Álex Lequio: sus 2 últimos años de dura lucha siempre sonriendo

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MADRID, SPAIN - MARCH 16:  Alessandro Lequio and his son Alex Lequio attend the presentation of 'Gin Oro' at Zielou club on March 16, 2017 in Madrid, Spain.  (Photo by Europa Press/Europa Press via Getty Images)
MADRID, SPAIN - MARCH 16: Alessandro Lequio and his son Alex Lequio attend the presentation of 'Gin Oro' at Zielou club on March 16, 2017 in Madrid, Spain. (Photo by Europa Press/Europa Press via Getty Images)

El hijo de Ana Obregón luchó durante dos años por normalizar el cáncer y para que su enfermedad no se asociara con la muerte sino con una sonrisa.

Álex Lequio falleció el pasado 13 de mayo tras cumplir dos duros años de tratamiento contra el cáncer desde que se le diagnosticó la enfermedad en marzo de 2018. Tras una primera recuperación y una recaída en septiembre de 2019, el adiós definitivo del joven ha llegado en mayo de 2020.

Álex Lequio ha sido un ejemplo a seguir durante toda su lucha. Se suele decir esto de todos los pacientes, tanto víctimas como supervivientes de cáncer pero, desde luego, en su caso es totalmente merecido.

Con tan solo 25 años Álex Lequio dejaba su vida en España, a su familia y amigos, para aprovechar la oportunidad (que otros no tienen por falta de recursos económicos) de irse con su madre a vivir a Nueva York para luchar contra el cáncer en el Sloan Kettering Center.

Diez largos meses duró la batalla y, finalmente, Ana Obregón y su hijo regresaron a Madrid con lo que parecía una guerra ganada. Desde su diagnóstico hasta los primeros meses de tratamiento, ni Álex ni sus padres quisieron ocultar la enfermedad a la prensa ni a su público.

Álex seguía usando las redes sociales y aparecía sonriendo y optimista, haciendo bromas y exponiendo nuevos proyectos a sus seguidores como buen emprendedor joven que era. Para Ana la cosa era más compleja porque, como madre, es imposible no venirse abajo viendo a tu hijo enfermo.

Pero Álex siempre tenía la fuerza que a los demás les faltaba para seguir al pie del cañón, mandar mensajes de apoyo a todos “los guerreros y guerreras” que luchaban como él y usar en redes el hashtag #FuckCancer atacando, de frente y con una sonrisa, a la enfermedad.

En 2018 en una rutinaria visita al médico le volvieron a diagnosticar la enfermedad que se había reproducido tras los primeros meses de tratamiento y, por lo tanto, volvió a Nueva Jersey para tratarse. En un post de Instagram describía un momento tan dramático con esta ironía divertida que tanto le caracterizaba: "Fascículo VII, capítulo segundo: hoy en españoles por el extrarradio se cierra el telón en la ciudad de los puentes, edificios eternos y calles que pecan de insomnio. Ponemos rumbo a Nueva Jersey para emprender una nueva y quisquillosa etapa del tratamiento. Siempre agradecido de vuestros mensajes de apoyo. Un beso muy fuerte a todos los luchadores y luchadoras".

Tras el duro tratamiento que no le quitó ni media vez la esperanza, regresó a nuestro país acudiendo incluso a un par de eventos públicos y siguió con la siguiente tanda de quimioterapia en el hospital de Navarra para luego, meses después, en enero 2019 instalarse en Barcelona, donde finalmente ha fallecido.

Álex les enseñó a sus padres a no dramatizar ni ocultar sus sentimientos. Alessandro Lequio es un tipo reservado e introvertido pero con su hijo pudo aprender que exponerse directamente y desde el corazón nunca es un error.

Ana, en cambio, sufría y dramatizaba como es ‘normal’ en una situación tan extrema y de Álex aprendió a sonreír, pensar en positivo y no “hacer drama sobre el drama”, como ella mismo dijo gracias a las enseñanzas de su hijo.

En un vídeo de Instagram en septiembre 2019, cuando Álex tuvo su recaída definitiva antes del último ingreso de 2020, Ana y él aparecen bien vestidos y felices bromeando: "¡Vamos que nos vamos! Pues aunque lo parezca no vamos a un desfile sino a por el tercer día consecutivo de tratamiento de mi hijo".

Este espíritu es el que prevalecerá en la memoria colectiva y el que ayudó en todo momento a Álex a mantenerse siempre fuerte y es que, desde un inicio dijo que su intención era “normalizar la palabra cáncer.”

Esta enfermedad le cambió la vida y le enseñó a vivir aquí y ahora: “Cuando me pasó esto, digamos que me di cuenta de que no podía confiar en que, después de este tren, vaya a pasar otro -explicaba-. Y ahora estoy como loco, intentando saltar y subirme a cada uno que pasa”.

No le gustaba que el término ‘cáncer’ se asociara a ‘muerte’ y, aunque él no haya logrado salir adelante, ha inspirado a muchos otros en su misma situación para que saquen fortaleza y sonrisas de donde solo hay lágrimas y dolor.

De hecho, cuesta recordar a Álex sin imaginarle junto a sus padres y sonriendo y esa es su verdadera victoria, ser recordado fiel a sí mismo y valiente como fue.

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