Lo de Alba Carrillo en 'Secret Story' supera todo lo que esperábamos de ella

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Las rabietas de Alba Carrillo en televisión no son nada nuevo. La hemos visto enfadarse mil veces y marcharse de plató dejando plantado a todo un equipo. Pero lo de este martes en Secret Story ha sido la gota que colmó el vaso. Su trato a los compañeros, la altanería con el presentador Carlos Sobera y las críticas al programa que le da de comer rozaron los límites que hasta ahora había demostrado. Sus salidas de tono han pasado de ser anecdóticas, y hasta cierto punto cómicas, a incomodar al público que sigue su espectáculo.

La historia de Alba Carrillo en televisión tiene un mismo denominador común: cuando algo no le gusta, recoge sus cosas y se marcha. Lo hizo en Supervivientes y más tarde en Gran Hermano VIP. Pero ahí estuvo Jorge Javier Vázquez para evitar que eso sucediera. Unas veces le dio ánimos en plan paternal y otras le leyó la cartilla. Lo mismo ha hecho en plató durante enfrentamientos con otros comentaristas. Recordemos su guerra con Miguel Frigenti, su eterno enemigo. Tras sus salida de Secret Story tuvieron un encontronazo en el que ambos se cantaron las cuarenta. Los dos se dijeron de todo menos bonitos, pero fue ella la que salió del plató y puso a Dios por testigo que jamás volvería a ese programa. "Yo no voy a dejar que me vejen", aseguró. Eso fue lo mas suave. Se atrevió a arremeter contra el programa y asegurar que si bajaba la audiencia era porque la gente no quiere "seguir viendo violencia".

Una imagen que nada tiene que ver con la que nos hizo creer en el arranque de Secret Story. Se la veía feliz, además de enamorada, y con aires pacificadores. Era empática y no entraba en guerras tan fácilmente. En definitiva, la versión más moderada, sin perder su chispa, de Alba Carrillo. Esa que reconozco me gusta mucho más. Hasta hizo las medio paces con Frigenti, todavía en el concurso, al que dio ánimos y deseó buena suerte. Daba gusto verla y escucharla. Pero le duró poco. Apenas unas semanas después, ha vuelto a las andadas liándola en plató y perdiendo los papeles como en los viejos tiempos.

Lo de este martes seguro que pasa a la historia como uno de sus episodios más desagradables. La que montó sin venir a cuento dejó a un Carlos Sobera aparentemente desgastado. Como ha ocurrido en los últimos programas, la sala de la verdad se abrió para otro concursante, esta vez Lucía Pariente. Sus cuentas pendientes se le acumulan así que tocaba ponerla frente a frente con su amplia ristra de 'enemigos' de la casa. Muy molesta, Alba le dejó saber a Carlos, no precisamente en el mejor tono, que no entendía cómo le hacían esto a su madre sabiendo que estaba nominada el jueves y peligraba su estancia. La cosa se fue calentando conforme los compañeros iban pasando por la sala y poniendo en su lugar a Lucía. Todo hay que decirlo, sus últimos días en la casa no han sido los mejores, ha atacado sin piedad a otros participantes y eso se dejó sentir en los videos. Conforme los abucheos contra Lucía aumentaban, el cabreo de Alba hacía lo propio, hasta que explotó. 

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Entre las muchas cosas que hizo fue cuestionar al programa que le paga. Volvió a poner en duda su forma de proceder y aseveró que no le parecía justo lo que le estaban haciendo a su madre. Fue tal la rabia, que rompió a llorar desconsoladamente. No tener a nadie en plató que la apoyara tampoco ayudó a que se calmara. Sin embargo, ella no se da cuenta de cómo a veces trata a los demás cuando no está de acuerdo en algo. Mismamente a María Jesús Ruiz. La exMiss España dio su opinión sobre su madre y Alba no tuvo reparo en echarle en cara su vida privada y sentimental con hombres supuestamente casados. Algo que, sea cierto o no, no venía a cuento. No estamos en Sálvame ni en Ya es mediodía para sacar a relucir los trapos sucios de nadie. Con esta actitud, era difícil defenderla, ni siquiera Terelu Campos, alguien más afín a ella abrió la boca para justificar sus reacciones.

