La alergia alimentaria que inflama el esófago y hace que te atragantes a menudo

Hay personas que experimentan dolor, disfagia y atragantamientos con trozos diminutos de comida debido a una alergia alimentaria que afecta al esófago y que desconocen. Hay quienes la han sufrido desde niños, pero no han sabido identificar los síntomas. Este trastorno inflamatorio en el que la pared del esófago se llena de un gran número un tipo de glóbulos blancos, y se conoce como 'esofagitis eosinofílica'. (Foto: Getty)
Hay personas que experimentan dolor, disfagia y atragantamientos con trozos diminutos de comida debido a una alergia alimentaria que afecta al esófago y que desconocen. Hay quienes la han sufrido desde niños, pero no han sabido identificar los síntomas. Este trastorno inflamatorio en el que la pared del esófago se llena de un gran número un tipo de glóbulos blancos, y se conoce como 'esofagitis eosinofílica'. (Foto: Getty)

Algunas personas tienen dificultades para tragar con normalidad y necesitan tomar mucho líquido para poder deglutir el bolo alimenticio. Además tienen problemas digestivos, acidez o reflujo. Unas molestias provocadas por una alergia alimentaria que inflama el esófago de forma crónica.

La función de este órgano es conducir e impulsar los alimentos masticados hacia el estómago. Sin embargo, a veces se produce una inflamación crónica de su mucosa que altera esta función, apareciendo síntomas diversos como molestias al tragar, atragantamientos, sensación de “atasco con la comida”, quemazón durante o después de comer, ascenso del contenido del estómago hacia la boca y náuseas o vómitos.

Las responsables de estas molestias son unas células (los eosinófilos) que participan en determinadas infecciones y están involucradas en fenómenos de alergia. En condiciones normales no se deben encontrar en el esófago. Su presencia, en determinada cantidad, es típica de una enfermedad crónica y progresiva que recibe el nombre de 'esofagitis eosinofílica' (EoE por sus siglas en inglés) y cuya prevalencia ha incrementado en los últimos años.

La EoE puede afectar tanto a niños como adultos. No se contagia entre unas personas a otras, aunque es posible que la puedan padecer varios miembros de la misma familia.

Lo que ocurre es que el organismo está reaccionando frente a los antígenos alimentarios activando el sistema inmunitario, en esta respuesta entran en acción diferentes células (células epiteliales, linfocitos, etc. ) provocando la inflamación del esófago.

De forma simultánea, un tipo de leucocitos, los eosinófilos, que normalmente circulan por la sangre, acuden rápidamente a la zona inflamada y comienzan a concentrarse allí. Esta concentración de eosinófilos es una característica diferenciadora de esta enfermedad, siendo un criterio de diagnóstico.

La inflamación del esófago conlleva una disfunción del mismo, es decir, el esófago deja de funcionar como debería, los movimientos para llevar el bolo alimenticio de la boca al estómago no se realizan correctamente; esta disfunción junto con la inflamación es lo que provoca los síntomas.

Si la esofagitis eosinofílica no se trata, la inflamación aumenta y el esófago se estrecha y se vuelve rígido.

"En vez de un esófago blandito por donde pasan los alimentos, se convierte en una tráquea dura y no puedes deglutirlos. Se te quedan atascados en el esófago", según Miriam Espinosa, presidenta de la Asociación Española de Esofagitis Eosinofílica (AEDESEO).

A cada persona se le puede manifestar con una edad diferente, hay quienes la han sufrido desde niños, pero no han sabido identificar los síntomas.

"Se van acostumbrado a comer despacito, con mucha agua. Eso es muy típico en los niños en edad del comedor", señala Espinosa.

El enfermo se acostumbra hasta que la patología está tan avanzada (en los casos graves de la enfermedad no se puede tragar alimentos sólidos) que ellos mismos optan por eliminar aquellos alimentos que no pueden tragar con normalidad, como el arroz, la carne o el plátano. Esto puede hacer que algunas personas afectadas lleguen a rechazar la alimentación y, en ocasiones, perder peso.

En adultos, la comida puede llegar a quedarse atascada, incluso. Lo que los expertos llaman "sufrir una impactación esofágica". Cuando esto ocurre, la comida no baja y empieza una sensación de ahogo y atragantamiento. En palabras de Espinosa: "En ese momento parece que te vas a morir".

Para poder establecer la presencia de esta enfermedad, es necesario que se cumplan una serie de criterios:

  • Síntomas relacionados con el mal funcionamiento del esófago (dificultad para tragar, vómitos, dolor en el pecho, síntomas de reflujo…).

  • Presencia de un determinado número de eosinófilos en la mucosa del esófago al analizar al microscopio una biopsia del mismo. En concreto, debe de existir una concentración de eosinófilo de más de 15 por campo de gran aumento (es la superficie que se observa con una lente de gran aumento del microscopio óptico al hacer el análisis histológico de la biopsia).

  • Afectación exclusiva del esófago y no de otras partes del tubo digestivo (estómago, intestino…).

  • Persistencia de la inflamación por eosinófilos tras haber hecho un tratamiento de prueba con omeprazol o derivados de este.

  • Que se hayan descartado otras causas que producen inflamación por eosinófilos.

  • Mejoría tras hacer determinadas dietas o tratamientos con corticoides (este criterio no es imprescindible).

Aunque como te hemos contamos, esta enfermedad crónica viene provocada principalmente por la alergia a algún alimento, se piensa que también participan factores ambientales, como alergia a pólenes y contaminantes. De hecho, la esofagitis eosinofílica es más frecuente entre personas asmáticas, con dermatitis atópica o alérgico a pólenes.

Si es tu caso y en algún momento sintieras que al tragar la comida se te ha quedado “atascada” en el esófago, debes acudir a tu servicio de urgencias más cercano,

En la actualidad, existe un tratamiento dietético y otro farmacológico, en el que se incluyen medicamentos como el omeprazol (efectivo en el 50 por ciento de los casos), de base biológica o con corticoides.

También se suelen retirar de la dieta los alimentos de mayor riesgo (leche, gluten, huevo, entre otros) bien de uno en uno, o varios a la vez. Con frecuencia, son necesarias varias endoscopias para identificar el o los alimentos desencadenantes de la enfermedad.

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