Albert Baró ('Edén'): "Si algún día me encuentro con el millón de personas que me sigue, me desmayo"

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Photo credit: Fernando Roi
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Es muy curioso estar charlando con un joven actor que está a punto de estrenar una serie en Netflix que le va a dar visibilidad internacional y tener clarísimo que su verdadera ambición es acabar su carrera como el director del grupo de teatro de su pueblo. Pero es que Albert Baró (San Esteban de Palautordera, Barcelona, 1996) está hecho de otra pasta. De una más clásica, más bien terrenal, que poco tiene que ver con la fama caleidoscópica que nubla la mirada de tantos colegas que están en una posición similar a la suya.

Lo empezamos a percibir durante la producción tropical que ha protagonizado para Esquire junto a sus compañeros de Bienvenidos a Edén, la serie en cuestión, y lo confirmamos cuando al día siguiente nos atiende por videollamada desde la casa familiar en su pueblo natal: "Nací y me crié aquí. A los 19 me mudé a Barcelona por trabajo, después a Madrid y luego a Argentina. Tras un año de trabajo en Argentina, regresé a mi pueblo, que tenía muchas ganas de estar en mi casita y con mi familia después de tanto tiempo fuera". En ese lapso hizo tres películas, cinco obras de teatro y nueve series. Recordatorio: Albert tiene 26 años.

Eres un joven veterano.
Empecé muy jovencito, con 11 años, en una serie diaria, El cor de la ciutat. Estoy muy contento de cómo me ha ido todo y lo vivo siempre desde un lugar muy natural. He hecho teatro desde los tres años, mi familia era muy aficionada y estaban muy metidos en el grupo de teatro de mi pueblo. Todo lo que era actuar o participar en los bailes tradicionales, en los acontecimientos culturales, ha estado siempre en mí de la manera más natural. Esa primera experiencia seria con 11 años era trabajo, sí, pero lo sentía como un juego. En su momento lo compaginaba con los estudios, para mí era ir a pasarlo bien, a hacer algo que me apasionaba y me llenaba. Obviamente desde hace unos cuantos años sí que siento que ha habido un cambio de chip en mí, ahora sí que focalizo mi energía y mi pensamiento hacia esto.

¿Sabes ubicar en qué momento se produjo ese clic?
Creo que fue con una obra de teatro que hice con 16 ó 17 años, la primera a nivel profesional, en el Teatro Nacional de Cataluña, dirigida por Albert Espinosa. Els nostres tigres beuen llet. Pasar del teatro de mi pueblo de 300 butacas a la sala grande del TNC, con un elenco muy grande junto a actores que eran mis referentes… Imagínate. Para mí el teatro es muy especial, es la esencia, la razón por la que me dedico a esto. Irá siempre en mí. Ese momento fue importante, fue darme cuenta de que algo estaba pasando. Y luego vino Merlí. El hecho de estar tres temporadas con un personaje con su propia evolución, trabajando con un coach y con mis compañeros… Ahí entendí más en profundidad el trabajo del actor.

Photo credit: Fernando Roi
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¿Sigues en contacto con el grupo de teatro de tu pueblo?
No, se paró al inicio de la pandemia.

Lo digo porque es obvio que cuando te retires vas a liderar tú ese grupo…
(Risas) ¡De verdad que lo pienso! El director del grupo era mi padre. Es carpintero y nunca tuvo la oportunidad de dedicarse profesionalmente a eso, pero le hubiera encantado. Gracias al teatro ha tocado ese sueño aunque fuera a nivel amateur. Yo muchas veces le digo que tiene que reactivarlo. Pero estoy seguro de lo que has dicho: hay un ideal en mí, un pensamiento, de que en unos años, no sé cuántos, podré reencarnar esto que dejó mi padre y activar el grupo de nuevo con gente joven.

