¿Duermes bien? Consulta con tu almohada

Por Mar Peiteado
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From Harper's BAZAAR

La calidad de nuestro sueño está comprometida por multitud de factores pero, uno de ellos y quizá el más sencillo de modificar, es la almohada, a menudo infravalorada a pesar de que soporta una de las partes más importantes del cuerpo, la cabeza, que pesa entre 4,5 y 5,5 kg.

Su longitud, dureza, textura… pueden provocar malas posturas, dificultando un descanso reparador y afectando a nuestro bienestar diario. Nos abrazamos a ella como a un novio, así que, como a él, hay que conocerla bien para saber si nos conviene. ¡Vamos allá!

Para qué sirve

De acuerdo con el Sleep Council, una buena almohada debe mantener la cabeza en la misma posición que si estuviéramos de pie en una buena postura. “Para eso el tamaño de la almohada es absolutamente vital”, afirman expertos en bienestar de Artiem Hotels, ya que si la almohada es demasiado alta “hará que los músculos del cuello se estiren y la columna se curve en la parte superior, el cuello estará rígido y dolorido cuando despiertes y puede presentarse dolor de cabeza. Además, la respiración se puede ver obstruida y aparecer ronquidos (que interrumpen tu sueño y el de los demás)”, explican. Si, por el contrario, la almohada es demasiado baja “hará que los músculos del cuello se hundan y la columna vertebral se curve hacia abajo en la parte superior”, lo que también provocará dolores de cuello y de cabeza.

Elige tu tipo

En el mercado hay almohadas naturales y sintéticas. Las primeras son ideales para los alérgicos porque repelen los ácaros y el polvo. Las de pluma, se moldean según la posición que se adopte y permanecen frescas mucho tiempo, pero hay quien puede tener alergia a este material. Las sintéticas (látex, espuma…) tienen la virtud de no perder la forma, pero eso puede resultar incómodo al cambiar de posición. “La almohada idónea será aquella que nos resulte más ergonómica, que mantenga la cabeza, el cuello y los hombros de tal manera que se respete la posición natural de la columna vertebral”, sentencia Marina López coordinadora de Las Caldas Clinic.

Según la postura

Nuestro hábito al dormir, sobre todo si es constante, es determinante a la hora de elegir la altura de la almohada. “Quienes duermen de costado, deben tener en cuenta que la almohada permita una distancia adecuada entre los hombros y las orejas, al tiempo que se mantenga alineado el cuello”, explican desde Artiem Hotels. Las personas que duermen boca arriba tienen un rango mayor de soporte en todo el cuerpo, pero deben evitar una almohada muy baja o una demasiado alta. Para los que duermen boca abajo, lo ideal es prescindir de la almohada o apoyar la cabeza sobre una muy fina, para evitar que se eleve más de lo normal y pueda producir dolor en el cuello. En Simba han creado una almohada que se personaliza para adaptarse a todas las posturas: “Se llama Simba Hybrid y está diseñada con una tecnología de nanotubo que permite crear diferentes niveles de firmeza y altura dependiendo de cuanto estés en la almohada”, explican desde la marca. Cada almohada llega con una bolsa de almacenamiento para guardar los nanotubos que no desees usar.

La temperatura

El calor es un factor que afecta a la buena calidad del sueño. En este sentido, las almohadas de materiales naturales facilitan un sueño fresco. “Las de espuma son ideales para personas con alergias pero su material sintético atrapa el calor corporal, ocasionado sudor”, explican desde Artiem Hotels que recomiendan, para quienes prefieran estas almohadas, que busquen “marcas que contengan gel de enfriamiento arriba para evitar el sobrecalentamiento”.

No es para toda la vida…

Los expertos recomiendan cambiarla cada 12-18 meses: “Una almohada vieja puede contener miles de células de la piel y ácaros de polvo, que pueden causar graves problemas para los que sufren asma, afecciones de pulmón y alergias”. Una buena prueba para ver si tu almohada necesita ser reemplazada es doblarla por la mitad y soltarla después de dos segundos. Si recupera su forma normal, sigue estando en buen estado. Si no, es hora de cambiarla. Mientras la disfrutas hay que mantenerla en buen estado. Marina López recomienda “airearla a diario y protegerla con una funda de algodón que lavaremos semanalmente. La almohada conviene lavarla también, al menos, una vez al mes”.