La alteración vascular en la nariz que se confunde con una enfermedad de la piel

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Algunas personas tienen manchas rojas en la nariz y se le notan los capilares de las aletas. Esas venitas rojas son una manifestación cutánea que responde a una anomalía de la función del sistema venoso facial. (Foto: Getty)
Algunas personas tienen manchas rojas en la nariz y se le notan los capilares de las aletas. Esas venitas rojas son una manifestación cutánea que responde a una anomalía de la función del sistema venoso facial. (Foto: Getty)

Los problemas de circulación ser más visibles cuando afectan a las piernas, pero también se pueden manifestar en otras partes del cuerpo, por ejemplo en los vasos sanguíneos del rostro e incluso en las aletas de la nariz. Es el caso de la 'cuperosis', una alternación vascular que deriva en la aparición de rojeces o formaciones de arañas vasculares.

Se caracteriza por la aparición en el rostro de pequeñas venas rojas, irritaciones y capilares dilatados, en forma de filamentos. Aparecen, sobre todo, en los pómulos y las aletas de la nariz, en tonalidades rojizas o púrpuras. Si tienes la piel clara, fina y muy sensible, la aparición de algún síntoma de cuperosis es algo normal.

El principal síntoma de la cuperosis es el enrojecimiento; los capilares se dilatan como consecuencia del aumento de presión sanguínea en la zona. Con el paso del tiempo, si no haces algo, las rojeces se instalarán en la piel y pueden volverse permanentes.

¿Las causa principal? Los cambios repentinos y extremos en la presión, que pueden propiciar que aparezcan esos marcas rojas en la piel. Pero un estornudo o un vómito excepcionalmente fuerte pueden causar este cambio en la presión. También los cambios hormonales durante el embarazo pueden causar vasos sanguíneos rotos.

Además, los cambios drásticos en el clima pueden afectar a la circulación en el cuerpo, dando lugar a que la piel en la cara se sonroje. Los vasos sanguíneos pueden ir perdiendo elasticidad, y acaban por quedarse dilatados sin volver a su tamaño normal.

Pero, calma. Tiene solución, y sobre todo, debes saber que se trata de un problema estético, no de una enfermedad; aunque si no se cuida, puede derivar en rosácea hacía los 35 o 40 años de edad. La cuperosis es mucho más común en las mujeres que en los hombres pero no es una alteración grave, ni mucho menos, aunque para muchas personas resulta molesta y antiestética, de ahí que busquen soluciones a su problema.

Como decía, la cuperosis se suele confundir con la rosácea. Pero esta, a diferencia de la cuperosis, es una enfermedad que se caracteriza por el enrojecimiento facial (flushing) debido a los cambios de temperatura, y deja arañas vasculares permanentes (conocidas como "telangiectasias"). También aparecen pústulas, granulomas y lesiones oculares, como blefaritis y conjuntivitis.

Sin embargo, la cuperosis es una alteración de tipo vascular, en la que la elasticidad de estos vasos periféricos es casi nula. Si el aporte sanguíneo aumenta de forma brusca y la capacidad de recuperación elástica es escasa, entonces los factores externos estresantes debilitan muy fácilmente las paredes de dichos vasos.

En una primera fase, aparece enrojecimiento y congestión de la zona media del rostro. Primero se manifiesta en períodos cortos, pero llega a ser permanente con el paso del tiempo si no se hace nada. Es en la segunda fase cuando aparecen las arañas vasculares, de color rojizo o rojo-violáceo.

Esta reacción se vincula a una alteración en la función barrera de la piel, que provoca una especial sensibilidad de la epidermis a los estímulos externos (como los cosméticos, el clima, el abuso de alcohol y picantes, la exposición a detergentes, etc.) e internos (estrés, fatiga, algunas patologías como la rosácea, etc.).

También existen factores internos que predisponen a desarrollar cuperosis como los trastornos digestivos causados por un consumo excesivo comida picante (por abuso del alcohol), así como no masticar suficientemente los alimentos. Diversas enfermedades como la hipertensión, la diabetes y determinados problemas hepáticos pueden contribuir a la aparición de distintas manchas y tonalidades en la piel.

Recuerda que la falta de elasticidad en la piel del rostro y el enrojecimiento temporal son dos de las principales señales que puede ayudarte a identificar esta alteración vascular. Además, puede haber sensación de calor, picor y rubor.

Pero si el eritema facial es permanente, la rojez en la zona de las mejillas no desaparece, y las pequeñas varices en pómulos y nariz quedan marcadas (telangectasias), a esto ya se le llama rosácea, considerada ya una enfermedad de la piel. Cuando a la rojez y a las arañas vasculares se le añade la aparición de acné. A esto se le llama 'acné rosácea'.

Es decir, que mientras que la cuperosis, como hemos explicado, se produce por la alteración de los vasos capilares de nuestra piel, la rosácea es una enfermedad crónica que provoca graves alteraciones cutáneas, tales como, nódulos, pápulas y pústulas.

Si bien ambas manifiestan un enrojecimiento de la piel, la rosácea llega a desembocar en protuberancias hinchadas, problemas oculares, rubor o agrandamiento de la nariz. Por su parte, la cuperosis se entiende como una alteración temporal de la piel originada a partir de causas concretas: cambios bruscos de temperatura, consumo de alcohol, tabaquismo o modificaciones hormonales que se producen en el organismo, entre otras.

Por eso a pesar de que ambas condiciones manifiesten un enrojecimiento de la piel en la misma zona del rostro, es importante saber identificar el tipo de situación en la que nos encontramos para poder tratarlo del modo adecuado.

Con la dilatación de los vasos sanguíneos ocasionada por la cuperosis se producen problemas circulatorios, además de un mayor grado de sequedad en la piel. Por ello, una correcta y adecuada hidratación cutánea ayudará a combatir los síntomas principales como las rojeces e irritaciones.

Para tratar y prevenir condiciones dérmicas como la cuperosis es necesario evitar los factores que pueden desencadenarla, y aportar a la piel los ingredientes más naturales y respetuosos como el ácido azelaico, flor de azafrán, aceite de almendras, pomelo o flor de loto, entre otros.

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