Hay quien ve con mucho prejuicio que los padres vivan parte de sus sueños a través de sus hijos, pero también puede ser una conexión maravillosa que da sentido a muchas cosas…
Totalmente. Tiene algo muy bonito. Es un espejo de padre e hijo. Yo veo en él todo lo que me ha dado al presentarme el mundo del teatro. Y él ve en mí lo que hubiera soñado, una continuación dentro de ese mundo que ya conocía. Y en ese sentido nos retroalimentamos mucho. Charlamos un montón. Fíjate que, gracias a mi posición en este mundo, he podido conocer muchísimo a mi padre.

Eso es precioso.
Es muy guay. Es verdad que a veces se preocupa, y es normal, cuando pasas una etapa sin trabajo y te dicen que no en los castings, y él se hace suyas esas pequeñas derrotas. Que en realidad no lo son, yo siempre le digo que esos “no” también forma parte de mi trabajo. Como eso no lo ha vivido, le cuesta más entenderlo. Y todo esto desencadena muuuchas charlas y muchas reflexiones en casa (risas).

Cuando vives la profesión de una manera tan orgánica, tan desde la raíz, ¿te sientes diferente al entrar en un proyecto como Bienvenidos a Edén, muy marcado por otras variables de la industria que no tienen que ver tanto con esa esencia?
Sí, puede ser, aunque no sé qué es exactamente lo distinto. Yo vivo este mundo con mucha naturalidad, desde algo muy simple. Me cuesta mucho dejarme llevar por el ruido y la purpurina que a veces tiene. Mi esencia es muy desde la tierra, desde algo muy pequeño. Todo ese ruido me queda muy lejos, a veces incluso me agobia. Sí que veo que hay gente que se desarrolla muchísimo mejor con esto que nos da nuestro trabajo. Yo he decidido que quiero vivirlo desde lo que me hace bien, que es lo pequeño, el trabajo. Y ya está.

¿Cómo se compatibiliza eso con tener más de un millón de seguidores en Instagram? ¿A veces te hace sentir extraño o, de alguna manera, como un impostor?
No soy muy activo en redes sociales, la gran mayoría de cosas que subo son para hacer promoción del trabajo, algunas cosas de marcas… Y también sucede que la gran mayoría de esos seguidores vienen de Argentina por lo que dio Merlí y por lo que me dio el trabajo que estuve haciendo allí [la serie Argentina, tierra de amor y venganza]. Así que hay algo muy bonito por eso, y también hay algo de no tener mucha consciencia de lo que significa. Si algún día tengo la oportunidad de encontrarme con ese millón de personas, me desmayo (risas). Pero hay algo que no me entra en la cabeza y hace que lo viva de otra forma.

¿Cómo te afectó esa experiencia de trabajar tan lejos de casa?
Fue espectacular. Salir de tu país, de tu casa, y sumarte a un proyecto al otro lado del mundo que sabes que va a durar un año… Es increíble. Un crecimiento personal enorme porque estás contigo y nada más que contigo en un país distinto, con otra cultura. Yo tenía muchísimas ganas de vivir esa experiencia, cuando me lo propusieron ni me lo pensé. Además Argentina tiene una tradición maravillosa en el teatro, con grandes artistas, y quería empaparme de eso. Súmale que el grupo humano de ese proyecto me acogió totalmente, me hicieron sentir muy a gusto. Es verdad que, cuando volví, no era el mismo. Eso es una realidad. Y siento también que hay una parte de mí que sigue allí. Me muero de ganas de volver, de ver a mi familia argentina. Y si puede ser para trabajar, mejor todavía.

¿Tienes también ‘familia artística’ aquí?
Muchos de mis colegas de Barcelona también están en Madrid ahora mismo, como Albert Salazar. A Pau Poch, que era Iván en Merlí, lo veo muchísimo. También a Adrián Grösser, que hacía de Marc. Adrián es de al lado de mi pueblo, íbamos al mismo colegio, y con 18 años nos cruzamos en el casting de Merlí. Así que ahí nos unimos mucho, hasta vivimos juntos en Barcelona. Entre todos nos ayudamos muchísimo. También a la hora de crear nuestras propias cosas cuando no hay tanto trabajo. Eso pasó con Albert y Adrián: queríamos hacer algo juntos, pedimos a un autor que nos escribiera una pieza para microteatro, una historia sobre tres hermanos que funcionó increíble… Saltamos a una sala más grande, la vieron muchos productores y nos propusieron hacerla crecer. Así que de las ganas de trabajar juntos de tres amigos salió al final una obra de hora y media que estrenamos en el Teatro Poliorama de Barcelona, en las Ramblas, temporada oficial con el teatro lleno y después gira. Nunca sabes hasta dónde pueden llegar esos pequeños gestos.

