Alicia Vikander: "La única cosa que no se puede improvisar es una escena íntima"

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Photo credit: Betina Du Toit
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Es una mañana de primavera en una tranquila calle de París. Alicia Vikander, despeinada, cubierta de diamantes, descalza y con un fino vestido lencero negro, posa en un tejado para estas fotos con Harper’s Bazaar. La rodean 17 personas que sujetan cafés, batas y colorete. Por todas partes, flores de primavera apiladas en montones. Es toda una escena. A la mañana siguiente, Vikander se reúne conmigo en el Salon Proust del Ritz Paris. Se presenta sola a las 8 de la mañana, y lleva despierta desde las 6 jugando con su hijo Mark, de 1 año. «Está aprendiendo a caminar –explica–. Así que es bueno que haya moqueta por todos lados».

A sus 33 años, Vikander tiene ya un Oscar y un BAFTA bajo el brazo (ambos por La chica danesa). A lo largo de su carrera se ha puesto las botas de combate de Lara Croft en Tomb Raider y ha interpretado a una androide en Ex Machina, a la escritora feminista Vera Brittain y a la activista política Gloria Steinem. Por el camino, se enamoró de su esposo, el actor germanoirlandés Michael Fassbender; llevan casados 5 años y acaban de instalarse en Lisboa. Hoy hablamos de su último –y tal vez más extraño– papel hasta el momento: una serie llamada Irma Vep, escrita y dirigida por el realizador francés Olivier Assayas. En ella interpreta a Mira, una estrella del cine estadounidense que viaja a París para participar en el remake de Les Vampires, un clásico del cine mudo galo sobre un grupo criminal, cuya antiheroína es la femme fatale Irma Vep (un anagrama de vampire). La serie ofrece una nueva visión de la película de culto del mismo nombre, dirigida por el propio Assayas en 1996. Vikander no quiere definir qué es exactamente: ¿melodrama? ¿policíaca? ¿comedia? «Creo que al hacerla interpreté cinco papeles… Es como una caja china. Siempre está pasando algo subyacente. Creo que ahí radica la belleza del proyecto». La historia tiene también un lado voyerista, mostrando una convincente imagen del drama que ocurre entre bambalinas en una película que pasa por apuros y cuyo director está a punto de sufrir un ataque de nervios.

Photo credit: Betina Du Toit
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Antes de nuestra reunión pude ver un episodio y me resultó atractivo: en un momento especialmente intrigante, Mira (el nombre en sí es, por supuesto, un anagrama de Irma) se prueba el traje de terciopelo del personaje que interpreta y de alguna forma adopta sus impulsos criminales. Como lo ve Assayas, la silueta de Irma con su ropa negra diseñada por Paul Poiret conecta con la historia del cine, desde Les Vampires hasta Matrix pasando por Atrapa a un ladrón. «Fue la primera chica mala como personaje principal –afirma el director–. Antes de eso, las mujeres eran damiselas en apuros, pero ella tenía una asombrosa originalidad y un extraño y ambiguo erotismo». Assayas siempre ha querido trabajar con Vikander, «pero tenía que encontrar el papel adecuado. Y con Irma Vep pensé en ella al instante. Tiene toda la profundidad, la complejidad y el humor que yo necesitaba».

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Generalmente, dice la actriz, disfruta de la experiencia de rodar una película: «Me gusta la sensación de comunidad que te dan las cintas independientes». En ocasiones, aun así, no se ha encontrado tan cómoda. Al hablar sobre los coordinadores de intimidad, Vikander se muestra a favor. «La única cosa que no se puede improvisar es una escena íntima, tienes que tener una coreografía y atenerte a ella. Hacer esas escenas es de lo peor. Me siento muy cómoda con mi cuerpo y he hecho bastantes desnudos y escenas de sexo, pero nunca es fácil». Los coordinadores, piensa, «deberían haber existido cuando empecé mi carrera. Me he visto en situaciones que no estaban bien, donde no me sentí protegida».

