre hacia los riñones para excretarla por la orina. Si este ‘ciclo de la urea’ no se completa correctamente, el amonio se acumula en la sangre y atraviesa la barrera hematoencefálica llegando al cerebro, donde puede causar una encefalopatía hepática.

La encefalopatía hepática produce alteraciones mentales y neurológicas que conducen a confusión, desorientación, letargo o tendencia a dormirse y eventualmente al coma e incluso la muerte.

Los bebés y los niños con niveles elevados de amonio pueden vomitar de manera frecuente, además de mostrarse irritables, y cada vez más apáticos o letárgicos. De no tratarse, la situación puede evolucionar hasta causar convulsiones, dificultades respiratorias, y finalmente coma.

¿Hay algún vertedero cerca de tu comunidad? ¿Conocías los riesgos para la salud? ¿Consideras que hay una mala gestión de los residuos?

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