Alopecia: lavarse el pelo a diario no hace que se caiga

Lavarlo a menudo no es el problema. Lo que daña tu cabello es no elegir bien el champú, usar una temperatura del agua inadecuada y llevar una mala alimentación

Empeñarse en hacer espuma y frotar demasiado irrita el cuero cabelludo y puede desequilibrando el pH de la zona. (Foto: Getty)

Así lo explica la Asociación Española de Dermatología y Venereología (AEDV) que no establece una frecuencia de lavado del cabello porque “depende de lo sucio que esté”.

Asimismo aclaran que la frecuencia de lavado óptima dependerá de su grosor, de lo graso que sea, de si está sometido a algún tratamiento que lo reseque o lo dañe más de lo normal, como algunas coloraciones agresivas o moldeados permanentes, etc. 

Por otro lado, desde AEDV aprovechan nuestra consulta para dejar claro que el pelo no se cae más por lavarlo todos los días ya que “los champús están en contacto con nuestro cabello durante unos minutos como máximo, por lo que es imposible que el producto haga nada contra el folículo piloso”, y que la alopecia es más una cuestión genética en la que intervienen factores externos, hereditarios, cambios hormonales, una enfermedad, la dieta, el estrés, o hábitos tóxicos, como el alcohol o el tabaco.

El uso diario de productos cosméticos va dejando residuos en el cabello que lo ensucia y apelmaza. (Foto: iprogressman/Getty Images)

"La limpieza del cuero cabelludo, y de la piel, es un hábito higiénico recomendable para mantener la elasticidad, brillo y buen crecimiento del cabello. Cuanto menos se lave la cabeza, más se incrementan disfunciones como caspa, grasa, picores…",  corrobora Alberto Gorrochategui, director de Clínica Ercilla, en Bilbao.

El sudor y las secreciones sebáceas están entre los factores principales que nos ensucian el pelo y hacen que tenga un aspecto graso y apelmazado. Pero también influyen otros aspectos en los que no caemos como el roce con ropa, asiento del coche, sofá, etc. Esto deposita poco a poco fibras de tejidos. A veces son grandes y se ven a simple vista, otras veces son microscópicas pero suficientes para quitar brillo al cabello y ensuciarlo.

La mayoría nos llenamos la palma de la mano para lavarnos el pelo. Este es uno de los errores más comunes. Lo suyo es aplicar una pequeña cantidad como el tamaño de una nuez o una moneda de dos euros. (Foto: Getty)

Más calidad y menos cantidad

Escoger un champú adecuado y cuidar la manera de aplicarlo son otros dos factores a tener en cuenta ya que los productos que se utilizan habitualmente suelen ser muy agresivos (fíjate en su composición). Aunque tienen una base natural, contienen otros ingredientes que les aportan aroma y color, además de los conservantes para mantenerlos en buen estado durante más tiempo. Muchos ingredientes se incorporan sólo para que el producto sea más atractivo, pero realmente no aportan ningún beneficio para la salud del cabello.

No utilizar el adecuado “puede provocar caspa, un cabello opaco, grasa ... y un sinfín de situaciones que podrían solucionarse dejándose aconsejar por su peluquero", explica Noelia Jiménez. Además del champú más apropiado, hay que usar un buen acondicionador, porque ayuda a proteger, nutrir e hidratar el pelo durante todo el año, tal y como recuerda la propia estilista del cabello.

Además, es aconsejable reducir las cantidades, de esta forma evitamos saturar el cabello de productos químicos.

¡Basta de frotar!

El procedimiento correcto consiste en lavar el cuero cabelludo, no todo el largo de la melena. Así se evitan daños innecesarios en la fibra capilar y se consigue una limpieza adecuada.

Es decir, que el producto no se aplica en la coronilla, ni en medios ni en puntas, sino en el cuero cabelludo y que no consiste en frotar y frotar hasta que la espuma caiga a raudales por el cuerpo. La limpieza se hará mediante un suave masaje con los dedos, sin clavarlos ni raspar. Esto basta para eliminar la suciedad o los restos de productos de fijación. El resto del pelo se limpia con la espuma que va cayendo sobre él.

Una de las ventajas de ir a la peluquería es precisamente esa, la de ponerse en manos de un profesional que con una increíble destreza manual realiza un masaje craneoencefálico y consigue limpiarte la cabeza al tiempo que te libera de las pequeñas preocupaciones del día a día. Esos movimientos manuales sirven para mejorar la circulación de la sangre por los folículos pilosos y reducir el estrés, una de las principales causas de caída capilar.

Ojo con la temperatura

Este es otro fallo muy frecuente. Ducharse con el agua caliente y jabonarse el pelo a altas temperaturas estimula las glándulas sebáceas. De esta manera pueden aumentar su producción. Así que de ahora en adelante trata de lavarte el pelo con agua tibia o fría. 

La importancia del aclarado

Una campaña que realizó Pantene en nuestro país reveló, tras analizar miles de cabezas, que el 75 por ciento de los participantes tenía restos de champú porque no se tomaba el tiempo necesario para enjuagarlo bien. Esta es la parte en la que quitamos la suciedad, por lo que no podemos hacerlo con prisas. Si no retiramos todo el producto sobrante, es como si no nos hubiésemos lavado el pelo.

¿Sólo con agua?

Ya ha quedado claro que en general, la norma es lavarse el pelo siempre que se note sucio, tal y como explica a ABC el doctor Pedro Rodríguez, dermatólogo de la Clínica Dermatológica Internacional.

Sin embargo, el estilista de Hollywood, Ken Paves, aconseja lavarse con champú “unas dos o tres veces por semana, y el resto de días, solo con agua. Y si quieres refrescar el pelo y darle buen olor, siempre puedes usar el acondicionador”.

Prestar atención a la alimentación

“Hay algunos alimentos como pueden ser el germen de trigo y la ingesta de vitaminas B6 y B12 que nos ayudan de forma natural a fortalecer el cabello y favorecer su buen estado evitando la caída estacional de pelo", cuenta en Summum Patrick Phelippeau, director general de los salones Jean Louis David.

Revisa tu dieta priorizando los colores vivos y asegúrate de que no falten alimentos ricos en hierro, zinc, selenio y vitaminas del grupo B como los huevos, brócoli, espinacas, salmón, nueces, zanahorias (y otros alimentos de color naranja), kiwis, lentejas, cereales integrales y levadura de cerveza.

De hecho, el doctor Ramón Vila-Rovira, del Instituto Vila-Rovira, apunta que "es muy importante consumir vitaminas A (zanahorias, calabaza),B (legumbres) y C (kiwi, pomelo, naranjas) y minerales como el cobre, el hierro y sobre todo el zinc, sin duda el más importante presentes todos ellos en el marisco, por ejemplo".

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