Photo credit: Betina Du Toit
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Vikander creció en Gotemburgo, hija de María, actriz, y Svante, psiquiatra. Se divorciaron cuando era pequeña y ella pasó la mayor parte del tiempo con su madre, pero mantuvo un gran contacto con su padre y sus otros 5 hijos. «Tuve una infancia maravillosa. Tengo la suerte de haber tenido una base emocional muy fuerte». En lo referente a sus amigas, cuenta: «Realmente me atraen mucho. Muy a menudo, cuando las veo, me digo: ‘Guau, son impresionantes’. Lo que siento por ellas es un amor especial. Nunca he querido acostarme con una mujer, pero sin duda he sentido una chispa, una magia y una fuerza primaria que son muy intensas». Vikander se fue de casa con 15 años por una plaza en una escuela de ballet de Estocolmo. «Pensé que era lo más excitante del mundo. ¡Cualquier quinceañera pensaría lo mismo!». A su madre le gustaba menos la idea de decir adiós a su hija. «Ahora que yo soy madre le pregunto cómo hizo para soportarlo. El año anterior a que me marchase fue horrible, pero después estuvo bien. Había sufrido por adelantado ». Como adolescente, sola en Estocolmo, Vikander lo pasó en grande viviendo primero con un novio bailarín y luego sola en un piso de 20 m2. Su familia no tenía dinero para lujos (recuerda su emoción al ver por primera vez la piscina de un hotel de dos estrellas en Turquía con 20 años), por ello no es muy sentimental con las posesiones: «No tengo muchas cosas», asegura, pero le gustan marcas suecas como Acne Studios y Totême por su estilo minimalista y tejidos de gran calidad. Cuando viaja es escueta, con una maleta con quizás «dos vaqueros y un par de jerséis. ¡Mark tiene muchas más cosas que yo!».

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Hoy, la actriz viste pantalones negros y un jersey azul con algunas migas porque está disfrutando un cruasán mientras hablamos. Su rostro está limpio de maquillaje y su pelo castaño está recogido detrás de las orejas. Es menuda, excepcionalmente bella y totalmente inconsciente de su atractivo, lo que hace que sea una compañía encantadora. El único atisbo de su posición es el pantalón negro de Louis Vuitton, al igual que sus joyas. Es embajadora de la marca desde hace 7 años: «Nicolas [Ghesquière, director creativo de la línea femenina de la marca] es un artista brillante que cada año se las apaña para recrear y reinventar algo». Vikander afirma que le gusta arreglarse. «La gente viene a vernos en un estreno, arregladas y pasando por la alfombra, y es muy divertido, por supuesto. Pero eso es una ilusión de lo que es la industria».

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Los dos años de la pandemia le han dado su primer descanso. Vikander y Fassbender estuvieron juntos en la casa que tienen en el País Vasco francés, y recuerda que al principio «había mucho miedo. Pero afortunadamente todos mis seres queridos estaban bien. Y era la primera vez que estaba en casa tanto tiempo desde los 19 años. Al final acabó por ser una bendición». Esa época fue muy especial por otra razón: quería empezar su propia familia. «Me costó quedarme embarazada, así que durante el confinamiento pasé momentos duros», confiesa. Vikander no suele entrar en el terreno personal en las entrevistas. «Lo pensé mucho: ‘¿Voy a hablar sobre esto?’, me decía. Pero creo que es algo universal y que muchas mujeres han pasado por cosas parecidas. Es duro». La maternidad no es algo en lo que hubiese pensado mucho en el pasado. «Creo que hasta que cumplí los 30 ni siquiera quería tener hijos». Fue la experiencia de sufrir un aborto la que hizo que se diese cuenta de cuánto quería ser madre. «Durante un tiempo pensé que no podía quedarme embarazada». Pero ahora que tiene a su bebé, siente que ha cambiado en todos los sentidos.

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La pandemia fue «una oportunidad para que mi marido y yo pasáramos tiempo de calidad, simplemente cocinando. Teníamos una rutina. Trabajábamos y nos reuníamos con amigos por Zoom y hacíamos ejercicio juntos», cuenta. Estuvieron encantados disfrutando del jardín, viendo películas y «enamorándonos del cine de nuevo». ¿Películas clásicas o del tipo Jungla de cristal? «¡De esas también!», añade entre risas. Y admite que está decidida a conservar esa sensación de unidad ahora que su vida ha vuelto a su frenética normalidad. «En mi pequeña familia, con mi marido y mi hijo, viajamos juntos, siempre. Esa es la norma. Elegimos trabajos que permitan que uno de los dos se quede siempre con el bebé». Y así, al terminar esta charla, la más discreta de las estrellas se mezcla con la multitud para llevar a su hijo a dar el paseo previo a la siesta.

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