Photo credit: LUCIA FARAIG/NETFLIX
Photo credit: LUCIA FARAIG/NETFLIX

Saltemos de ahí a Bienvenidos a Edén, que es el proceso contrario. ¿Cómo te ubicas en un entorno tan distinto?
Cuando me llegó fue una gran alegría. Había vuelto de Argentina y tenía claro que quería instalarme aquí, pero estaba el miedo a no reincorporarme a la industria de mi país, que se hubieran olvidado un poco de mí. Que me cogieran fue espectacular. Y luego sí, puede ser una gran producción que se va a ver por todo el mundo pero, a la hora de trabajar, el equipo son personas. De aquí. La exposición es lo que vendrá después a través de una gran plataforma como Netflix. Pero cuando estás trabajando, lo que se respira es esa labor de cada persona que quieren hacer cosas bonitas con comunicación y talento. Dicho esto, ¡ojalá que la vea todo el mundo!

¿Qué es lo más importante que quieres contar con tu personaje?
Yo quería que mi personaje tuviera este punto de realidad, de consciencia, que lo diferencia de los otros personajes que van a la isla. Es un tío con las ideas muy claras, más consciente de la vida, pisa más fuerte. Quería que Aldo tuviera esta energía y que de alguna manera hiciera ver al público toda la locura que pasa allí y que los demás personajes parece que no ven. Siento que Aldo es el único que se cuestiona todo lo que pasa. Así que es como el guía del espectador.

Sabiendo lo que le sucede a Aldo, ¿podríamos decirle a los espectadores que no den por hecho todo lo que creen que pasa en la primera temporada de Bienvenidos a Edén?
Yo creo que sí. Dejar esto abierto siempre es muy interesante, más en una serie como esta en la que todo es posible.

Photo credit: Fernando Roi
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¿Qué fue lo mejor de ese rodaje?
Me vienen muchísimos momentos. Lo bonito, y a veces también lo complicado, es que compartimos trabajo y vida, porque estábamos como confinados y fue una convivencia total. Es muy guay porque te da la oportunidad de conocer a tus compañeros desde un lugar tope de personal y tope de cercano. Tuvimos tiempo de hablar, de ver pelis juntos, de que pasara de todo. Recuerdo un día que estaba con Tomy Aguilera en la playa, a nosotros no nos tocaba rodar y nos separamos un poco, nos subimos a unas rocas de noche desde las que se veía el mar y el rodaje de fondo. Y se generó de repente una conversación filosófica de la vida, del momento que estábamos compartiendo, me enseñó unos textos que había escrito, nos pusimos música… Fue precioso. Precioso. Lo tengo en el corazón. Es que somos todos unos intensos (risas).

Terminamos por el principio. ¿Cómo te ves en los próximos años, antes de coger las riendas del grupo de teatro de tu pueblo?
Ahora estoy grabando una serie de la que no puedo contar nada y, si todo va bien, en breve vuelvo con ensayos para estrenar obra en Barcelona. Más allá de eso, lo que me gustaría, de verdad lo digo, es seguir haciendo cosas en las que crea, que pueda defenderlas porque creo en ellas. Es lo que pido.

Ayudante de fotografía: Ariadna Sánchez-Albornoz · Ayudante de estilismo: Andrea Condés · Maquillaje y peluquería: Irene Rebollo y Adina Dogaru para Mery Makeup · Edición de vídeo: Álvaro Verdú · Producción: Marta Sánchez

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