Otro capítulo bastante accidentado fue el comportamiento retador de Alba con Carlos Sobera. Consciente de que lo estaba pasando mal, el presentador le dio la palabra unas cuantas veces para defender a su madre, a lo que ella respondió con un 'no' rotundo también en varias ocasiones. Se negó a colaborar y a hacer su trabajo dejando con la palabra en la boca a Carlos. Una actitud que incomodó a su protagonista, a los invitados y a la audiencia. "Entonces, ¿qué hacemos aquí Alba?", le preguntó el presentador ante la falta de colaboración. Se puede entender su malestar, es su madre y una madre duele, pero no las faltas de respeto cuando al final está allí como parte de su rol en la cadena. Al final, da la sensación que ella mete caña cuando no le atañe el asunto, pero le afecta cuando el cuento cambia. 

Lo más curioso es que empezó con muy buen pie. Alba de buenas es oro puro en televisión. Cuando arrancó el primer bloque de las 20 horas, reconoció que a veces era difícil defender ciertas actitudes de su madre, reconoció que había cosas con las que no estaba tan de acuerdo. Esa es la Alba que nos gusta, cañera pero sincera, la que dice las verdades, pero reconoce los errores. Pero a partir de las 22:00 y en pleno prime time sacó la fiera que lleva dentro y disparó contra todos. Suponemos que no pudo con tanta presión y la defensa se le hizo grande. Y como suele pasarle en estos casos, después de despotricar, se vino abajo. Hasta cierto punto, también da pena verla así, la situación se le va de las manos y, casi, casi sin querer, saca ese lado de Alba que menos nos gusta. Lo peor es que así ha hecho flaco favor a su madre con una defensa agitada y fuera de control. 

Para mí, la señora Pariente, me caiga mejor o peor, representa una pieza importante en este juego. Saca de quicio hasta al apuntador, revuelve la casa y la pone patas arriba, y eso en un reality también es necesario. No justifico en absoluto sus salidas y faltas de respeto, pero prefiero una concursante como ella que a una Isabel Rábago, encantadora por cierto, pero que no hace nada más que sentirse la víctima de todo. Creo, honestamente, que no debería haber sido la salvada. Pero ese mal rollo que despiertan madre e hija juntas les va a pasar factura. Alba tuvo una oportunidad de oro para defenderla anoche y hacer un contraalegato contra otra concursante, pero prefirió irse por el camino fácil. "Con todo el dolor de mi corazón creo que tiene que irse mi madre", comenzó entre lágrimas. Luego vino la puyita a Isabel Rábago cuya amistad dio por terminada en pleno directo y ya Alba se nos perdió.

La modelo entró en bucle y no supo salir de él. Somos conscientes de la presión que implica un reality, ella la primera, pues ya ha estado en tres, pero eso no excusa los ataques desmesurados contra quienes no piensan como ella o sencillamente quieren a su madre fuera del concurso. Su crítica a Rábago asegurando que estaba poniendo en peligro el pan de su casa fue demasiado lejos. Señalar a una persona como una de las culpables de la expulsión de su madre y no hacer autocrítica no venía a cuento. Lo que ha hecho Lucía y el rechazo que ha provocado en la gente se lo ha ganado a pulso con su actuación y cometarios. Hay que ser valientes y aceptar que esto es un juego, a veces se gana y otras se pierde, pero Alba se lo toma todo personal y convierte lo que debería ser algo divertido en sufrimiento.

Quizás sea el momento de analizar si esta es la línea en la que quiere seguir en el mundo de los realities. Este es el circo del que formas parte cuando aceptas estar en televisión, si te gusta, bien, y si no, a lo mejor es momento de plantearse otros proyectos. Y no es que Alba sea la mala de la película, nada que ver, es muy buena en lo que hace y lo sería aún más si controlase sus estallidos teniendo en cuenta al espectador que sigue el programa desde casa, pero da la sensación que le supera. Comprensible, sí, agotador, también. Como espectador uno quiere caña hasta cierto punto, también nos apetece ver reconciliaciones, admisión de errores y momentos cómplices. Si Alba limara ese lado más salvaje que vimos en la noche del martes, daría mucho gusto verla en los debates.

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