Alfred Hitchcock, el genio comilón que tenía fobia a los huevos

POR Maria Victoria Oviedo-. La psicología tradicional describe al miedo como una emoción primaria que responde a un desafío o peligro. Provoca angustia, tensión, ansiedad. Todos experimentamos algún tipo de temor, pero lo que menos imaginamos es que a alguien le tenga fobia al huevo, sobre todo si se trata del maestro del suspenso: Alfred Hitchcock.

Alfred Hitchcock con un huevo en el Hotel Australia, en 1960. (Photo by Fairfax Media via Getty Images)

El cineasta inglés -que este 13 de agosto hubiera cumplido 120 años de edad-, tenía una relación curiosa con la comida que pocos conocen. "Los huevos me dan miedo", le reveló Hitchcock a un reportero mientras rodaba "Los Pájaros" (The Birds, 1963).

"Esa cosa blanca redonda sin ningún agujero… ¿Alguna vez has visto algo más repugnante que una yema de huevo rompiéndose y derramando líquido amarillo? La sangre es alegre, roja. Pero la yema de huevo es amarilla, repugnante. Nunca lo he probado".

Así como le repugnaban los huevos, el talentoso director tenía fascinación con otras comidas. Su prominente figura era producto de los atracones que se daba. Cuando iba a los restaurantes ordenaba 3 bistecs, 3 porciones de helado, y por supuesto, té. En una escena de su biopic, "Hitchcock" (2012), se ve a un robusto Anthony Hopkins llamando por teléfono al restaurante Maxim de París para pedir que le envíen foie gras a Hollywood. Y se lo devora directamente de la lata.

Alfred Hitchcock en 1968. (AP Photo)

La razón por la cual Hitchcock comía demasiado se remonta a su infancia. Criado bajo una severa educación católica, ese niño tímido, miedoso y callado buscaba consuelo en la comida dándose atracones secretos de pescado frito y tocino, consiguiendo hacer de su cuerpo una "armadura de grasa" -como él mismo relató- que lo protegiera de los regaños e indiferencia de sus padres.

Y esa relación de amor y odio se reflejaba en sus películas.

La bondad, por ejemplo, en una escena de "La Ventana Indiscreta" (Rear Window, 1954) en la que el personaje de Grace Kelly prepara una cena con langosta y papas fritas para animar a un decaído James Stewart, o el beso que Ingrid Bergman y Cary Grant se dan después de que ella le cocina un pollo en "Encadenados" (Notorious, 1946).

La crueldad inmortalizada en "La soga" (Rope, 1948), cuando se sirve una cena en un baúl que contiene un cadáver, o en "Psicosis" (Psycho, 1960), cuando Norman Bates le dice a Marion que está comiendo "como un pájaro" mientras ella mordisquea un sándwich rodeada de aves disecadas.

Azul y miedo

Alfred Hitchcock era un bromista y anfitrión de excéntricas cenas a las que acudían celebridades y gente de Hollywood. Según Atlas Obscura, una vez el aclamado director celebró una fiesta con comida teñida de color azul, en una sala apartada del restaurante Trocadero, en Londres, y de la que él mismo se rió cuando lo contó en una entrevista en 1970.

“¡Toda la comida que había preparado era azul! Sopa azul, sopa azul espesa, trucha azul, pollo azul, helado azul, y hasta el interior de los duraznos era azul”. Las flores y los cubiertos también eran azules.

Hitchcock en 1971. (AP Photo/Bob Dear)

Otra memorable cena fue más tenebrosa. En 1956 hizo una fiesta embrujada a la que invitó a los ejecutivos de Warner Brothers y a los miembros de la prensa. El lugar era una casa alquilada en Nueva York, y cada invitado recibió el menú que consistió en “mejillones a la morgue, suzettes suicidas, consomé de cobra, homicidio frito hecho en casa, y ragú de reptil". También se sirvió un pastel que recreaba una iglesia y un cementerio. Fue una de las cenas más extrañas que organizó.

Además de su temor algo inverosímil hacia los huevos, Hitchcock también afirmó tener fobia a cocinar soufflé, porque no podía soportar el suspenso de esperar 40 minutos para ver cómo resultaría.