La maquinaria publicitaria de apoyo a la inocencia de Woody Allen

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Ya lo avisábamos hace unas semanas cuando se estrenaba el primer episodio, Allen v. Farrow llegaba para incendiar el debate de la inocencia o culpabilidad de Woody Allen con tal rotundidad que podría ser la pieza definitiva que termine por arruinar la imagen del cineasta. Y ahora, con el tercer capítulo ya disponible en la plataforma de HBO, pueden comprobar por qué.

Es el episodio más arrollador de todos, el que enfrenta al espectador con la poderosa maquinaria publicitaria que apoyó el argumento de inocencia de Woody Allen, colocando al cineasta aun más bajo la lupa de la duda.

Woody Allen (Marc Ausset Lacroix / Bestimage; Gtres) / Mia Farrow junto a Ronan y Dylan (cortesía de HBO España)
Woody Allen (Marc Ausset Lacroix / Bestimage; Gtres) / Mia Farrow junto a Ronan y Dylan (cortesía de HBO España)

Después de ser testigos de dos episodios que relatan el inicio de la relación de 12 años entre Woody Allen y Mia Farrow, cómo el director fue formando parte de la familia de la actriz mientras ella aferraba su carrera a las películas de él, llegamos a la debacle familiar cuando la hija adoptiva de ambos, Dylan Farrow, lo acusa con 7 años de haber abusado de ella en el ático de su casa.

El tercer episodio se mete de lleno en la acusación y el huracán mediático que vino a continuación, dejando en evidencia la guerra publicitaria diseñada para defender a Woody Allen por entonces. Una defensa que la sociedad moderna, ya experimentada con los casos de abusos en las noticias de los últimos años, puede ver con ojos diferentes a los de hace 30 años.

El episodio es el más revelador, hay mucha información y mucho que procesar, pero el fondo de la cuestión que lleva al incremento de la duda es la compilación reveladora que supone ver a Woody Allen dando ruedas de prensa y entrevistas, rodeado de una maquinaria poderosa de abogados y agentes, recurriendo a su poder mediático para controlar la narrativa ante la opinión pública y callar la credibilidad de Dylan al hundir la imagen de Mia Farrow como mujer vengativa.

Mientras vamos conociendo el orden del caso de forma cronológica, desde la visita de Dylan al pediatra, la denuncia policial y el inicio de la investigación, el capítulo desvela cómo Woody Allen optó por anunciar su inocencia al mundo con una rueda de prensa en agosto de 1992 donde acusó a Mia Farrow de “manipular a niños inocentes” por “motivos vindicativos y egoístas” solo porque él “se había enamorado de su hija”. El director había comenzado una relación con la hija adoptiva de Mia Farrow, Soon-Yi Previn, que la propia actriz había descubierto poco tiempo antes de los supuestos abusos a Dylan. Al momento de destaparse el caso, la joven tenía 21 años y Allen, 56.

Si bien estamos ante una serie que no juega en el terreno de la neutralidad, sino que sus intenciones de no dar credibilidad a Woody Allen son evidentes, las imágenes, testimonios e información investigativa se antojan contundentes. Una amiga de Mia Farrow llamada Priscilla Gilman comenta cómo aquella decisión de proclamar sus sentimientos por Soon-Yi en la rueda de prensa simplemente servía como táctica para desviar la narrativa, colocando al amor en la ecuación. Cuenta que ella lo escuchó decir que no estaba enamorado de la joven. Mientras otro de los hijos de Mia Farrow, Fletcher, cuenta que el director había contratado investigadores privados para que buscaran escándalos de Farrow y su familia.

Y mientras tanto, cuando Mia se negaba a sumarse al circo mediático, Allen seguía dando declaraciones en la revista Time, Newsweek y 60 Minutes, manteniendo el argumento de la venganza y su lugar como víctima, desviando la atención de los supuestos abusos y el hecho de que Soon-Yi era 35 años menor que él, o que había pasado 12 años de su vida viéndola crecer como hija de su pareja.

No lo olviden, en aquel entonces Woody Allen tenía personas muy poderosas de su parte. Tenía una maquina de PR muy poderosa detrás suyo” recuerda una presentadora de Fox 5 New York, Rosanna Scotto. "Estaban haciendo un gran trabajo pintando a Mia Farrow como una mujer que se sentía despreciada”.

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Sin embargo, mientras él se defendía de manera pública atacando la imagen de Mia Farrow, la niña pasaba un período de tres meses de nueve entrevistas con la Clínica de abusos sexuales infantiles del Hospital de Yale-New Haven, como parte de la investigación. El capítulo muestra cómo Dylan terminó agotada de repetir la historia y responder las mismas preguntas una y otra vez cuando tan solo tenía 7 años, sintiendo que si repetía la misma frase la acusaban de estar “entrenada” por su madre, pero si cambiaba la versión entonces su testimonio era “inconsistente”. Al final, el equipo dictaminó en su reporte que Dylan no sufrió abusos pero aquel análisis ha sido cuestionado por profesionales desde entonces, destacando el hecho de que todas las anotaciones de los entrevistadores fueran destruidas y que el testimonio de Dylan fue consistente durante todo el proceso. Además, la serie incluye el testimonio de psiquiatras y expertos que, tras leer el reporte y ver las declaraciones de Dylan filmadas por su madre, aseguran creer a la niña. Además, destacan que no existe manipulación por parte de Mia como Woody Allen lleva asegurando desde entonces, sino todo lo contrario, haciéndole preguntas con cuidado y sin sugerir respuestas.

El episodio va aún más lejos al sugerir un intento de tapar el asunto por parte de las autoridades del caso en Nueva York -donde Allen filma la mayoría de sus películas-, supuestamente callando a trabajadores sociales. Con todo este panorama, el tercer episodio de Allen v. Farrow consigue crear una atmósfera de duda y cuestionamiento alrededor de Woody Allen y su defensa que, más tarde, incluyó la petición de la custodia de Dylan, Moses y Satchel. Según expertos que aparecen en el documental, aquella demanda habría sido una táctica para distraer al mundo de las acusaciones en su contra. Si lograba la custodia acusando a Mia Farrow de no ser una madre capaz, entonces su argumento como víctima de una mujer manipuladora tendría más peso.

Pero Woody Allen perdió el juicio por la custodia cuando el juez decidió que “su comportamiento contra Dylan era asquerosamente inapropiado”, pidiendo que se tomaran medidas para protegerla. Incluso el mismo juez criticaba el reporte de Yale-New Haven -que el entorno de Woody Allen todavía utiliza en su defensa- tachándolo de ser “poco creíble”. Por su parte, el fiscal decidió no presentar cargos en su contra para proteger a Dylan de más escrutinio público.

Más allá de dudas y de la versión que cada uno crea, la historia que siguió a continuación la conocemos todos los que seguimos la actualidad cinematográfica, social y cultural desde entonces. La defensa de Woody Allen atacando a Mia Farrow tuvo más peso en la industria del cine y la opinión pública en general. Él siguió trabajando y fue aclamado por la Academia de Hollywood, mientras Mia Farrow tuvo que buscar películas fuera de su país y Dylan creció con la sensación de que su voz no importaba. Hasta ahora.

El próximo lunes 15 de marzo se estrena el cuarto y último episodio de la miniserie documental.

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